La muerte del pensamiento

Sobre La muerte y la brújula, de J. L. B.

Toda gran obra determina la existencia de dos géneros, la realidad de dos normas: la del género que transgrede, dominante en la literatura precedente, y la del que crea.
Tzvetan Todorov

Lonnrot consideró la remota posibilidad de que la cuarta víctima fuera Scarlach. Después la desechó. Virtualmente, había descifrado el problema; las meras circunstancias, la realidad (nombres, arrestos, caras, trámites judiciales y carcelarios), apenas le interesaban ahora.
La muerte y la brújula

Introducción

Este cuento de Jorge Luis Borges fue escrito en 1942 y publicado primero en la revista Sur y luego en el libro ficciones, uno de los libros esenciales de su poética. Se inscribe dentro del género policial inglés, pero a su vez subvierte sus características principales, y produce en cierta medida, su clausura. Por empezar el detective, un razonador puro, se equivoca en su investigación y cree que está a punto de detener al asesino, cuando en verdad cae en la trama urdida por este y termina muriendo. No es sólo la muerte física del detective en el cuento, es también la muerte de una forma de entender la realidad, de pretender dominarla . Inaugura, tal vez sin saberlo, el policial moderno argentino, ya que introduce la crítica al pensamiento abstracto desligado de la realidad, además multiplica la intertextualidad, aludiendo a problemáticas religiosas, filosóficas y epistemológicas, que no eran frecuentes en esa época en el género policial. Por otra parte introduce un comisario, Trevinarus, un hombre simple, cuyo saber está basado en la experiencia y que rinde culto al sentido común. Discute con el detective Lonnrot y piensa que “no hay que buscarle tres pies al gato”. Borges incorpora este investigador muy diferente a su modelo inglés. Sin duda, resultaba más verosímil un comisario con una inteligencia práctica, no muy instruido ni culto, pero gran conocedor del alma humana. Además esta operación literaria la llevó a cabo con otros géneros populares, como la poesía sentimental con el libro Evaristo Carriego, demostrando que los géneros no son límites infranqueables, sino que en la frontera y el cruce entre ellos, es posible construir una nueva estética. Por eso Ricardo Piglia llega a decir que: “La muerte y la brújula es el Ulyses del relato policial”. Es un texto que lleva a los límites el imaginario del policial inglés para mostrar luego su imposibilidad de existencia en el mundo actual. Nos muestra que siguiendo el método deductivo, el pensamiento lógico que desprecia el azar y la contingencia, se encuentra la muerte.brujula1

Breve historia del género policial

El género policial surge en Estados Unidos con Edgar Allan Poe, quien crea las bases del género y marca las dos tendencias que serán predominantes: el crimen cometido en un cuarto cerrado (aparece en Los crímenes de la calle Morgue en el que dos mujeres son asesinadas en París. La habitación en la que se ha cometido el crimen está cerrada con llave desde adentro, está ubicada en un segundo piso y las ventanas –también cerradas- dan al vacío. ¿Cómo pudo entrar y salir el asesino sin ser visto? ), y el otro tema es la invisibilidad de lo evidente (aparece en la carta robada. Alguien ha sustraído una carta comprometedora para cierta dama importante con la intención de chantajearla. La policía fracasa en su investigación, entonces recurren a Dupin, que en la primera visita descubre el objeto buscado, justamente en el lugar más visible, pero en el que nadie había reparado. La carta se había vuelto invisible a fuerza de estar demasiado en evidencia). El género policial rápidamente se expande en Inglaterra, donde alcanza una gran popularidad. Allí cobra vida el detective quizás más famoso del policial inglés, Sherlock Holmes, creación de Arthur Conan Doyle.brujula2

Algunas características del género policial de enigma inglés

1)Hay una dupla integrada por un investigador y un ayudante. El investigador representa la inteligencia lógica y el ayudante representa el sentido común. En el cuento de Borges, hay una dupla pero invertida, el investigador no se da cuenta que la resolución del enigma es una trampa, un laberinto y que la víctima será él mismo y el ayudante (en este caso el comisario Trevinarus) termina acertando con sus pronósticos. Unos ejemplos: “Todos sabemos que el Tetrarca de Galilea posee los mejores zafiros del mundo. Alguien para robarlos, habrá penetrado aquí por error. Yarmolinsky se ha levantado; el ladrón ha tenido que matarlo. ¿Qué le parece? Posible, pero no interesante –respondió Lonnrot”. Tenía razón, ese primer crimen fue accidental. “¿ Y si la historia de esta noche fuera un simulacro?”. Se refiere a la tercer muerte, que efectivamente había sido un simulacro, necesaria para luego completar la serie con el cuarto crimen.

2)El detective del policial inglés está apartado tanto de la institución policial como de la familiar. Investiga como un desafío intelectual, como un hobby, no es un trabajador a sueldo. Es un dandy, un gentleman. Es célibe, no aparece ningún vínculo familiar, como si no tuviese ninguna tradición en la cual reconocerse. El investigador representa la razón pura, emplea el método deductivo, plantea la razón como la forma de dilucidar todos los misterios (es contemporáneo del positivismo, escuela científica predominante en el siglo XIX y que sostenía el progreso ilimitado de la ciencia y el control absoluto de la naturaleza). Es un experto en causalidad: recorre el camino inverso al efectuado por el delincuente: va de los efectos a las causas descubriendo los móviles del crimen. Lonnrot tiene ese modelo de investigador: “Lonnrot se creía un puro razonador, un August Dupin, pero algo de aventurero había en él y hasta de tahúr”. En este caso el gran conocimiento intelectual lo conduce a la verdad, la que había negado durante toda su vida, la verdad de su vulnerabilidad, de su error, la verdad de la muerte, que ya no puede eludirse con paradojas o con razonamientos abstractos o meramente interesantes.

3)La utopía del género es el crimen perfecto. Significa que es una aspiración criminal que siempre fracasa ante la inteligencia superior del detective. En el cuento, se transgrede, ya que se produce el crimen perfecto. El detective termina muriendo. Lo logra porque el criminal termina amoldándose al detective. El criminal introduce en la realidad, los elementos gratos a la búsqueda del detective. Convierte lo que es ficcional e interesante en teoría para Lonnrot en crímenes reales.

4)Hay dos historias: la historia del crimen y la historia de la investigación. Una es retrospectiva y otra es prospectiva. En el cuento de Borges, al final se unen ambas historias, ya que el último crimen se refiere a la resolución del enigma, los cuatro puntos cardinales y las cuatro letras que conforman el nombre de Dios.

5)El bien siempre triunfa y el mal es castigado. Plantea el imperio de la justicia en la sociedad no como un ideal, sino como un hecho verificable. Otra transgresión, triunfa el criminal. El final es estremecedor porque muestra la aplicación de la inteligencia ( como la anticipación de las estrategias deductivas del rival) para lograr la venganza a través del crimen.

6)El crimen aparece como una anormalidad, como una excepcionalidad, que rápidamente hay que combatir para que la sociedad vuelva a su estado “armónico”, burgués, (la Inglaterra victoriana del siglo XIX). En el cuento de Borges, sin duda el crimen es original en su planteamiento, aunque termine siendo un simulacro, un dispositivo ficcional para atrapar al detective. Acá hay una visión aguda de la sociedad, muestra cómo una ficción (la hipótesis religiosa) puede desnudar el carácter ficcional de la verdad en el mundo actual. En el cuento, los medios masivos, las pistas falsas, las pasiones oscuras (la venganza) que ocultan un andamiaje intelectual.

7)El narrador es el ayudante. Es quien escribe los casos que el investigador ha resuelto. Este personaje cumple dos funciones: es el narratario (es el oyente de las aventuras que el investigador le relata) y por otro lado es el narrador. En esa distribución de roles, no parece menor que el poder discursivo lo posea el ayudante, ya que aquel que lo construye como héroe a través del lenguaje es su acompañante. Poder de las ideas y poder de la palabra como complemento, pero al mismo tiempo escisión, ya que no están presentes en una sola persona. En el cuento hay un narrador omnisciente que va narrando las acciones y también los sentimientos de Lonnrot y de Scarlach. El punto de vista al comienzo es más cercano al investigador para acercarse a Scarlach al final, cuando explica su plan criminal. “Lonnrot evitó los ojos de Scarlach. Miró los árboles y el cielo subdivididos en rombos turbiamente amarillos, verdes y rojos. Sintió un poco de frío y una tristeza impersonal, casi anónima” y “Lonnrot oyó en su voz una fatigada victoria (se refiere a Scarlach), un odio del tamaño del universo, una tristeza no menor que aquel odio”.

El policial fue una de las respuestas a las nuevas configuraciones sociales y desplazamientos demográficos producidos por la revolución industrial. La población se concentró en las ciudades, lo que trajo aparejado una nueva experiencia de la subjetividad y una concentración urbana, hasta ese momento desconocida. En estas nuevas sociedades masificadas, cada integrante era un desconocido para los demás y el anonimato favorecía al criminal que podía esconderse entre la masa y pasar inadvertido. Para   combatir el delito fue necesaria la creación de una policía local. El periodismo de esa forma, encontró nuevas historias para llevar al gran público. La literatura policial al principio ficcionalizó algunos casos policiales resonantes, como hizo Poe. El género policial desde un comienzo como Jano tuvo dos caras. Una miraba hacia el propio sistema literario, y a través de su evolución es posible entender su forma de funcionamiento. La otra miraba hacia la sociedad y se sumergía en sus zonas más oscuras y sórdidas. También dos caras tiene porque por un lado se orienta hacia la epistemología, hacia la literatura alta y por otro se derrama hacia la prensa amarilla y su interés popular por el crimen. El policial, es sin duda, un relato sobre el crimen y la verdad. Hay una transgresión a la ley y una indagación para descubrir y sancionar esa transgresión. Además, la verdad pertenece al mismo universo de las acciones que el relato cuenta. Ninguna verdad puede leerse en otro nivel textual que no sea la verdad de los hechos. De ese modo, se cancela la verdad como un cierto efecto del trabajo de la enunciación discursiva. Más allá de los enigmas de la trama, no hay verdad. Este pacto de lectura propone el policial.brujula3

El título

El título alude a la relación entre el número 3 y el 4. La muerte se asocia al 3, vinculada con el número de muertes reales, las cuales presentan una simetría lingüística, temporal y espacial. Simetría lingüística porque después de cada muerte, el asesino deja una frase enigmática, pero que se inscribe en una serie (las cuatro letras del nombre de Dios, aunque en verdad después del tercer crimen dice que la última letra del nombre ha sido articulada), simetría temporal porque las muertes ocurren siempre el día 3 de cada mes y simetría espacial porque las muertes se suceden de acuerdo a los cuatro puntos cardinales. El 3 aparece en la fecha de los crímenes, en la figura geométrica (el triángulo equilátero), también son tres las letras del nombre del asesino “Red” (que había amenazado de muerte a Lonnrot), 3 es también el tercer congreso talmúdico al que asistía Yarmolinsky, él también luchó 3 años en los Cárpatos y soportó 3000 años de opresión y de pogroms. La brújula se asocia a los 4 puntos cardinales (cada uno de los crímenes se produce en un punto cardinal), a la exactitud del método científico, al método deductivo que lleva adelante Lonnrot, a la trampa tendida por Scharlach. El 4 aparece en el tetrarca de Galilea (aquel al que pensaban robar para apoderarse de los zafiros), el tetragramaton (las cuatro letras del nombre de Dios), el rombo (es la unión de los dos triángulos), el día real de los crímenes (los hebreos computaban el día de ocaso a ocaso (como las muertes se produjeron de noche, entonces en vez de ser el día 3, fueron el 4). Por eso podríamos decir que el título refiere a la relación entre los puntos cardinales y la muerte (relación por cierto engañosa), ya que la hipótesis religiosa, es en verdad una forma de atraer al detective hacia un enigma intelectual que oculta una pasión más prosaica, la de la venganza. También el título puede ser interpretado como dos series distintas: por un lado la muerte y por otro la brújula. En la ambigüedad del título hay implícita una teoría de la lectura. Para Lonnrot la muerte sólo tiene lugar si hay un conjunto de signos que la inscriben en una serie lógica, que debe tener interés y causalidad. El detective Lonnrot aparece ironizado ya desde los primeros párrafos: “De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lonnrot, ninguno tan extraño- tan rigurosamente extraño , diremos- como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta Triste Le Roy entre el interminable olor de los eucaliptos. Es verdad que Erick Lonnrot no logró impedir el último crimen, pero es indiscutible que lo previó . Tampoco adivinó la identidad del infausto asesino de Yarmolinsky, pero sí la secreta morfología de la malvada serie y la participación de Red Scharlach, cuyo segundo apodo es Scharlach el Dandy.”

Teoría de la lectura

Plantea una teoría obsesiva de la lectura, en la que el sentido es preexistente al transcurrir de los hechos. Entonces, Lonnrot no ve un muerto, sino un rabino muerto, prefiere por lo tanto razones rabínicas. Se desentiende del azar, transformándolo en algo a descifrar. La ironía aparece porque el saber erudito del detective anticipó el último crimen, pero no pudo evitarlo (él mismo sería la víctima). Después agrega que anticipó la morfología de la serie, pero no la identidad del asesino. Por eso la fascinación por el plano de las ideas, le hace creer que la realidad es sólo una construcción del pensamiento, y ella tiene la obligación de ser interesante, de poseer un orden lógico, una secuencia que pueda ser descifrada por el razonamiento. Diría más, Lonnrot llega a pensar que el victimario (Scharlach) va a ser la cuarta víctima. Su pensamiento lo lleva precisamente a la antítesis de lo real, ya que Scharlach será el victimario.

Las tres formas de pensamiento

a)Pensamiento causal (teoría determinista). Todo hecho está inscripto en una serie de sentido, que es cronológica y lógica. Hay causas y efectos, es decir lo que ocurre tiene una motivación y un orden. Está vinculado con el método deductivo. El mundo tiene un orden que el pensamiento lo puede descifrar, ya que está sujeto a la lógica, y la razón es la indicada para iluminar la oscuridad del caos. Lonnrot representa este tipo de razonamiento. Demuestra al final su fracaso, cuando convierte al plan de venganza en un laberinto de una sola línea, en la cual él como antes, otros filósofos puede perderse (la paradoja de Aquiles y la tortuga)

b)Pensamiento casual. Introduce el azar en la forma de descifrar lo real. Cuando no hay relación causal entre los fenómenos, aunque cada uno tenga una causa que actúe de modo necesario. Se opone al determinismo. Lo sostiene el comisario Trevinarus. En este planteo, el pensamiento incorpora lo impredecible, lo azaroso, lo arbitrario. Trevinarus intuye los hechos, no los piensa y llega a lo real. Para él, la serie termina con el tercer crimen, también intuye que el tercero fue un simulacro. Emplea el sentido común y se ríe del afán bibliófilo de Lonnrot y su negación de los indicios materiales que aparecen en el lugar del crimen. “Soy un pobre cristiano –repuso- Llévese todos estos mamotretos, si quiere” o “No me interesan las explicaciones rabínicas; me interesa la captura del hombre que apuñaló a este desconocido

c)Síntesis de causalidad y casualidad. Este pensamiento incorpora la razón lógica, vinculada con las categorías conceptuales que dan sentido al mundo, pero también toma en cuenta el azar, lo imprevisible, como hace Scharlach. El error de Azevedo (se equivoca de habitación y en vez de ingresar en el cuarto del Tetrarca de Galilea lo hace en la habitación de Yarmolinsky, un estudioso del Talmud), la nota que dejó Yarmolinsky en la máquina de escribir cuando lo sorprendió la inesperada irrupción de Azevedo, es utilizada por Scarlach para armar la hipótesis del crimen religioso. Tenía un plan de venganza, pero lo adapta y lo modifica según las circunstancias.

La serie de crímenes

1)Primer crimen. Lugar: en el norte (Hotel Du Nord), fecha: 3/12, víctima: Yarmolinsky (estudioso de la religión, el pentateuco y la cábala), forma de morir: una puñalada en el pecho. Causa: el azar (ya que en verdad Azevedo buscaba al tetrarca y entró por error en la habitación del religioso). Hay una frase que utiliza el asesino: “La primera letra del nombre ha sido articulada

2)Segunda muerte. Lugar: en el oeste (antigua pinturería), fecha: 3/1. Víctima: Azevedo (pasó de carrero a guapo electoral para degenerar luego en ladrón y hasta en delator). Forma de morir: una puñalada en el pecho. Causa: traición de Azevedo (quiso robar solo los diamantes, desconociendo al jefe Scharlach). Frase: “La segunda letra del nombre ha sido articulada”.

3)Tercera muerte. Lugar: el este (Taberna de la Rue de Toulon). Fecha: 3/2. Víctima: Gryphius (en verdad Scharlach disfrazado) fue tan solo un simulacro. Frase : “La última de las tres letras del nombre ha sido articulada”.

4)Cuarta muerte. Lugar: el sur (Quinta Triste Le Roy) Fecha: 3/3. Víctima: Lonnrot (creyó que Scharlach buscaba el nombre secreto de Dios, sin pensar que él sería la última víctima) Forma de morir: disparos con arma de fuego. Causa: venganza (tres años antes había encarcelado a su hermano y herido al propio Scharlach). Lonnrot creyó que la solución de la serie de crímenes estaba relacionada con el nombre de Dios JHVH o YHVH, que tiene cuatro letras. Lo que hace es completar a partir del triángulo, la figura del rombo para determinar el cuarto punto cardinal, en el sur, sin saber que allí lo esperaría Scarlach para asesinarlo.

El plan de venganza

Scharlach constaba de los siguientes elementos: un laberinto, un heresiólogo muerto, una brújula, una secta del siglo XVIII (los Hasidim eran una secta que buscaba afanosamente el nombre de Dios y llegaron a cometer sacrificios humanos para encontrarlo), una palabra griega (tetragramaton), un puñal (las dos primeras muertes) y los rombos de una pinturería (segunda muerte). Además, contaba con el conocimiento del método empleado por Lonnrot.

La hipótesis religiosa

Primero fue planteada por Lonnrot, luego la prensa publica las líneas de investigación en las que trabajaba el investigador. La prensa comenta que Lonnrot se había dedicado a estudiar los nombres de Dios para dar con el nombre del asesino. Scarlach lee esa nota. Más tarde un editor aprovecha el crimen y publica una edición popular de la historia de la secta de los Hasidim. Scarlach lee el libro y allí encuentra otra de las claves. Allí se dice que: “ el miedo reverente de pronunciar el Nombre de Dios había originado la doctrina de que ese nombre es todopoderoso y recóndito. Supe que algunos Hasidim, en busca de ese Nombre secreto, habían llegado a cometer sacrificios humanos… Comprendí que usted conjeturaba que los Hasidim habían sacrificado al rabino; me dediqué a justificar esa conjetura.” Lonnrot va desdeñanado una y otra vez los indicios materiales y se centra en la nota que estaba escribiendo la primer víctima, Yarmolinsky. La nota decía: “La primera letra del nombre ha sido articulada”. Ello lo lleva a profundizar la hipótesis del crimen religioso. Estudia las virtudes y terrores del Tetragramaton, el inefable nombre de Dios, la tesis de que Dios tiene un nombre secreto, la tradición enumera noventa y nueve nombres de Dios; los hebraístas atribuyen ese imperfecto número al mágico temor de las cifras pares; los Hasidim razonan que ese hiato señala un centésimo nombre, -el nombre absoluto. A medida que avanza el cuento se va mostrando la escisión entre su estudio de los libros sobre religión y las evidencias materiales que encuentra Trevinarus. “Bruscamente bibliófilo o hebraísta, ordenó que le hicieran un paquete con los libros del muerto y los llevó a su departamento. Indiferente a la investigación policial, se dedicó a estudiarlos” o “De esa erudición lo distrajo, a los pocos días, la aparición del redactor de la Yidische Zitung. Éste quería hablar del asesinato; Lonnrot prefirió hablar de los diversos nombres de Dios.” “Trevinarus leyó con resignación ese argumento more geométrico y mandó la carta y el plano a casa de Lonnrot –indiscutible merecedor de tales locuras.” “Virtualmente, había descifrado el problema; las meras circunstancias, la realidad (nombres, arrestos, caras, trámites judiciales y carcelarios) apenas le interesaban ahora.” Aun cuando se encuentra con el asesino, cree que la resolución tiene que ver con un desafío intelectual, entonces choca bruscamente con la realidad.

“Scharlach ¿usted busca el nombre secreto? .No –dijo Scharlach. Busco algo más efímero y deleznable, busco a Erik Lonnrot. Hace tres años, en un garito de la Rue de Toulon, usted mismo arrestó, e hizo encarcelar a mi hermano. En un cupe, mis hombres me sacaron del tiroteo con una bala policial en el vientre….En esas noches yo juré por el dios que ve con dos caras y por todos los dioses de la fiebre y de los espejos tejer un laberinto en torno del hombre que había encarcelado a mi hermano. Lo he tejido y es firme.”

Los dos laberintos

En el final del relato, Scharlach le cuenta su plan criminal y Lonnrot persiste en su idea de que el pensamiento es una fortaleza inexpugnable y que no puede ser afectado por la realidad. Esto lo representa Borges a través del enfrentamiento entre dos visiones del laberinto. Una, la de Scharlach, es la concepción del laberinto que encuentra Lonnrot cuando llega al último punto cardinal de la brújula, al sur. “Por antecomedores y galerías salió a patios iguales y repetidas veces al mismo patio. Subió por escaleras polvorientas a antecámaras circulares; infinitamente se multiplicó en espejos opuestos; se cansó de abrir o entreabrir ventanas que le revelaban, afuera, el mismo desolado jardín desde varias alturas y varios ángulos; adentro, muebles con fundas amarillas y arañas embaladas en tartalán. La casa le pareció infinita y creciente.” La sensación de laberinto como metáfora del universo, es un anticipo de la pérdida del sentido de trascendencia, y de la desconfianza hacia los sentidos que pueden darnos una visión equivocada de lo real. Lonnrot buscaba superarlo a través de la creencia en la omnipotencia del pensamiento.

Lonnrot opone otro laberinto, el laberinto de la pérdida el de la paradoja de Aquiles y la tortuga, para demostrar que el movimiento es una ilusión. Aquiles el héroe griego que participó en la Guerra de Troya se embarca en una carrera con una tortuga. Le da una importante ventaja, pero nunca puede alcanzarla .

Aquiles, el atleta más veloz, capaz de correr los 100 metros en 10 segundos, no podrá alcanzar a una lenta tortuga, diez veces menos rápida que él. Ambos disputan una carrera, concediendo Aquiles una ventaja de 100 m. a la tortuga. Cuando Aquiles ha cubierto esos 100 m., la tortuga se ha desplazado 10 m. Al cubrir Aquiles esos 10 m., la tortuga se ha desplazado 1 m. Mientras cubre ese metro que le separa de la tortuga, ésta ha recorrido 0’1 m. Y así indefinidamente. Así, Aquiles debe cubrir infinitos trayectos para alcanzar a la tortuga. Por lo tanto, Aquiles deberá cubrir una distancia infinita, para lo cual necesitará un tiempo infinito. De tal manera que el desgraciado Aquiles nunca alcanzará a la tortuga.

Es evidente que esta paradoja, bajo una apariencia de razonamiento correcto, esconde algún error. Sabemos que Aquiles debe alcanzar a la tortuga en pocos segundos, pero tuvieron que pasar XXIV siglos para develarla por completo, gracias a la Teoría de Límites. ¿Cuál era el error?: la suposición de que infinitos trayectos deben sumar una distancia infinita y necesitan un tiempo infinito no es correcta. Es decir, una suma de infinitos términos puede dar un resultado finito (cálculo infinitesimal). Lonnrot, después de escuchar el plan criminal de Scarlach, persiste en su negación de la realidad y apela a esta paradoja de Aquiles y la tortuga) como una forma de no admitir su fracaso. Hasta el momento de su muerte, cree que si el movimiento es una ilusión, también la muerte puede serlo. Scarlach, con ironía, contrasta la paradoja de Lonnrot con la contundencia del arma que tiene en su mano y que segundos después disparará contra el cuerpo del detective. “Para la otra vez que lo mate –replicó Scharlach- le prometo ese laberinto, que consta de una sola línea recta y que es invisible, incesante. Retrocedió unos pasos. Después, muy cuidadosamente, hizo fuego.”


 

Bibliografía:

Borges, J, L. (1974) La muerte y la brújula en Obras Completas, Emecé, Buenos Aires.

Piglia, R. (2006) Sobre el género policial en Crítica y ficción, Anagrama, Barcelona.

Martinez, G. (2005) La muerte y la brújula en Borges y la matemática, Eudeba, Buenos Aires.

Braceras , E y Leyour. (2010) Introducción a Cuentos con detectives y comisarios, Colihue, Buenos Aires.

Link, D, compilador. (1992) El juego de los cautos. La literatura policial: de Poe al caso Giubileo, La marca, Buenos Aires

 

 

 

 

Comments are closed.