Restos

Cae la noche, alfombra de las sombras.

Un río lejano aúlla su hambre de sal. Río que ríes la ira de ser un mar sin sangre. Encadenado al barro silencioso, escaras de arena sin sentido.

No habito esta piel que me destiñe el instante, se acomoda en mis manos, desarma los dedos.  .

Es tarde es tarde es tarde. Ya no alcanza con esperar que pasen las horas bajo el agua. Si el aliento de tu sed embebe mi frente con restos de basura, agregaré una nueva palabra a mi olvido.

Allá, un recuerdo hecho pájaro descansa en la boca de ese árbol incoloro. Y los pasos de ella gritan palabras invisibles, entre las esquirlas de la noche.

Ellos buscan el río salado de la sonrisa breve, anárquico deseo que nombra y recorta y encubre el miedo.

Pasará la noche, lenta, gotas de sangre que profanan el sentido. Cuando doble la esquina, la piel del barro, como una alfombra, desteñirá mi aliento, para habitar las muecas de ese pájaro encadenado a mis dedos. Ella es la ira  que embebe sus pasos. Tu grito es el agua que anhela el desierto.

El mar incoloro descansa.

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