Desnudo con girasoles

A partir del cuadro homónimo de Diego Rivera

 

El aire es amarillo y

llueve de la fuente errante

una orgía de miradas voraces.

Ella derrama su sudor de madre primeriza

sobre la verde siesta de la esperanza.

Su sensualidad late en cada silencio

como un anticipo de cielo.

Su tatuaje es una luna azabache

un misterio de follaje y desolación.

Ese horizonte de miradas extraviadas

baña su cuerpo de carencias sabias,

de resurrección.

Prosternada como un místico

en estado de gracia

va en busca del sol y de la dicha,

como una diosa pagana.

No surcan el desaliento

sus ojos del mañana,

como navegantes perdidos

se aferran al lenguaje de las estrellas.

Ella se une a la música del viento

y a un próximo, dorado,

amanecer.

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