Nombres y palabras

Mi universo parece estar formado por un número reducido de palabras, y de nombres, que se repiten unas a otros y los encuentro, como si tan solo estuviesen por ahí, de casualidad, pero también organizados para buscarme y encontrarme.

Parecieran formar parte de las paredes de un laberinto, con las que choco constantemente en mi ciega búsqueda, no de una salida, sino de un camino medianamente digno e inteligente de sobrellevar.

Y cuando en esa búsqueda nuevamente noto que las palabras se repiten, de repente un nombre llama a otro nombre y ese a otro que sin duda conduce al primero; entonces abro bien los ojos, y quedo atento a las palabras que siguen, al nombre que viene, que generalmente es uno más de los mismos de siempre, pero a veces no, y lo anoto y espero después con paciencia a que se repita, a que otra palabra, a que otro nombre me vuelva a llevar a esa palabra, ese nombre, y saber que es también una puerta del laberinto, un pasillo a otras palabras, otros nombres, que no son las mismas palabras, los mismos nombres, y que aunque después se sigan repitiendo y se llamen unas a otros y me busquen, me darán la garantía de que ya no estoy en el mismo sitio, que me muevo y estoy vivo, que hay un camino más allá de la palabras.

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