Durazno

Durazno
tu boca se abre
al rocío fresco que mi cuerpo derrama.
Olor de siesta en los ojos abiertos, como barcos
apoyados sobre un río
de pies tibios.
Si no me tocaras
mis valles serían áridos desencuentros
entre la lluvia, olvidada de sí misma
y la espalda de un tren.
Durazno
tu semilla perfuma la tierra
y echa raíces en las manos de la noche.
Durazno
tu jugosa piel mancha mis días.
Manchas de mapas de luz.

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