Un Castillo de palabras

“Un buen cuento es una historia contada de la única manera posible”[1]

Abelardo Castillo

Hace años, en un suplemento literario de un diario (cuando los diarios tenían suplementos literarios que daba gusto leer), me sorprendió un artículo sobre Unamuno que  no solo rescataba la originalidad de este autor español, sino que también lo resaltaba como persona. Conservo todavía el recorte, y debe de haber sido mi primera lectura de un texto de Abelardo Castillo.

Con el tiempo descubrí que, además de su labor periodística, había incursionado (con éxito) en el cuento, la poesía, el ensayo, la novela y el teatro, y que era considerado uno de los escritores más relevantes de la literatura argentina en el siglo XX.

No solo eso, este autor de San Pedro fue en 1959 unos de los creadores la revista “El Grillo de Papel” , precursora de “El Escarabajo de Oro”, que se convirtió en una de las publicaciones literarias más importantes de los años sesenta y setenta. Después vendría, hasta entrados los ochentas, “El Ornitorrinco”.

“Al escribir, creemos que inventamos pero recordamos mal”[2]

Castillo es considerado por muchos como “maestro de escritores” ya que dedicó gran parte de su vida a un extenso taller literario por el que pasaron generaciones de cuentistas, algunos de los cuales alcanzaron también el reconocimiento por sus obras.

El libro “Ser escritor” recoge sus pensamientos y reflexiones alrededor de la escritura, junto con anécdotas de su relación con otros autores latinoamericanos de renombre. Por ejemplo, allí dice de Cortázar que “salvo Borges, y no encuentro otra excepción, no he conocido a nadie tan preocupado por el problema de las palabras”. Los textos de Castillo, sin embargo parecen evidenciar también esa preocupación por la palabra justa y la omisión que lo dice todo.

“…todo, en el fondo, es la poesía y sus diferentes formas pueden ser el teatro, el cuento, la novela”.

Con el tiempo, leí sus obras de teatro (entre ellas: “Israfel” y “el otro Judas”) y sus novelas (un amigo al que le regalé “El evangelio según Van Hutten“ dice que siempre se acuerda de esta historia cuando visita la Cumbrecita).

Recientemente el sello Alfaguara reeditó los Cuentos Completos de Castillo, y un amigo tuvo la feliz idea de regalármelo. Así, completé la lectura dispersa que había tenido de sus narraciones, fuertemente ligadas con la trama social de nuestro tiempo.

Como siempre ocurre, cada cual tiene sus preferidos. Sin embargo nadie duda de la belleza terrible de cuentos como Patrón, El candelabro de plata, o el hacha pequeña de los indios.

La madre de Ernesto nos envuelve en el clásico panorama del “pueblo chico infierno grande” en el que todos se conocen, son amigos, y a la vez, pueden ser crueles.

“Yo diría que el poeta lo es por su manera de situarse ante el mundo”

Una maravilla la constituye el asesino intachable sobre una persona que planea  matar a una vecina, amparado en que si no persigue un fin oneroso, es decir el crimen es  “honesto”, entonces será perfecto.” Tío Obdulio decía: Desconfiá hasta de los que se sacan la lotería, los ciudadanos honestos ni siquiera ganan en las rifas; por otra parte, tampoco las compran. Y agregaba: Y si a pesar de ser honestos pudieran sacarse la lotería, a la semana dejarían de serlo.”[3]

Muchos de sus cuentos incursionan en el Fantástico y en algunos, como en La casa de ceniza  o Las panteras y el templo, se adivinan homenajes a Edgar Allan Poe, a quien admiraba (Siendo Poe el personaje principal de la premiada obra de teatro Israfel).

La cuestión de la dama en el Max Lange, uno de mis favoritos, ensaya el policial deductivo. Un ajedrecista planea simultáneamente matar a su mujer infiel sin dejar rastros y ganar el campeonato de Ajedrez. Estudia fríamente ambos escenarios, pero su preocupación es mayor… por la partida.

La mayoría de sus cuentos conforman un largo camino que conduce invariantemente a una resolución, que suele darse en las últimas líneas de los mismos, en el punto en que no puede extenderse más la trama. Aún así, el sentido se obtiene con la totalidad del relato y trasciende la sorpresa (o no) de un final ansiado.

“Nunca me siento a escribir un cuento si no tengo resuelto el final”

A los 82 nos dejó, una noche de lunes[4], y nos quedamos sin otro grande de la literatura Nacional.

Recibió varias distinciones: Premio Casa de las Américas, Premio Internacional de Autores Contemporáneos (UNESCO), el Premio Nacional Esteban Echeverría, y distintas menciones del Premio Konex, entre otras.

Se relacionó con los grandes escritores de su época, y marcó a las generaciones siguientes. Sin embargo mantuvo lo que hoy llamaríamos “un perfil bajo”, al punto de que al comentar su fallecimiento algunas personas me preguntaban de quién se trataba….

Más allá de derivarlos a una biografía, los remití a la lectura de alguno de sus cuentos. Qué mejor homenaje que ese.


[1] https://www.pagina12.com.ar/35235-el-hombre-que-se-zambullo-a-buscar-las-palabras-justas

[2] “Instrucciones para leer un cuento 2011”, Ciclo  de charlas en El Ateneo Grand Splendid, julio 2011. https://www.clarin.com/sociedad/escribir-creemos-inventamos-recordamos-mal_0_r1SCVWTPmx.html

[3] Abelardo Castillo 2013, el candelabro de plata y otros cuentos, Alfaguara. El asesino intachable.

[4] http://www.telam.com.ar/notas/201705/187570-abelardo-castillo-fallecimiento-colegas.html


Comments

Un Castillo de palabras — 2 comentarios

  1. Me alegra enormemente que se ocupen de Abelardo Castillo, un escritor excdepcional que se ganó mi entusiasmo a la primera lectura de su libro “El que tiene sed”. A partir de allí vinieron todos sus cuentos que me resultaron magníficos, en particular “Patrón” “La madre de Ernesto”y “El hermano mayor”, por sólo nombrar los tres que inauguraron mi admiración por este escritor argentino que merece ser recordado y difundido entre nuestros mayores valores literarios. Mi biblioteca contiene varias de sus obras.

    • Gracias por tu comentario Ileana. Efectivamente Castillo ha sido un escritor excepcional y un “maestro” de escritores, cuya obra merece admiración.

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