Ricardo Piglia, una red de obsesiones (1941 – 2017)

La obra de Ricardo PIGLIA se desarrolla alrededor de una red de obsesiones, al decir de Roland Barthes, que se manifiesta a través de una temática recurrente: el mundo de la prisión, la traición, la locura, la política y la posibilidad/imposibilidad de la experiencia y los alcances verdaderos de la ficción.

Cada uno de estos motivos, independientemente y al mismo tiempo cruzados entre sí, conforman un espacio narrativo en donde la reflexión sobre el proceso de ficcionalización no cesa de cruzarse con el ejercicio directo del texto ficcional, en un juego permanente de ampliación de un campo que ya había sido puesto en duda en los cuentos de Borges.

En la obra de Piglia se agregan cambios producidos en las relaciones que el sujeto narrador sostiene con su universo creado y también con el ámbito de la recepción. Tal es el caso del cuento doble Homenaje a Roberto Arlt – Luba, en donde plantea el cruce de una falsa atribución de un cuento  al escritor argentino que en realidad corresponde a Leónidas Andreiev; y en el que también el supuesto paratexto de Luba, Homenaje a Roberto Arlt, es una ficcionalización atravesada por los códigos de la policial en que un tal Kostia anda detrás de un cuento inédito de Roberto Arlt.

Siguiendo ideas de Walter Benjamin, Piglia ha venido sosteniendo el problema de la crisis de la experiencia durante el siglo XX, que afecta no solo a la forma en que se narra sino también a aquella en que se constituye la subjetividad narrativa, afirma al respecto:

En la sustitución del antiguo relato por la información, y de la información por la sensación, se refleja la atrofia progresiva de la experiencia.

Por tal motivo, sus personajes suelen aparecer recluidos en espacios mínimos, son los nuevos contadores de relatos, cuya práctica, la del narrador, se torna ella misma en experiencia. Decir se ha convertido en una nueva forma de crear nuevos flujos de sentido dentro de una conmocionada realidad en donde el narrador se esconde en su lucha constante contra el vacío de la experiencia.

Por otra parte su novelas se interrogan sobre las posibilidades del género, y se plantea el tipo de experiencia individual que nace de las últimas décadas del siglo XX. Es decir, piensa la novela como una forma surgida de la muerte de la experiencia inmediata y comunitaria del contador de relatos. Sugestivamente la experiencia individual conlleva una cierta vuelta al storyteller (contador de historias).

Este nuevo narrador no tiene una historia que relatar en la cual reconocerse, puesto que se ubica como un extraño respecto de ella, pero es justamente esta situación la que lo empuja a contar. Como decíamos, narra la historia de la imposibilidad de su experiencia.

Como la verdad ya nunca está allí, a disposición (pues se ha convertido en el consenso determinado por cierto tipo de estadísticas), los personajes vagan en busca de alguna de la cual poder sostenerse infructuosamente. El efecto del distanciamiento de una verdad monológica hace que la verdad se desplace al relato mismo, para llegar a ver que ha sido construida por él.

La experiencia se ha convertido en el vacío de aquello que jamás se puede experimentar, y que va a constituir un nuevo tipo de vivencia a través de intrincados procesos dentro de la narración.

La complejidad narrativa en Piglia está repleta de guiños y reenvíos a Arlt, a Borges, a Macedonio Fernández y al policial negro. Por eso sus relatos están también tramados con toda clase operaciones de lectura que redefinen la noción de texto en tanto que este aparece como resto que refleja o reconfigura prácticas escriturarias anteriores.

Ha incursionado además en un proceso de resemantización de las posibilidades narrativas dentro de las prácticas sociales y discursivas, según el cual habría que pensar las narraciones dentro de la vida social conforme a un intercambio permanente, dentro del cual destaca al estado como narrador. Afirma:

El estado narra, por ejemplo a través de los servicios de inteligencia

Y a esta narración se oponen narraciones resistentes. Piglia ha pensado el lugar de la literatura en esta red narrativa social y de algún modo le ha atribuido un sentido resistente.

Sucede que una sociedad puede ser vista como una trama de relatos, un conjunto de historias y ficciones que circulan entre la gente.

Cuando se ejerce el poder político se está imponiendo también una manera de contar la realidad, aunque nunca haya una historia única y excluyente circulando en la sociedad. Los complots están casi siempre constituidos por minorías que traman el destino de los demás. Son marcas (relatos) que se planifican desde cierto lugar y luego se imponen en la realidad. Se suprimen desde el poder ciertas historias y se implantan otras. Es decir se construye una especie de mito sobre el funcionamiento de la sociedad. Por ejemplo, durante el proceso militar (1976 a 1983) se hablaba de la recomposición moral de la Argentina, y a la vez se propagaba la teoría del virus, del cuerpo extraño que había penetrado en el tejido social y que había que extirpar a toda costa. Este relato estaba construido sobre una ficción criminal que ocultaba lo que realmente estaba sucediendo. El complot nunca aparece súbitamente. Hay un trabajo de construcción de creencias previo, al mismo tiempo que otras creencias van perdiendo crédito.

Las posibilidades que ofrece la tecnología de manipular historias desde los medios masivos de comunicación son enormes. Esto debiera generar en la población un trabajo proporcional para desentrañar tales operaciones. En cuanto al funcionamiento de la sociedad  y de sus complots, Arlt es nuestro principal visionario. Él ofrece un tratamiento de la sociedad que nunca es directo, no hay referencias inmediatas. Lo que él percibe es el funcionamiento de las leyes de la sociedad, un poco como Kafka. Por ejemplo entre el poder y la verdad o entre el dinero y la moral. Arlt condensa elementos que están en la sociedad y los realiza en sus ficciones.

Por eso es tan importante para Piglia eludir el espejismo de la realidad inmediata de la sociedad en la que se vive y dedicarse a extraer de ella aquel núcleo que constituyo lo social, como un vector que antes de quedar anclado en la coyuntura, se proyecta hacia adelante y construye un decir mucho más profundo y vigente.

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