Conducta en la isla de Creta

«Temo a los griegos, incluso cuando traen regalos»

Virgilio

Ya lo dijo el poeta en la Grecia del siglo VI (A.C.):”Todos los cretenses son mentirosos”.

Se sabe que mienten por la mañana, por la tarde, por la noche; para el desayuno, para el almuerzo, para la cena. No dan descanso a la mentira. Mienten también los domingos y los feriados, en navidad y en año nuevo. No lo hacen por ambición o maldad; es algo natural en ellos: Han oído mentiras desde la cuna, han mentido desde que aprendieron a hablar.

Tal continuidad en la mentira hace que toda afirmación quede invertida, y cuando uno se acostumbra a ello, parece de lo más normal. La gloria del sistema cretense se basa en ese acuerdo tácito de que todos y cada uno de sus ciudadanos solo dirá mentiras cada vez que se comunique con otra persona. Si solo uno de ellos abandonase por un momento este cometido, todo se vendría abajo. Uno no sabría si invertir o aceptar un mensaje en forma directa. Si solo uno de los cretenses dijera una mínima verdad, eso de que “Todos los cretenses son mentirosos” se convertiría en una gran mentira.

Es por eso que la verdad se castiga tan severamente en Creta, como si se tratara de alta traición. De hecho, y por definición, si un cretense dice algo que no es mentira deja inmediatamente de ser cretense y debe abandonar la isla porque su simple presencia es riesgosa para el resto.

Hay una embajada que acoge a los cretenses que han dejado de serlo, y les busca ubicación en el exterior. Fuera de Creta es sabido que los cretenses se destacan como comerciantes y abogados. Epiménides propuso interesantes paradojas. Hay también, quienes tienen habilidad para las letras y la imaginación. O eso creen.

Lo digo yo, que he visto en sueños lugares maravillosos, y que alguna vez nací en Creta.


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