La literatura y lo femenino

Tentar y no dar… El mundo es una mesa tendida de la Tentación con infinitos embarazos interpuestos y no menor variedad de estorbos que de cosas brindadas. El mundo es de inspiración tantálica.

¿Por qué Tantalia? Acaso porque pareciera una mecánica propia del arte esto de tentar y no dar, que continuamente nos interpone infinitos embarazos y más estorbos que cosas brindadas. Tántalo se alimenta de la cercanía y no de la apropiación, de la concreción, de la obtención de lo deseado. La cima de la montaña, el nirvana final que anhelamos y que cada palabra parece prometer hacia adelante en el torrente de un discurso incesante, son lugares que se vacían por el acto mismo de la obtención. El arte es diferimiento, postergación de una plenitud siempre prometida. La obra de arte fue siempre una forma de eludir el fulgor intolerable de una plenitud que enceguece y que no es más que un espejismo.

Arrancamos con lo femenino, porque existe un arquetipo inaugurado por Antígona que es el de la resistencia, y, cómo decía Deleuze, el arte es ante todo resistencia, función que expande George Steiner en su libro Antígonas.

La literatura y las autoras

En el espíritu tantálico está implícito el deseo, y fue deseo de la mujer ser partícipe del quehacer literario. Una participación tardía, de andar impreciso y que tal vez recién comienza. INTRODUCCIÓN Cuando pensamos en autoras arriesgamos la definición de … Seguir leyendo