Metáfora y Realismo: nuevas representaciones de la violencia política (Graffiti)

INVICTUS

Fuera de la noche que me cubre

negra como el abismo de polo a polo

agradezco a cualquier dios que pudiera existir

por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de las circunstancias

ni me he lamentado ni he dado gritos.

Bajo los golpes del azar,

mi cabeza sangra, pero no se inclina,

más allá de este lugar de ira y lágrimas,

es inminente el horror de la sombra

y sin embargo la amenaza de los años

me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,

cuán cargada de castigos la sentencia.

Soy el amo de mi destino:

Soy el capitán de mi alma.

       William Ernest Henley

(1849-1903)

Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez. Julio Cortázar (Graffiti)

El cuento Graffiti fue publicado en el libro Queremos tanto a Glenda de 1980. Pertenece a la última etapa de la obra de Cortázar, donde por momentos conjugaba su visión fantástica con un trasfondo de violencia política, acercándose a la alegoría. Los conflictos más que estar centrados en el héroe individual, giran en torno a las consecuencias subjetivas del impacto producido por la realidad, representada por el mercado y la política. El propio Cortázar analiza su obra dividiéndola en tres etapas: la primera la llama estética y evoca al esteta refinado y vanguardista, la figura heroica del artista como exiliado. Hay un ideal de perfección estilística muy refinado y una creencia plena en la autonomía literaria. Es la etapa que va de Bestiario a Final del juego. Los personajes estaban al servicio de lo fantástico como figuras para que lo fantástico pudiera irrumpir, pero no tenían un peso significativo en la historia. La segunda la llama metafísica, está muy bien ejemplificada con el cuento el perseguidor, un texto capital en su poética. “Aparece una presencia humana, un personaje de carne y hueso, un músico de jazz que sufre, sueña, lucha por expresarse y sucumbe aplastado por una fatalidad que lo persiguió toda su vida como lo evoca el propio Cortázar. Una autoindagación lenta, difícil y muy primaria sobre el hombre, sobre los problemas ontológicos que tocan el ser profundo del hombre. En el centro de esta etapa está Rayuela y su búsqueda de una plenitud y un sentido trascendente, metafísico de la vida, a través del arte, del amor, del lenguaje, de la religión, todos intentos vanos , porque ese centro espiritual es un espejismo cuando se centra solamente en el individuo y en su aspecto lógico-racional. La tercer etapa, llamada histórica surge a partir de su viaje a Cuba en 1961 y su adhesión a la revolución cubana y se ve en cuentos como “Reunión, que es una recreación del desembarco del Gramna a Cuba y el comienzo de la lucha revolucionaria en Sierra Maestra, pero con trasfondo de Mozart y en cuentos como Graffiti y Pesadillas. Igual , siguen conviviendo en su obra resonancias fantásticas e incertidumbres en la voz narrativa, propios de su primer época. Una de las hipótesis que podemos extraer es que sus innovaciones técnicas y vanguardistas se fueron orientando hacia un extrañamiento, un rostro de lo siniestro que encontraba formas más materiales, más asimilables de representación y no tanto vinculadas con la suspensión o la duda sobre la posibilidad del conocimiento del mundo. Igual se conecta la primera y la última etapa, ya que como afirma Ricardo Piglia: “El artista y el revolucionario se unen en su desprecio del mundo burgués y la imagen del poeta como un conspirador que vive en territorio enemigo es el punto de partida de la vanguardia desde Baudelaire. La conciencia artística y la conciencia revolucionaria se identifican por su negatividad, por su rechazo del realismo y del sentido común liberal, por el carácter anticapitalista de su práctica”.

El marco del cuento puede ser Buenos Aires durante la última dictadura cívico-militar o cualquier otra ciudad que sufra la violencia política y la censura. Dice en un momento el narrador. Página 397:” La prohibición abarcaba cualquier cosa”. No había un criterio que reglara las prohibiciones, por lo tanto se generaba una sensación de miedo que convertía a cualquier acción en potencialmente peligrosa y por ende condenable.

La dedicatoria se dirige a Antoni Tapies (1923-2012), pintor español, creador del informalismo, un arte de vanguardia que combinaba la iconografía simbólica con intervenciones en espacios públicos, a veces eran obras parecidas a graffiti icónicos. De hecho, el cuento parece haber surgido de un prólogo que escribió el propio Cortázar para una muestra del pintor español en París.

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En el cuento aparecen dos espacios: uno asociado a lo limpio, claro, y blanco , impuesto por la fuerza y la censura a cargo del gobierno autoritario. Es una pared virgen, sin graffiti. Como si la ausencia de expresión y de subjetividad implicara un ideal social. Ese ideal no está fundado en el libre albedrío, sino en el terror. El otro es un espacio intervenido, con color, donde los personajes expresan sus sueños e ideales. Implica una apropiación del espacio público, una forma de resistencia a la monotonía y a la homogeneidad impuesta por las autoridades. Para el gobierno, eso implica una violación de la ley, un acto delictivo, que hay que reprimir y censurar.

La violencia tiene una gradación, pero está vinculada con la imposibilidad del uso del espacio público, con la persecución de cualquier expresión de libertad. “La prohibición abarcaba cualquier cosa” (Graffiti, página 397), “Al borde de la cárcel o algo así” (página398) se refiere a las desapariciones clandestinas, a la violación de la ley por parte del estado y al desamparo de los ciudadanos. Los atentados en el mercado” (página 398) “La sirena y los proyectores te barrieron los ojos” (página 398). El toque de queda (prohibición de circular libremente por las calles de noche)

El graffiti del título actúa como recurso poético metafórico. Ante la censura generalizada, el graffiti intenta eludirla utilizando un lenguaje icónico, figurado. Esta forma de expresión adquiere una resignificación ante las dificultades en la comunicación, y reemplaza al encuentro cara a cara y busca construir una historia de amor a través de signos icónicos como diría Peirce. Son aquellos signos que a través de la imagen representan el objeto. Acá está complejizado, porque en varios de ellos se trata de representaciones abstractas.

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En el relato, como en otros del autor hay una incertidumbre en la voz narrativa, que va oscilando de la 2ª, la 3ª hasta irrumpir al final la 1ª persona. Comienza con un tono coloquial, luego se desplaza a un cierto anonimato hasta la subjetivación final con la primera persona, que coincide con su reclusión y muerte. La subjetividad en el relato sólo se puede manifestar a través de los graffiti y a través del oxímoron (narración desde la muerte)Al final del relato nos enteramos que la narradora es la mujer que ha sido detenida por los grupos de tareas. Ella cuenta en forma de diálogo imaginario una historia de amor y de lucha por la libertad. Imagina cómo sería ese hombre, su biografía, su vida , los colores con que asocia el amor , a partir de los graffiti que va realizando. Es también una forma de hablar de la creación literaria y su origen. Con qué elementos se construye una historia, se inventa un personaje y se arma un itinerario de vida. “Así como había imaginado tu vida” (Graffiti, página 400)

Los graffitis son escritos efímeros realizados en la calle. Condensan rasgos de la cultura juvenil. Hay ironía y juegos de palabras en ellos. Los graffitis implican discursividades breves pero contundentes, como los refranes. Se realizan en un contexto de transgresión, ya que están en el límite entre lo permitido y lo prohibido. Plantean hasta qué punto se puede hacer una apropiación del espacio público. En épocas de censura política, adquieren otros significados y otros riesgos. Son inscripciones en espacios públicos. Es una cultura efímera. En general son anónimos. El objetivo que persiguen es dejar una huella. ¿Podemos preguntarnos que huella nos deja este cuento? Quizás una vinculada con la imaginación como forma de resistencia.

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El graffiti se alimenta del presente como así también de los sueños incumplidos del pasado. Siempre transita el límite difuso entre lo permitido y lo prohibido. Trabaja poniendo en crisis los límites claros entre lo público y lo privado, en eso podemos decir que se anticiparon a Internet.

En el caso del cuento aparecen dos funciones del graffiti. Para el muchacho era un juego, una transgresión a una norma, como una forma de combatir el aburrimiento. Para la muchacha, era una forma de resistencia política, aunque no podemos soslayar que el amor aun imaginario que ella construye, también puede ser pensado como una forma de combatir el miedo, el individualismo, la falta de vínculos sociales. Todos son graffiti icónicos, excepto uno que escribe el muchacho: “A mí también me duele”, como si en él pudiera leerse la progresiva toma de conciencia y el pasaje de lo lúdico a la comprensión del dolor humano y las consecuencias que podría traer el compromiso político. Hay una historia que se empieza a desplegar a partir de los graffiti, plantea que desde el trazo, el motivo y el color se podía percibir el género, que había sido realizado por una mujer. Se habla de una doble creación: la mujer crea la historia del muchacho, y él supuestamente imagina a la muchacha.

Los dos recursos poéticos centrales del cuento son la metáfora y la sinécdoque. Esta última tiene lugar cuando ocurre el secuestro de la muchacha. “Viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.” (página 399). Este recurso permite dar cuenta de la fragmentación, de la deshumanización que sufre la muchacha, toda esa violencia que la despersonaliza y le va quitando humanidad. En el final aparece otra sinécdoque: “una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos.” Ahora el graffiti es de denuncia, como si el dolor (esa primeridad definidia por el filósofo Wittgenstein) ya no permitiese otra opción que la representación figurativa.

El último graffiti es una despedida y al mismo tiempo un pedido para que continúe la lucha el muchacho. La muchacha al final necesita imaginar un interlocutor, un muchacho que la ama y que ese amor se va a transformar en amor por una sociedad mejor, va ir de lo personal a lo colectivo.

Graffiti también es una metáfora de la creación artística. En este caso el compromiso poético y el político se conectan en el hecho fantástico de que el narrador cuenta su historia posmortem. ¿Cómo puede narrar alguien que está secuestrado o muerto? ¿Cuál podría ser su interlocutor? ¿Cómo hablar desde la oscuridad más absoluta? “Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en las más completa oscuridad, recordando tantas cosas, y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos” (página 406)

¿Cómo representar el horror? Una pregunta que aparece una y otra vez en el relato, sin caer en el oxímoron y tampoco en la condescendencia? El relato despliega distintos tipos de representación, desde la abstracta hasta la concreta, desde la idealización hasta la condena, y siempre parece haber algo que queda fuera de las palabras, y que es el cuerpo, cómo hablar del cuerpo doliente, como hablar de esa materialidad aparentemente representable, pero resistente a un orden lingüístico, cómo hablar del dolor, esa primeridad que parece negar toda mediación y nos enfrenta a la máxima fragilidad y al máximo desamparo.

 


Bibliografía

Cortázar, Julio. Cuentos Completos, Alfaguara, Buenos Aires, 2007

Cortázar, Julio. Clases de literatura, Alfaguara, Buenos aires, 2013

Piglia, Ricardo. Sobre Cortázar en Crítica y ficción, Anagrama, Barcelona, 2006.

Comments

Metáfora y Realismo: nuevas representaciones de la violencia política (Graffiti) — 1 comentario

  1. De pronto me vi con doce años menos, tocando el timbre en una casa de la calle Boedo, luego sentada delante de una mesita en un cuarto con las paredes cubiertas de libros y casetes. No llegué a pasar a la tinta todas las cintas en las que había grabado aquellas clases magistrales. Hoy acabo de tener una.