Erotismo

erosypsiqueEl erotismo es un pasaje tortuoso, una sucesión constante entre la percepción de la vida y la muerte, lo bello y lo feo, el bien y el mal. En la experiencia erótica las paradojas se multiplican, se pone de manifiesto lo “no dicho”, aquello que soslaya el ámbito del goce.
Hay una profunda relación entre erotismo y lenguaje, como dice Roland Barthes: es el lenguaje el que soporta la función erótica “el placer que se constituye en su propia oralidad”
También la muerte viste y desviste al erotismo. Somos seres individuales, separados, por lo cual el deseo es deseo de “lo otro” convirtiendo esa otredad en una herramienta de seducción. La conciencia de la limitación temporal, la soledad existencial que nos ubica siempre frente al otro como tal, la explicación de esto a través del lenguaje, enmarca dentro de la cultura la sensación erótica. Por lo tanto es una construcción propia de los seres humanos y de ningún otro animal.
Si partimos de que Bataille plantea como el sentido último del erotismo la fusión, la continuidad y la supresión de límites, ¿cuál sería el objeto del erotismo? Esta pregunta se contesta a través del deseo. En el acto erótico (sexual, religioso, sagrado, secreto) hay una relación de continuidad entre el deseo y el erotismo. Porque, como en el deseo, el acto erótico siempre está vestido por la compulsión a repetir, y a su vez ambos aparecen teñidos con la sensación de finitud, con la muerte, que se halla como una flecha que lo atraviesa todo.

Según Jean Baudrillard: “Seducir es morir como realidad y producirse como ilusión”. En su libro De la seducción sostiene que interpreta la seducción erótica como un juego estratégico destinado a posponer el cumplimiento del deseo y, por lo tanto, es lo opuesto al placer realizado, a la satisfacción de la demanda. Se trata de un ritual, de lo que llama una «pasión por el desvío», es decir, un artificio sostenido por las estrategias de la ilusión: “lo que se pone en juego es la provocación y la decepción del deseo, cuya única verdad es centellear y ser decepcionado”. La seducción es entonces un simulacro, un sistema de tácticas del juego erótico, destinado a suspender, postergar el placer inmediato y sostenerse en esta suspensión. El erotismo, por lo tanto, lejos de estar asociado a la satisfacción del deseo, depende de ese espacio que se sostiene en el encantamiento, la ilusión.
Desabrochemos el último botón: Ninguna escena puede ser considerada erótica si no hay un consentimiento de parte de sus actores. La libertad de elegir es el límite, a veces demasiado sinuoso, entre erotismo y perversión.
Para finalizar: “Tentar y no dar”, dice nuestro discurso inicial, En esa tensión está el erotismo.

S. G. D.