William Faulkner

faulknerescribiendoSin duda, fue uno de los escritores imprescindibles del siglo XX.  Retrató como nadie la sociedad conservadora, brutal, atrapada en prejuicios morales y religiosos del sur de Estados Unidos, que él bautizó Yoknapatawpha, un territorio ficcional pero semejante al universo, antecedente célebre de  la Macondo de García Márquez.  La complejidad de su obra, su estilo oceánico (oraciones extensas, la permanente presencia de oraciones subordinadas, la multiplicación de figuras retóricas, la polifonía creciente que hace interactuar la trama con el antiguo testamento, Dostoievsky, Dickens, Conrad, Melville,  Twain, entre otros), la distorsión cronológica (la presencia del pasado en el presente, el contar en forma inversa los acontecimientos, dan una sensación de tiempo continuo como si el pasado no fuese algo lejano sino que su presencia es una respiración agitada que no se resigna al olvido). Faulkner mismo lo decía en un reportaje: “No existe tal cosa como fue; sólo es. Si fue existiera, no habría pena ni aflicción.” Igual están presentes la pena, la aflicción y sobre todo la nostalgia por un orden perdido luego de la derrota del sur  en la guerra de secesión. Faulkner  retrata la conciencia moral del sur profundo, su racismo primitivo y demoledor, su negativa a imaginar relaciones más igualitarias entre las clases sociales .

Dice en un momento Faulkner: “La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida”. Ese intento de detener el río caudaloso de la vida lo realiza no a través de la fotografía, sino del cine, de planos fragmentarios que buscan infructuosamente la conformación de un sentido, a través de la multiperspectiva.  Es una polifonía que pone en conflicto las voces como modos de poner en escena la imposibilidad de encontrar un sentido a la vida, la imposibilidad de resolver la violencia que anida en los vínculos humanos y el peso de los prejuicios que ahogan el impulso hacia la igualdad y hacia la libertad.

Faulkner abrió una perspectiva nueva que fue seguida por gran cantidad de autores y muy especialmente en Latinoamerica. La relación entre el sur pobre, atrasado y sojuzgado de Estados Unidos y la realidad dependiente de exclusión y pobreza del sur del continente fue uno de los puentes que conectaron su literatura con los autores del boom entre muchos otros (García Márquez, Rulfo, Onetti, Arguedas, Fuentes, entre muchos otros). Borges, era un gran admirador de Faulkner al que dedicó una de sus mejores traducciones, la de su novela Palmeras Salvajes. Saer, otro admirador del sureño decía en el concepto de ficción: “De los jóvenes escritores de mi generación, al final de los años cincuenta y principios de los sesenta, en el Rio de la Plata, pocos eran los que no conocían de memoria, en la traducción de Borges, el párrafo final de Palmeras salvajes, que termina así: “Entre la nada y la pena, elijo la pena”.

La melancolía y el sufrimiento  connotados de los personajes, nunca abiertamente manifestado, construye una galería de seres desclasados, marginados, aislados, por conductas que desafían  los valores de su época. Como diría Saer: “la fórmula de Sartre, el hombre faulkeriano, como el de Dostoievsky, es un animal divino y sin Dios”.

C.D.C.

Este número de la revista cuenta con ilustraciones de Juan Carlos Boan

Las Palmeras Salvajes

Faulkner publica Las “Palmeras Salvajes” en 1939. Hasta ese momento, su novela más arriesgada había sido El ruido y la furia, obra que data de 1929, y siguió dando vueltas en su cabeza hasta tal punto que quince años después le añadió un capítulo. Con la célebre traducción del inglés al español de Jorge Luis Borges, “Las Palmeras Salvajes”, de William Faulkner, fue reeditado en Madrid, en 2010, por Ediciones Siruela.

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