Lo fantástico en la ciencia ficción – Análisis de “Los ojos de un dios en celo”

dioscelo1Las ropas del Padre flameaban como una hoguera

 de sombras. Esa hoguera parecía presagiar las llamas

que pronto devorarían el cadáver

que coronaba la pila de troncos.

Los ojos de un dios en celo es una novela de ciencia ficción. Sin embargo, también podemos decir de ella que es una novela antropológica. Desde este punto de vista sobresale por su propuesta crítica frente a las teorías  de la etnoantropología ya que realiza un análisis de la manera que algunas de ellas intervienen en la interpretación del sujeto transformando su  visión.

Y también encontramos elementos que nos permiten arriesgar que es una novela fantástica.

Dos personajes, toman para sí ambos géneros: Frente a los mismos hechos que  son para Mara, interpretados desde la ficción científica, a la vez son para Ucan mirados desde una perspectiva fantástica.

Por encima de ellos, envolviendo la historia y a través de un lenguaje casi poético con juegos de miradas, Gardini muestra el daño que pueden hacen teorizaciones ligeras sobre comunidades, culturas “diferentes” sus creencias, su mística.

La resolución de la novela también  alude a elementos fantásticos, los cuales soportan la estructura del texto y coadyuvan a su final.

Dado que Gardini está definido por la crítica como autor de literatura fantástica y ciencia ficción, situado en esa zona sin límites tan definidos, que llevan en la actualidad a repensar viejas divisiones, quisiera hacer una reseña de su novela y  de  promover un diálogo acerca de las nuevas miradas sobre ambos géneros. Hay piezas literarias clásicas, donde claramente es posible definir unívocamente su género. Pero también hay obras que permiten encontrar diferentes capas donde conviven elementos, que conforme la división tradicional, pertenecen a diversos  géneros literarios. Esta novela, ganadora de un premio de ciencia ficción- literatura fantástica es un claro ejemplo.

Los Ojos de un dios en celo, nos remite a un escenario cercano a la realidad actual. El mundo está dividido en dos clases sociales, por un lado están los ricos, “la gente Blanda”, quienes habitan las ciudades, relacionados con el consumismo, la tecnología y el bienestar y por otro lado están los pobres, quienes, cansados de vivir en las periferias, en las villas miserias, sometidos a trabajo esclavo y a toda clase de privaciones, alentados a consumir alcohol como única manera de escapar de la realidad, toman la decisión de convertirse en un pueblo nómade que se va de las ciudades para vivir de la naturaleza y busca un lugar para poder establecerse.

Esta exocultura, es observada por un  grupo de especialistas, con el objeto de hacer un análisis antropológico. Los  observan, realizan informes pero de ninguna manera pueden tener contacto con ellos y mucho menos intervenir.

Esta exocultura, “El Pueblo Radiante” inventa su propio lenguaje y sus dioses, así como sus ritos. Uno de ellos consiste en prender fuego a los muertos:

“… La llama de la antorcha lamió la hierba amarilla:

El fuego estalló alegremente, mil lenguas salieron entre los resquicios de los troncos envolviéndolos con ferocidad, elevándose hacia el feliz cuerpo del muerto…. El fuego alcanzó las ropas del cadáver. El coro cantó:

Irás de la noche a la luz

a pasear por pampas ondulantes

a cantar en el carnaval de la eternidad

estás naciendo

estás naciendo

estás naciendo.

El fuego envolvió el cuerpo del Padre, devorando grasa, carne y tendones, ojos, huesos y médula, transformándolos en humo…”

La novela comienza con la muerte del líder de ese pueblo, Ucan. La ceremonia de cremación del líder es a la vez la ceremonia de anunciación del sucesor, nombrado anteriormente por el propio líder. Esta decisión recayó en su hijo, Ucan’jo.

Dirigir el pueblo es una situación que codician algunos otros hombres de la comunidad ya que es un privilegio para cualquiera. Sin embargo, él no está feliz con esta situación, duda y presenta el primer conflicto  ya que es un héroe que se niega a sí mismo.

“…Hola noche, dame la luz de tus sombras—recitó Ucan’jo al pie de la pira funeraria. Palabras imbéciles, pensó con rabia.

Sostenía en la mano la antorcha que encendería la verdadera hoguera, llamas crujientes que morderían los troncos y devorarían tanto el tieso cadáver como la ilusoria hoguera de sombras. El cuerpo del Padre sería uno con el fuego. El espíritu del Padre sería uno con la noche.

Gracias, Ucan, padre mío, muy considerado por morirte en este momento tan oportuno, le reprochó al cadáver que descansaba sobre los troncos, envuelto en su ondulante túnica oscura. Ahora dejaré de ser un hijo del Padre para ser el Padre de todos. Cuando las llamas te hayan consumido, dejaré de ser Ucan’jo para ser el nuevo Ucan. ¿Quién quiere ser el nuevo Ucan en estas circunstancias?

—Noche, dame la luz de tus sombras—respondió a sus espaldas la multitud, entonando el Adiós a los Muertos.

Ucan’jo dio media vuelta, enfrentó a la muchedumbre, alzó la antorcha tratando de lucir imponente. Le temblaba la mano, pero esperaba que no se notara. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, niños y animales. Todos parecían tan ilusorios… No puedo ser padre de nadie, se dijo Ucan’jo. Soy sólo un hijo, un hijo que ha vivido menos de treinta veranos. Y todos lo saben. No tengo mujer ni prole, no sé dirigir una familia, mucho menos a un pueblo cansado que tiene miedo del hambre…”

En cuanto encendiera la llama, tendría que tomar decisiones, enfrentar a sus oponentes, decidir qué rumbo seguirían. Todavía era un pobre chico asustado y dolorido por la muerte del Padre, que también era su padre carnal. Y ni siquiera tenía a su madre para guiarlo, porque su madre había muerto dos veranos atrás. Y aunque hubiera estado viva, no le habría servido de nada, porque ella era sólo una mujer.

Todas estas vicisitudes son observadas por Mara, una especialista en antropología que trabaja “espiando al Pueblo Radiante”   y luego, confeccionando un informe. Estas visitas oculares son denominadas inmersiones y están hechas a través de una red, la urdimbre.

El sistema de investigación se llama O.J.O.S.:

“… admiraba el sistema de Observación por Justificación Óptico-Sensorial, OJOS. Meses atrás lo había considerado un logro utópico, el máximo monumento a la búsqueda de la verdad…”

En principio, el  mecanismo que realizan los observadores  consiste en elegir un sujeto, convertir sus emociones en ondas electromágneticas y enviarlas a un receptor, quien a su vez, las decodifica y reconvierte. Una especie de antena.

El pensamiento de Mara acerca de lo que está observando, incide a lo largo de toda la obra en lo que el nuevo líder del pueblo radiante hace. Incluso él mismo llega a  visualizarla –inexplicablemente-, como una imagen celestial, la Virgen de las Nubes:

“…Y tuvo una visión. Fue como si una aguja de luz se le clavara en el cerebro y le inyectara imágenes. Una nube cruzó la enorme luna que flotaba sobre el monte, y de la nube bajó una vaharada de vapor que se convirtió en una brumosa escalera. Por la escalera bajaba una mujer radiante: radiante como el Valle Radiante, radiante como el Pueblo Radiante. La mujer miraba a Ucan’jo con una sonrisa alentadora. La Virgen de las Nubes, pensó Ucan’jo, sin saber por qué estaba tan seguro de que ése era su nombre. Su padre le había hablado del Valle Radiante y del Dios Bueno, nunca de la Virgen de las Nubes, pero tuvo la certeza de que la enviaba el Dios Bueno, de que ella lo guiaría. Y la Virgen de las Nubes caminó hacia él, le tomó la muñeca y le guió la mano hacia el lugar indicado. Ucan’jo miró de reojo a la muchedumbre, preguntándose si alguien más la había visto. Aparentemente él era el único…”

La historia sigue dentro de la novela con un cuestionamiento al poder delegado en Ucan’jo y las diferentes peripecias que debe sortear para convencer a ese pueblo de la necesidad de llegar a esa tierra prometida, el Pueblo Radiante, un Moisés que debe estar todo el tiempo  revalidando su nombramiento ante quienes  se lo disputan, en una lucha cuyas particularidades están reglamentadas previamente.

Pero la primera batalla tendrá que realizarla consigo mismo, quien debe convencerse de su propio liderazgo. Esta transformación atraviesa al personaje toda la novela. Y el soporte de la misma es esa conexión extraña que mantiene con esa especie  sobrenatural, esa virgen, que sólo él percibe y que no es ni más ni menos que la propia Mara, quien a medida que observa, interviene en sus pensamientos. Esta circunstancia no se explica, se da de suyo, lo que irrumpe en el lector y lo perturba.

“…Pero yo no sé nada del Dios Bueno, ni sé nada de viejas historias. No sé cómo continuarla. Ucan’jo alzó al cielo una mirada implorante…”

Y luego,

“…Miró el cielo. Ya no sentía angustia. Las chispas se confundían con las estrellas, y él sólo sentía la dicha de su visión. La Virgen de las Nubes lo había ayudado, y el muerto feliz iría a cantar y bailar en el carnaval de la eternidad…”

dioscelo2Del mismo modo que Ucan´jo, devenido en Ucan, se va transformando con el transcurso de la narración, también Mara va deshaciendo, desarticulando la estructura de su personaje. Va desde el asco que le promueve la forma de vida de ese pueblo, hasta la intervención física, la conversión. Ella misma abre un giro en la decisión del grupo, abandona la “civilización” para unirse al Pueblo Radiante.

En el transcurso del relato, hay varias pistas que coloca Gardini para transmitirnos el proceso de cambio en los dos personajes, Al principio Mara piensa para sí:

dioscelo3“…El Pueblo Radiante. Parecía una broma, pero así se llamaban a sí mismos. Esos cerdos, esos salvajes que deambulaban  por el Páramo. Estaba harta de convivir con ellos, de ver sus inmundas y estúpidas ceremonias, de verles comer carne grasienta, copular en sus tiendas de cuero maloliente, parir en medio de la roña, defecar entre los cardales,  lavarse los pies en lagunas barrosas. Estaba harta de ver todo eso y describir minuciosamente cada uno de sus repugnantes actos en informes  clínicos y distantes. Tiempo atrás, cuando era estudiante y escribía monografías plagadas de palabras largas y rimbombantes, sosteniendo que las exoculturas representaban el alma virgen de la humanidad, no pensaba en esa pestilencia ni en esas costumbres infectas. Tiempo atrás la vida primitiva le parecía romántica…”

Acá mismo, apenas iniciada la novela, comienzan los síntomas de la retroalimentación:

“…No, no debía pensar así. Como observadora, no podía pensar así. Esto era sólo un efecto de la inmersión. Respeto a esa gente y su modo de vida, se repitió, respeto a esa gente y su modo de vida.

¿Entonces por qué sentía tanto asco?

Cerró los ojos y vio el rostro del cadáver de Ucan. Debajo, poco a poco, se dibujó el rostro de otro cadáver, el de su propio padre. Abrió los ojos sobresaltada. Papá, pensó, quiero que vuelvas.

Recordó que era la misma frase que había dicho cuando velaban a su padre. Habían pasado años. Nunca había vuelto a ver esa imagen con tanta nitidez, ni a sentir ese dolor con tanta agudeza. Creía que todo eso estaba sepultado, y de pronto aparecía a flor de piel. Sintió ganas de llorar, pero tenía los ojos secos…”

Del mismo modo, va surgiendo  el título de la obra como una imagen borrosa, un sueño:

“…Mara soñó con ojos, un camino de ojos que llegaba hasta el horizonte y subía en espiral formando  una montaña. Ella andaba por ese camino. Los ojos hacían un ruido líquido bajo sus pisadas. Cuando llegó a la cumbre de la montaña de ojos, se despertó con una sensación de vértigo…”

De golpe, sin mediar ninguna situación que lo avale, Mara se encuentra pensando como si fuera Ucán:

“…Mara miró el cielo del alba. Su mente divagó.

Soy Ucan, pensó, y ahora estoy muerto pero no estoy muerto porque soy mi hijo Ucan. Una alarma sonó en su mente. No, se dijo. No soy Ucan, soy Mara.

Su mente no escuchó la alarma.

Hace años, pensó, mi gente y yo éramos parias que sobrevivíamos a la sombra de las ciudades. Íbamos de poblado en poblado mendigando  trabajo, gastando en vicios lo poco  que  ganábamos.  Maltratábamos  a nuestras mujeres  y  nuestros hijos,  y  nuestras mujeres  iban  de  hombre  en  hombre,  y  nuestros hijos no  tenían  padre,  y  vivíamos estupidizados por el alcohol barato. Vivíamos en casas de cartón, y el futuro no significaba nada.

Nunca viví en casas de cartón, pensó Mara. Soy una hija de la Urdimbre.

Una fuga. Sabía que había tenido estas fugas, que no era la primera vez, pero ésta era la primera vez que era consciente de ello mientras sucedía. Ahora recordaba que había tenido muchas veces estos recuerdos, recuerdos que eran de Ucan.

Pero entonces el Dios Bueno me habló, y me dijo que había un lugar para nosotros…que un hombre no necesita muchas cosas si puede cultivar sus alimentos,  como nuestra  gente hacía  tiempo atrás.  Un hombre no necesita  ser esclavo  de otro, y un hombre no necesita  dinero.  Un hombre no necesita  vivir en casuchas de cartón. El Dios Bueno me recordó  que al sur había mucho campo, muchas tierras abandonadas,  mucha tierra salvaje que sólo esperaba que los hombres las recobraran.

… Era Mara y al mismo tiempo era la otra persona, era sus ojos y los ojos del otro…”

Es de destacar de qué manera Gardini nos cuenta la historia debajo de la historia. Nuevamente juega con las distintas voces de la narración y en este caso son los dos personajes quienes explican las causas que llevan al Pueblo Radiante a formarse. ¿Es Mara, pensando en Ucan, es Ucan en el pensamiento de Mara?

Un punto importante para señalar: cómo va desmenuzando la problemática social, la crisis actual de un mundo, el que habitamos, determinado por el sometimiento de hombre sobre hombres, del hambre, la violencia hasta llegar  a las tristes imágenes que nos devuelven los pueblos llamados “extracomunitarios” por los europeos… tan real y parecido a las exoculturas que plantea la novela.

“…Mara había visto estas imágenes…pero ahora regresaban con perturbadora claridad: el campamento de peones migratorios…”

O luego: “…La civilización debía consistir en crearse un estilo…”

Es a partir de esta búsqueda, contada desde el pensamiento de Mara, la que Ucan va realizar hacia afuera para su pueblo  hacia adentro para sí mismo, encontrándose en su lugar de líder: “…Ucan mismo se había hecho la pregunta. Según su padre, existía un propósito. Muchos veranos atrás habían abandonado el mundo de las ciudades, pero era importante vivir una vida con un centro. De lo contrario, serían como otras tribus. Irían de aquí para allá sin ton ni son, no tendrían lugares sagrados o los perderían. Serían desechos que la Gente Blanda había dejado atrás junto con las ciudades…”

Pero sin dudas, el elemento más álgido  sucede cuando ella observa que Ucan está recitando un poema que ella había escrito en su adolescencia. Esta circunstancia conmociona íntimamente a Mara, y nos deja entrever la idea de que Ucan también puede ingresar en la historia de ella. Esta situación se da como corolario a una dificultad que tiene Mara para reconocer su está dentro de una inmersión, si salió y entonces el Pueblo está dentro de su cabeza, todo se tambalea, una sensación de vértigo perturba al lector:

“…La imagen mostraba un primer plano de la piel mojada de la muchacha:… Mara sintió excitación. No, se dijo. No debo sentir esto, sólo registrar sensaciones. No soy él…”

La vista se le enturbió un instante. ..Vio la cara de Alan en un pantallazo, notó que ella estaba jadeando como Ucan y eso lo había excitado. ¿Había salido de la inmersión? No, no había salido. Entraba y salía… Sentía el flujo de las dos realidades como si hendiera agua. Esto era peligroso. .. Cuanto más se bifurcaba, más se unía a ese salvaje, más se enamoraba de él. .. Entraba y salía, entraba y salía de las aguas de dos mundos de percepción. ..Debía debía emerger. ..Abrió la mente como si abriera los pulmones para respirar. Abrió la mente hasta dejarla porosa, para que la mente respirase la voz como si fuese aire.

Muchas veces había visto el Páramo con los ojos de Ucan… pero ahora captaba otros detalles, otros matices. .. los olores formaban un lenguaje nuevo que sólo ahora empezaba a comprender. En cierto modo, el Páramo le hablaba.

… Vio el Valle Radiante hacia el que conducía a su pueblo…Conozco ese valle, pensó. Pero una voz la distrajo. La voz de Ucan. No, otra voz, una voz que retumbaba en la cabeza de Ucan. Una voz femenina. Un poema.

Túmulos de cúmulos ondeantes murallas de negrura pantanosa.

Y el ritmo que le retumbaba en la cabeza cobró el ritmo del poema, fue el poema…Ella asoma radiante entre las nubes…

Ella asoma radiante entre las nubes,

cuchillo de luz en las tinieblas,

ocaso de la sombra y de la bruma,

       alborada en plena medianoche. La voz femenina que recitaba el poema no hablaba en el dialecto del Pueblo Radiante. Mara lo entendía, pero a Ucan le costaba entenderlo…

Era una visión poderosa. Mara vio la visión que veía Ucan. El poema.

Lo reconocía, claro que sí.

Ella lo había escrito cuando era estudiante, para una clase de literatura, en tiempos en que soñaba que la poesía podía ser su vocación. Un poema a la luna. Se titulaba «La Virgen de las Nubes»…”

La metamorfosis casi se ha completado. Acá el autor, ya no sólo juega con las voces de la narración sino con el sentido que cobran algunas palabras para expresar esta confusión, este distanciamiento entre la historia contada, ficcionada, ya que Mara “emerge” para poder ver ya desde afuera: “…Emergió…Casi en un estado de catatonía, se plantó frente a la pantalla donde la imagen por satélite mostraba al Pueblo Radiante en marcha por el Páramo…”

Por otra parte, para completar esta transformación ahora es Ucan quien la piensa a Mara:

“…Al salir de la caverna, Ucan vio una nube brillante que bajaba del cielo. Quería correr, pero estaba paralizado de miedo. Entonces vio a la radiante mujer de túnica blanca que bajaba de la nube. La nube se posó en el suelo y la Virgen de las Nubes caminó hacia él.

Ucan cayó de rodillas.

La mujer se le acercó, le tomó la mano.

Mi nombre es Mara —dijo—, y es hora de ir a casa.

¿A casa? —preguntó Ucan.

El Valle Radiante —dijo Mara.

     Ucan la miró desconcertado. Esa tarde, después de estar en la laguna, había visto el Valle Radiante, había oído esa voz recitando algo que él no comprendía…”

La novela tiene una textura de alto contenido poético. Gardini economiza palabras, recurre a frases cortas, poco adjetivadas, sin embargo logra profundidad y claridad tanto en la descripción del afuera, como del interior de los personajes, de su subjetividad. Siempre hay claroscuros que entregan esa libertad al lector de interpretación. Del mismo modo logra con esos juegos de voces que entran y salen del mismo discurso, la perplejidad, la sensación de extrañamiento.

Al comienzo de este trabajo decía que  hay una nueva mirada acerca de la relación entre la ciencia ficción y la literatura fantástica, hoy llamada en algunos ámbitos académicos neo fantástico. Al respecto quiero introducir un espacio de debate sobre el tema.

La ciencia ficción y la fantasía son géneros hermanos, se prestan mutuamente las herramientas.

Ampliando un poco el concepto, podemos decir que los dos géneros enfrentan al lector con hechos que calificaríamos de imposibles. Pero la ciencia ficción debe dar a esos hechos una justificación científica, de la cual la fantasía está exenta.

La ciencia ficción está relacionada con una ficción (obviamente) creada a partir de adelantos tecnológicos, científicos (ahí está la clave) que no han sido realizados aún, pero que probablemente puedan ser alcanzados en el futuro. Las obras de Julio Verne pueden ser consideradas de ciencia ficción para su época. Utilizaba artefactos mecánicos que todavía no habían sido inventados.

La literatura fantástica está conectada con aquello que es realmente  imposible desde la lógica humana, y no tiene relación con la ciencia y la técnica. Fantasmas, aparecidos, desórdenes temporo-espaciales sin intervención de máquinas.

Aquí, por ejemplo una nota introductoria de lo fantástico en Ojos de un Dios en celo:

“…Se restregó los ojos, que le dolían de repente. Ojos.

Ellos tenían  los ojos de Dios. Podían  ver desde muy adentro y también  desde muy afuera.  La inmersión  le permitía presenciar  las cosas desde una perspectiva íntima, sintiendo  y pensando  lo que otro sentía y pensaba,  y las cámaras orbitales le permitían presenciar  todo como  si estuviera sentada en el trono desde donde se manejaba  el universo. Pero las dos perspectivas nunca coincidían del todo, y no sólo por el ángulo de enfoque. La muerte que veía la cámara no era la muerte que ella había visto, la muerte que había vivido…”

Por una parte, el escritor L. Ronald Hubbard señaló una vez: “… alguien que trate de decir que la ciencia ficción es una rama de la fantasía o una extensión de la misma, tropieza por desgracia con el uso profesional de términos sancionado por el tiempo. Esta es una época de mezcla de géneros…”

En su obra De los espejos y otros ensayos, Umberto Eco califica la ciencia ficción de “forma moderna de los libros de aventuras o de caballería, salvo que los astronautas, las astronaves y los monstruos de otros mundos sustituyen a los castillos encantados y a los dragones”. El argentino Eduardo Carletti opinó que no ha sido posible todavía establecer normas, patrones o arquetipos para facilitarnos una sistematización de estos temas. En una entrevista para la revista argentina Otros Mundos, Carletti señaló que “…ni siquiera los grandes especialistas han podido definir qué es la ciencia ficción y qué es lo Fantástico, y sólo se han vertido definiciones parciales…”.

En todo  argumento de ficción hay un orden, existe la lógica de la ficción científica que nos señala una posibilidad., Toda la fantasía, en cambio toda la ficción creada estará limitada. Lo Fantástico puede carecer de lógica; no la necesita.

Lo Fantástico expone lo que no puede ocurrir ni consciente ni físicamente; es la manifestación de la imaginación pura, sin riendas, sin las limitaciones que impone la ciencia ficción.

Julio Cortázar definió la literatura fantástica como “el derecho al juego, a la imaginación, a la fantasía; el derecho a la magia”. Y la también argentina Flora Botton Burlá opinó que “lo Fantástico está estrechamente ligado a la idea de lo imposible; si no hay imposibles no se concibe lo Fantástico…, o sea, es la aparición de lo imposible en el mundo bien ordenado de la vida cotidiana”.

Por su parte, La guerra de las galaxias y la serie Star Trek son ejemplos de aventuras donde se mezclan la ciencia ficción, el Horror y lo Fantástico.

Con el propósito de cumplir sus objetivos, hemos visto que la ciencia ficción utiliza, elementos inherentes a lo Fantástico, mientras que lo Fantástico puede utilizar muchos de los elementos que conforman la ciencia ficción, como se expuso en el ejemplo de las series La guerra de las galaxias y Star Trek; o sea, los experimentos de laboratorio, el viaje en el tiempo, el contacto entre el humano y otras formas de vida en el universo, la inteligencia artificial, etc..

En la literatura fantástica una de las propiedades más importante según la escritora Rosmary Jackson en su libro “Fantasy: literatura y subversión” se basa en que el texto obliga al lector a vacilar entre explicaciones naturales y sobrenaturales de los sucedido, extendiendo este sentimiento de duda, perplejidad e indecisión que caracteriza la vacilación, hacia el personaje y rechazando tanto la interpretación alegórica como la poética a la cual se tiene que enfrentar el lector. Por lo tanto dicho lector, responsable de recibir y recrear el texto, se enfrenta con un determinado acontecimiento que rompe con las legalidades que rigen la vida cotidiana dando lugar a una infinidad de interpretaciones compuestas por elementos naturales y otras derivadas de los elementos sobrenaturales que caracterizan al género fantástico,

Esto se puede advertir claramente en Los Ojos de un dios en celo, ya que la observación de unos sobre otros es un standard de la habitualidad, huelgan ejemplos en el presente, en nuestras sociedades plagadas de cámaras. Ahora, la visualización de Ucan sobre Mara es un elemento claro de presencia de lo extraño.

Jackson también señala que lo fantástico tiene, generalmente, una composición singular que incluye elementos de preocupación por los problemas de visión y visibilidad que producen un vacío tanto en el personaje como en el lector, a causa de la distorsión de la realidad y el desarraigo de no contar con el sentido preponderante de la vista (dificultad de enfocar visualmente la realidad, la existencia de cosas invisibles, y la aparición de espejos como objetos esenciales en la narración) que da como resultado la vacilación en la estructura narrativa que da forma y sustancia a lo fantástico.

Julio Cortázar desde otra perspectiva, plantea en su conferencia dada en la U.C.A.B  que tanto en la literatura, como fuera de ella, lo fantástico es definido como ese sentimiento donde no existen las pautas de la lógica, ni la causalidad del tiempo y espacio. La realidad se ve expuesta a una especie de “sacudida” donde la presencia de algo extraño e inexplicable se enfrenta a las leyes que se obedecen habitualmente haciendo que no se cumplen del todo.

A partir del análisis de los diferentes cuentos, libros de opiniones e incluso conferencias, se puede llegar a la conclusión de que el género fantástico tiene como principal objetivo motivar al lector para que éste logre romper con los estándares de normalidad impuestos por la sociedad, dejando de lado las leyes que rigen su vida cotidiana y tomando como verdad única e irrefutable, la impuesta por el autor. Si bien la temática de los cuentos, relatos o novelas fantásticas varia de una en otra, todas poseen la particular característica de la vacilación entre un mundo real, muy parecido al de quien recibe el texto, entrelazado con hechos sobrenaturales los cuales el lector tiene que tomar como propios para, de este modo, poder dejarse llevar por los hechos que caracterizan el texto, cumpliendo así, un papel fundamental en la interpretación de la literatura fantástica.

Según Vladímir Soloviov: “… En lo fantástico verdadero, siempre existe la posibilidad exterior y formal de una explicación simple de los fenómenos, pero al mismo tiempo esa explicación está privada por completo de probabilidad interna…” . Para Louis Vax el relato fantástico presenta hombres comunes del mundo real ubicados repentinamente ante un fenómeno inexplicable.

Definición de Todorov

Una de las posiciones más difundidas es la del crítico estructuralista Tzvetan Todorov y su ensayo Introducción a la literatura fantástica. Siguiendo algunas de las características de la definición de Guy de Maupassant, Todorov profundizó la definición y nombró las dos características que identifican al género fantástico: la vacilación del lector en torno a los fenómenos narrados por otro lado, una forma de leer dichos fenómenos que no sea alegórica ni poética.

Con estas condiciones en mente, Todorov opone lo que él llama fantástico puro a otros dos conceptos lindantes:

Lo fantástico ocupa el tiempo de esta incertidumbre; en cuanto se elige una respuesta u otra, se abandona lo fantástico para entrar en un género vecino: lo extraño o   naturales, ante un acontecimiento al parecer sobrenatural.

Eso sucede con el poema de Mara recitado por Ucan, o por la descripción alegórica que éste hace sobre el lugar donde se encuentra el Pueblo Radiante, el cual no es otro que el propio lugar donde se ubica la vivienda de Mara

Todorov amplió su clasificación diciendo que lo maravilloso corresponde a lo desconocido, lo que está por venir –por lo tanto corresponde al tiempo futuro– y lo extraño a una experiencia previa en la cual se produce la irrupción de lo anormal –por lo tanto corresponde al pasado–. Además, estas dos formas que se hallan a ambos lados del fantástico tienen subdivisiones: la zona de lo insólito que linda con lo fantástico se llama fantástico-insólito. Allí hay explicaciones racionales a las dudas despertadas por el texto, pero abundan las coincidencias sospechosas; “La caída de la casa Usher” es el ejemplo que Todorov esgrimió para ilustrar este punto. El extremo de esta forma está en lo extraño-puro, donde las explicaciones racionales son perfectamente plausibles como exégesis de incidentes en apariencia sobrenaturales -como ocurre en muchas novelas policiales que coquetean con la idea de un crimen cometido por fuerzas sobrehumanas-. Lo fantástico maravilloso, por otro lado, es lo más cercano al fantástico puro, pero en él se acepta la exégesis irracional tras la duda inicial. En lo maravilloso puro –cuyos límites no están muy bien definidos según el estudioso– los eventos anormales son comunes y no reciben reacción particular por parte de lo personajes o el lector.

Las propuestas de Todorov, no obstante, han recibido algunas críticas y objeciones por su enfoque cerrado. En su prólogo a la Introducción a la literatura fantástica, Elvio Gandolfo escribió acerca de las conclusiones del estudio que Según una de ellas, lo fantástico propiamente dicho habría durado apenas unas décadas del siglo XIX […] Aplicada al extremo, la definición deja un porcentaje más alto de relatos fuera que los que abarca, y limita demasiado su alcance en el tiempo. Por otra parte la definición de ese tono como “género” le hace tratar sin demasiada definición a géneros indiscutibles como el policial y, sobre todo, la ciencia-ficción, erróneamente considerada casi como una sucursal de lo fantástico. La crítica de Gandolfo apunta a que Todorov consideró que la irrupción del psicoanálisis liquidó el componente irracional produciendo la muerte del género. Rosemary Jackson también habla de las limitaciones del estudio de su colega pero adujo que Todorov no tuvo en consideración las ventajas del enfoque psicoanalítico para abordar los relatos fantásticos.

Rosemary Jackson planteó modificaciones a ciertas fallas del modelo propuesto por Todorov. Para la investigadora, el principal defecto de esa teoría residía en la mezcla de categorías literarias y no literarias ya que, mientras que lo maravilloso y lo fantástico pertenecen a las primeras, lo extraño o insólito. En Fanstasy: Literatura y subversión ella propone estudiar el fantasy –término específico que utiliza– no como un género, tal y como lo hizo Todorov, sino como un modo literario. Esta perspectiva permitiría entender cómo el fantasy adopta diferentes “disfraces” en relatos de cortes tan disímiles.

Por otra parte, la filóloga argentina Ana María Barrenechea cuestionó las limitaciones de la teoría expuesta en la Introducción a la literatura fantástica. Define la literatura fantástica de la siguiente forma: «la que presenta en forma de problemas hechos a-normales, a-naturales o irreales en contraste con hechos reales, normales o naturales». El conflicto que se genera cuando los eventos anormales colisionan  contra el orden de la realidad es donde la investigadora pone el acento, sosteniendo que se da una intersección de órdenes (el racional y el irracional). También discutió con Todorov en torno al sentido alegórico, ya que sostuvo el poder de la alegoría para reforzar el sentido del fantástico, sobre todo en la literatura contemporánea.

Asimismo, David Roas considera —en un intento conciliador de posturas—, como una condición indispensable para señalar el carácter fantástico de un texto, la intromisión de lo sobrenatural. Aclara que no todos los textos en los que sucedan hechos sobrenaturales —como podría ser la literatura medieval, los libros de caballerías, las epopeyas griegas, y la ciencia ficción— son fantásticos. Considera que la literatura fantástica es la única que necesita de lo sobrenatural para funcionar. Desde la otra perspectiva, qué define la ciencia ficción y a la vez lo separa del fantástico? Dice el Dr.Fernando Ángel Moreno de la Universidad Complutense de Madrid:

“…De este modo, podemos insistir en que el rasgo dominante de la ciencia ficción no es un rasgo temático, sino una «forma interior». Para este término, parto del concepto de Dámaso Alonso (1950: 33), adaptado por García Berrio (1998: 37). Así cada género no realista, irregular, como queráis llamarlo…, se basa en una forma interior regida por unas cláusulas diferentes —que comprendería lo que denomino un «contrato de ficción»— para exigir el cumplimiento del pacto de ficción.

El fantástico, por ejemplo, exige unas cláusulas por las que la entrada y la salida se basan en una determinada visión de las relaciones entre campo referencial externo y campo referencial interno; la ciencia ficción, en otras cláusulas diferentes que parten de que la realidad existe y de lo que soy y de lo que podría ser. Esto desde luego rompe con los planteamientos que defienden que los distintos géneros literarios tienen que ver con visiones del mundo por parte del autor. Lo que emplean los autores en realidad es esas perspectivas según el caso, pero no tiene por qué representar su opinión acerca del mundo. La línea de Stapledon podemos usarla para un texto literario, pero no tenemos por qué creer en ella para escribir una novela. La usamos para un cierto contrato de ficción…”

¿Pero, de qué hablamos cuando hablamos de fantástico? Voy a dejar de lado la definición de Todorov, que exige  la duda del lector con respecto al elemento sobrenatural para que un texto pueda ser llamado fantástico, y establece las categorías de maravilloso, extraño y  todas las intermedias.  Esa definición tan restringida no es útil para aplicar a la literatura argentina, donde todas esas categorías aparecen mezcladas y confundidas en buena parte de los autores y de los libros de cuentos y aún dentro de una misma novela. Acercándome más al uso común de la palabra, al menos en español, prefiero llamar narrativa fantástica a la ficción de lo imposible, de lo que no tiene ni exige justificación racional

En Argentina la narrativa fantástica no es considerada un género, es literatura a secas. Tal vez por eso admite todas las técnicas, desde las del realismo tradicional hasta los experimentos formales de la vanguardia. Es difícil para un autor argentino escapar a la tentación de lo fantástico, que infiltra todos los demás géneros.

Para finalizar, las palabras de Gardini:

“…sin duda que lo fantástico puede ser un buen recurso para escapar de la censura, pero para mí no es un recurso ni un género, sino un enfoque, un encuadre que permite ver más de lo que vemos habitualmente. La falta de imaginación me aburre…”


BIBLIOGRAFÍA

  • AMIS KINGSLEY. El universo de la ciencia ficción. Madrid, Ed. Ciencia Nueva, 1966 (Versión española traducida de: New Maps of Hell: A Survey of SF. New
  • SHUA, Ana María – CABEZÓN CÁMARA Gabriela, – VANOL, Hernán – IIII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE LITERATURA FANTÁSTICA
  • BARRENECHEA, Ana María, “Ensayo de una tipología de la literatura fantástica”, en Cuentos fantásticos Hispanoamericanos , Buenos Aires, Huemul, 1980
  • CORTÁZAR, Julio, “El sentimiento de lo fantástico”, en La casilla de los Morelli, Editorial Tusquets
  • JACKSON, Rosemary, “Fantasy: Literatura y subversión”, Buenos Aires, Editorial Catálogos.
  • ICTMU – Primer Congreso Internacional de literatura fantástica y ciencia ficción
  • JARAMILLO Oswaldo L, Jornadas Ciencia Ficción- Género Fantástico
  • MORENO, Fernando Ángel de la Universidad Complutense de Madrid: La Ficción Prospectiva: Propuesta para una delimitación del género de la Ciencia Ficción

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