La decisión de leer

Zdzis?aw Beksi?ski

Análisis del relato “Hacia la Hora Ajena” del autor Yi In Seong,  el cual forma parte de un libro con el mismo título que contiene cuatro relatos. Por las singulares características estéticas de este texto, no está dirigido para lectores ávidos de una literatura “ligera”, sino más bien está dirigido a quienes desean atravesar una experiencia literaria.

Dos o tres escenas. Dos o tres personajes. Dos o tres finales. Todos contenidos en uno solo. Alguien dijo que Yi In Seong no escribe, tartamudea. Pocas definiciones son tan contundentes.

El relato (podría animarme a decir la novela, si acaso fuera importante definirlo) de “Hacia la hora ajena”, es el cuarto texto que lleva la responsabilidad de prestar su título al libro. Una descripción clásica y simplista me llevaría a decir que son cuatro textos escritos entre 1973 y 1974 y comparten como protagonista a un soldado anónimo, quien debe volver a su casa luego de la muerte de su padre, dado que conforme las normas de su país, los hijos únicos de padre fallecido, deben volver a su casa a cuidar de su familia.

Nos cuenta el autor que este joven ha participado en huelgas universitarias. Que hacía teatro. Que además de estar militarizado, está preso por esas circunstancias. Que estaba enamorado. Y su amigo lo visita acompañando a su novia quien le dice que  lo deja porque se enamoró de su amigo.

Este joven soldado, además, intenta suicidarse.

El relato cuenta los mismos sucesos, una y otra vez, como un perturbador interrogatorio al lector. Cada vez, la historia es contada desde un lugar distinto, o desde una persona distinta o también desde un otro que es, en definitiva, él mismo. Sólo está quieto el tiempo. Su reloj siempre marca la misma hora. Y el paisaje. El mar, la nieve, el bosque, la ciudad semimuerta en invierno se mantiene intacta como el telón de una obra que cada vez es representada de manera diferente.

Perturba, hiere, sacude la simple lectura. No es posible penetrar en la hora ajena si no tomamos la decisión de sentarnos con la responsabilidad de leer asociada a la lucidez de gozar.

Las escenas de vigilia, sueño e inconsciencia se mezclan silenciosamente. Como engañando a un lector desprevenido. En realidad cuenta la misma escena desde varios estados:

 “…Encontré una pareja con los brazos entrelazados delante de la sala de exhibición de la casa de modas en la calle de enfrente. La mujer apoyó su rostro sobre el hombro del hombre, luego lo retiró y miró al hombre.

Él la miró. Semicerré los ojos por el frío. Salía vapor por mi boca.

Tú, tomando mi mano reclinaste tu cabeza en mi hombro por un momento. Habrías estado cansado. Observaste nuestra figura reflejada en el vidrio de la sala de exhibición y me miraste. Miré tus ojos. En ese momento lo confirmé. Sin duda, estabas conmigo. El cristal de la sala de exhibición reflejaba fría y sencillamente tu compañía.

– Quiero matarte, y…- solté las palabras…Fuimos a la Cafetería Máscara…”

 Reúne una escena del presente, y la convierte en objeto de su alucinación:

“…La silueta lejana del lago está clara, y las luces brillan en el extenso campo acuático y congelado. En esos rayos claros del sol, hay una neblina verde. Yo,

lo dejo todo y ÉL. En un instante (¡!) por fin la espera se llena. Superando un horrible vértigo…El árbol que su mano toca casualmente le transmite un tacto extraño…”

Aquí mezcla dos sueños diferentes, es decir toma elementos de una situación, y sin mediar espacio alguno, los trasvierte a una nueva situación:

“…Estoy parado solo frente al silencio invisible. En medio de un camino desolado, co…rre…el…tiem…po… constantemente…Un viento está por desaparecer…Me doy cuenta de que mi mano izquierda está levantada. Miro el reloj. Doce menos nueve ¡Caramba! El reloj está parado…El reloj está muerto, digo hacia mis ojos…”

 “…Hay un torbellino, sube una columna de agua como piedra, se mueve el mundo negro del agua. No es el cielo, no es la profundidad, no es el precipicio, no es una sección, no es un espacio. Un estado jamás experimentado hasta ahora, algo de algo imposible aclarar. No se puede gritar, no se puede patalear. Un temor tremendo ah ah ahhhhhhhhh.

Abrí los ojos…vi dos fuegos parpadeantes en el aire… ¿Tú? Tus dos ojos me estaban mirando dándoles la espalda a las luces del amanecer.

– ¿Soñaste?- me preguntaste en voz baja. – Creo que sí.  Al contestarte temblé por el escalofrío que me penetraba hasta los huesos…”

Ahora en su delirio, el narrador dice que ELLA compra un pasaje y se va a Seúl. Más adelante, nos confirmará que es él quien tomará ese tren, a la misma hora.

“…Tú te fuiste. Tú que habías comprado el boleto de tren para las diecinueve horas y cincuenta minutos…”

A la vez, vuelve sobre sus pasos, toma un objeto y una escena de la realidad y la incorpora a otra escena:

 “…Levanté mis manos para tocar mi cara, en ese instante descubrí que seguía con los guantes puestos. Me los quité. Como dos negras manos postizas se cayeron al piso de la habitación…”

y, en otra parte:

“…descubro que todavía sigo con los guantes. Me quito los pesados guantes. Caen manos cortadas al abismo del fondo del cuarto muy remoto…”

Dante & Beatrice por Anna Carll

Como un punto de equilibrio invariable dentro del texto, todas las descripciones de que refieren al paisaje exterior son similares, con independencia de su forma parte de un sueño o de la realidad:

 “…En la calle parecía haber una invisible neblina gris. Los rayos del sol…cubrían los colores del mundo. Sólo se veían grandes las cabezas  negras de la gente que caminaba con dificultad  en medio de la niebla…”

 “…Sobre el río congelado, los rayos solares se encendían con el color de la leche. Ese fuego se expandía hacia abajo sobre las piedras planas gris oscuro…Parecían una expresión de pasión de la  tierra que recibía al cielo con los brazos abiertos. El cielo seco del invierno se doblaba…El paisaje parecía estar escondido infinitamente dentro de ese punto…”

 “…El paisaje se queda inmóvil completamente. Allá lejos las montañas están flotando sobre los rayos solares del invierno. Están muy suaves, como varias capas de suaves pinceladas…”

“… En esa niebla de nieve esparcida sobre nosotros sale el arco iris…, infinitos puntos de sol saltan…pedazos de hierro plateado bailan… el cielo nos apuntala y el mar ondea en la cabeza, millones de agujas filosas de pinos vuelan por el aire y caen al mar, la sangre verde cae en gotas, por la sed levantamos la cabeza y bebemos esa sangre…

El narrador sigue jugando. Detrás de la escena en sí, está la teoría. En el siguiente extracto, muestra, “nos muestra”, la multiplicidad de objetos en un solo objeto. El buzón es un objeto blanco, pero  también es un objeto con partes verdes, puntas oxidadas, algo que tiene un escudo y unas letras, Como una mosca ve desde distintos ángulos la misma cosa, y sin embargo no son la misma descripción. Algo subyace en la diferencia que los unifica. Reconstruye desde las distintas instancias la idea de ese objeto, en este caso le sirve de pretexto el buzón:

“…Bajé la cabeza. Vi un objeto blanco en una mano. Era el sobre de una carta. Me pareció ajeno. Lo manoseé…”

 “…El pequeño local del correo de la playa, abierto sólo en verano, estaba cerrado…Después de unos veinte minutos de caminata…allí había un buzón de cartas. El buzón estaba solitario. Era sólido. Si la soledad llegara a tener una figura, debía ser el buzón…Preocupado por el sonido que pudiera producir la carta al caer…la metí lentamente…”

 Inmediatamente después entra a un bar que está junto enfrente del buzón:

Entré y…miré al buzón a través de la ventana. Era de metal…En la parte de arriba tenía un arco unido con una caja…La parte superior  estaba pintada de rojo, la inferior de verde. Había letras de color blanco y la insignia del correo…Cuando estuve delante del buzón ese color blanco quizás habría ocupado un rincón de mi vista. Quizás lo habría mirado de frente. Sin embargo, mi vista sólo habría visto algo abstracto descuidando su forma…¿Qué era ese algo abstracto que  vi? …Cierto. Cuando estuve de frente no vi esa parte grande y oxidada. ¿Qué era lo que había visto? Como para ahuyentar la imagen, cerré los ojos. La imagen del buzón entró por los párpados…

 Aquí juega con nosotros, pide una hoja de papel y finalmente hace un avioncito

“…Dos cafés y un papel, por favor…”

“…De golpe, me asusté…Una fuerza desconocida me llevó hacia el buzón de la esquina…-¿Qué mirás? me preguntaste- Pues este buzón -¿Por qué? – No sé. Tapando con el silencio las cosas desconocidas, comenzamos a caminar…”

 “…Me doy cuenta de que mi mano derecha está levantada inconscientemente hacia la frente y veo en ella un objeto blanco. Es un sobre…Levanto con dificultad un pie atado en la cadena del abismo y lo saco hacia adelante. Se arrastra la cadena…Grosor del espacio a nivel plano. La presión de ese grosor… ¿Cómo puedo empujarlos para avanzar hacia el buzón que está detrás de ellos?… Sin respirar me acerco al buzón. Meto allí apresuradamente la carta. me doy vuelta, doy unos pasos pero giro hacia el buzón como si recordara algo…. Nada, entonces se oye el llanto de los símbolos…”

Parece apelar al lector que entre al texto y le explique lo que no recuerda. Le está pidiendo al lector que cargue de sentido esa escena. Por  eso “el llanto de los símbolos”, una paradoja, ¿lloran símbolos  vacíos de contenido? ¿Cómo son, entonces símbolos?

Finalmente

“…Las cartas encerradas dentro de la sólida estructura de metal…a todos los TÚ o ÉL que estarán contentos con esa forma…Ahora me doy cuenta de por qué me habría dirigido otra vez al buzón. Querría sacar la carta que había metido…”

 “…Agarro el bolígrafo mecánicamente. Lo aplasto…El bolígrafo entra dentro del pa…pel…oh… ¿no es papel? Si no es papel, ¿qué es? Profundidad como la neblina…Pienso en muchas letras desaparecidas dentro de la neblina del papel blanco…Sin saber, había enviado allí mis pequeñas vidas hechas con mi propia sangre…Entonces tú, al abrir la carta habrías visto los cadáveres de las letras muertas de cansancio o simplemente un papel blanco sin siquiera los cadáveres…”

La tarea de deshacer para volver a hacer algo diferente con el mismo objeto.

El juego entre las  máscaras y el teatro también forman parte como un eje del relato.

el juego de los soldados, la guerra, las máscaras de ellos, el teatro como identificación. La identidad transcurre a lo largo de estas situaciones, estos pretextos para hablar de sí mismo:

“…En la sala grande, el club nocturno de verano iba a haber una actividad: Baile de máscaras de fin del año del Departamento de Administración Empresarial de la Universidad de Migu…Unas máscaras de papel andaban ocupadas…Desde la sala tenía la canción This Masquerade…”

”…Al final de la callejuela…vi un letrero:”Teatro”. Gira de teatro contemporáneo…Dicha de ayer y desdicha de hoy. Actores:….Cierto, el teatro era el teatro. Acabo de hacer un teatro. Un teatro donde levanté a una persona que no tenía que ver conmigo…”

Ahora, los hechos que pasan en su historia, pasan en la historia de ella.

“…Al caminar por el callejón, encontrarás por casualidad un cartel pegado en un poste: “Gira de teatro contemporáneo”

“…Cada máscara con diferente rostro, estaba paralizada con una expresión de algún momento trágico de su destino… ¿Habríamos pasado el largo espacio de máscaras como un túnel para ir a ese mundo?…

“…Sufriendo por el jadeo que llegaba hasta la garganta, me encontré frente a  la puerta del club de teatro (¿En el autobús, ¿qué habrías pensado?)…La sala estaba vacía…El teatro occidental nació junto a la clase burguesa…Nuestro teatro está en contra del pueblo. Un momento, ese criterio es demasiado simple…Voces acaloradas. Diálogos memorizados con sudor…  Como ese rostro de la máscara. ¿No estamos encerrados en una escena de absoluta inmovilidad?…”

Car Canyon

“…En ese momento, hay una sensación de que el escenario no existe y no puede existir. Junto a esa sensación mirarás tu AHORA y tu AQUÍ evaporados. Las incontables sillas, lugares de toda ausencia. En medio de esa AUSENCIA llena, pellizcando tu brazo recordarás tu misma EXISTENCIA, que reconoce toda la AUSENCIA…ÉL mirará el otro lado del grueso telón…”

“…La gente que empezó a llenar los asientos del teatro conversa, se apagan las luces…Sin embargo, pronto te arrepentirás de estar allí…Eso no es el teatro que hay en tu cabeza…Eso es una réplica del teatro…delante del teatro tú estarás encerrado dentro de tu asiento. Mejor saldrás, te levantarás. Pero te sentarás otra vez…”

Y hay un encuentro con un personaje, él mismo, a través de toda la narración. Se va moviendo, repite las mismas palabras y lentamente  se integran personaje y protagonista, en un camino que va desde la autoridad que le confiere el uniforme militar, a la desolación de un veterano que no encuentra sentido a la vida, para finalmente el derrumbe de un joven dado de baja de la milicia, cuya historia, su historia, la cuenta el protagonista.

Elegí esta secuencia de  otras muchas, para describir cómo enfoca la destrucción de una línea narrativa, para deconstruirla nuevamente:

“….En el borde del mar que no podía aguantar se formaba la espuma con sonidos de invisibles luces transparentes…Lentamente, tocando tu hombro, busqué tus ojos. En ese instante mis oídos escucharon:¡ALTO!…..A la noche no deben salir a la playa porque es zona de operaciones militares…-¿De verdad? Como llegamos hoy no estamos enterados.-¿Están alojados aquí – Sí, en el hotel Songpa. Cuando dimos algunos pasos, el miltar comenzó a caminar con nosotros.¿Qué operación?, le pregunté. –La zona que frecuentan los espías…”

Así construye el narrador la primera escena. Él y ella , una evocación del pasado.

Inmediatamente después, dice el narrador:

“…Ahora espero que un momento de éxtasis entre plenamente en mi hora vacía…”

Pistas que va poniendo. Inmediatamente después:”…Cuando  llegué a la ciudad de Migu…tuve miedo al imaginar que el interior del autobús frío, vago y sucio se convertiría en el mundo que fui a buscar…Encontré un nombre: Hostal Songpa…”

“…Delante de mí estaba el mar oscuro…Lentamente me agaché para prender un fósforo…En ese instante mis oídos escucharon un grito: ¡ALTO! Estuve vacilando como si recibiera un golpe repentino en la cabeza. …Me llevaron a una ilusión…Levanté las dos manos. Entonces, yo…La voz ronca impidió mi siguiente movimiento:-A ver, documentos….antes de que terminara de hablar comprendí todo. Claro, como es la costa hay que cuidarse de los espías. Mi suposición debía de ser correcta por mi experiencia en el servicio militar…-¿De verdad? como llegué hoy por primera vez- ¿Está alojado cerca de aquí?-Sí, en el hostal Songpa…Cuando me di vuelta el militar comenzó a caminar conmigo…”

Luego, reitera la escena y es otra. El narrador y el militar comienzan a mimetizarse.

“….-Las relaciones con ellos eran como una piedra que crecía…-En realidad echo de menos esa época. Ahora…- Ahora, cierto, ahora- Nada cambió pero todo cambió. ¿Por qué? ¿Cómo llegamos a este fin?… ¿Cuánto habríamos caminando? A nuestras espaldas, se oyeron unos pasos de carrera…Era el militar. Nos detuvimos y nos dimos vuelta… ¿Tiene un cigarrillo?…Al pasarle el cigarrillo me sorprendí de la venda que rodeaba su muñeca. La sorpresa pasó a mi muñeca, la huella de sangre coagulada en la venda, y la sangre coagulada y acumulada debajo de la venda. Tembló la parte baja de mis ojos…”…Ella y yo reanudamos nuestra caminata y él también formó parte del grupo…-¿Vinieron de Seúl?-Sí- También soy de Seúl…-¿Estudiante?-Sí- Me lo suponía. Dicen que esta vez fue fuerte la manifestación, ¿verdad…Dejamos de conversar. Después de mucho tiempo, cambiando de tono, habló: Creo que debo decirles, cuando los vi desde atrás hace rato me parecieron conocidos… ¿Por qué él contaría eso. Al verlo de nuevo, nuestras miradas chocaron. Nos esquivamos. Nos miramos. Se chocó la tensión sin enemistad…Sus pasos fuertes desaparecieron de mi vista…”

 Inmediatamente agrega un cambio de voces para intensificar la escena:

“…-¡Pobrecito!- dices de pronto cuando desaparece completamente de nuestra vista. Este comentario “súbito” impidió el canto lejano de un pájaro; siento frío. Un frío como si me despertara de algún sentimiento de compasión. Reconozco ese breve instante en que desaparece el frío. Luego te respondo con voz que finge indiferencia:- ¿Por qué pobrecito? ¿También pasaste esa etapa?-No, no por eso-¿Entonces?- Pues… Esquivo la respuesta. Me pregunto qué era ese sentimiento de compasión. Quiero saber qué era eso (Quizás tu también habrías querido)Sus pasos militares, un presentimiento vago, su figura, su insignia de hojalata, su rostro, su manera de hablar, la venda ensangrentada que envolvía su muñeca….La esencia de algún sentimiento por una figura se sintetiza en la palabra ÉL. Aclarar. Cierto…De repente todas esas imágenes caen al abismo profundo y oscuro de mi cuerpo. Y quedo parado con el cuerpo vacío. Cuerpo vacío….En mi cabeza se mueve el mar sin forma. El mar, el mar….Tú estás entrando al mar, dándome la espalda…”

Todo ese desarmar y volver a armar deviene en  una nueva lectura intencionalmente dirigida a buscar dentro de un argumento todos los sentidos y posibilidades presentes y no seguidas por el texto mismo, todo lo que el “sentido propio” ha expulsado fuera de su unidad para poder constituirse como tal y que late en su fondo como posibilidad misma de toda deconstrucción, de forma que ya desde este primer momento vemos cómo la diferencia y la multiplicidad son condición de posibilidad de la unidad.

“…Al dar  una vuelta por la entrada, encuentro a un militar sentado en la banca…. Me extiende la mano en silencio Una herida cruza su muñeca entre los guantes marrones y la manga del saco. Cuando le miro el rostro, tiemblo un poco…. ¿Vino de Seúl?- Sí- También soy de Seúl….yo lo interrumpo: Desde el primer momento usted me parecía conocido…”

Es ahora el protagonista quien encuentra conocido al militar

“…Nos despedimos…Cuando él llega a formar un punto del paisaje, siento la punta del cuchillo que resucita con agudeza dentro de mi cuerpo ¡Pasa el tiempo El tiempo de mi cuerpo, el pulso de mi cuerpo, como un segundero exacto…”

Dentro de esta escena onírica, el protagonista hace matar al militar, o sea transfiere su deseo a otro, cada vez más cercano. No elige a cualquiera. A lo largo del relato, también empujará bajo un autobús a una señora, pero ahora él se acerca desde el sueño también al militar, para depositar en él su fantasía.

Hay un hombre y una mujer en su cuarto. El hombre, borracho se queda dormido. La mujer se va. Él le murmura al hombre acerca de su propio miedo. Se acuesta a su lado, enciende la luz y se levanta. Lo despierta:

“…Salimos del hostal y vamos al mar…Le paso un cigarrillo. Enciendo mi cigarrillo y mando una señal con el fósforo hacia el mar…En ese momento se escucha ¡ALTO!. El hombre se asusta. Empujo su espalda y grito ¡Corre!.. Él comienza a correr, presuroso. Yo no corro. Suena el disparo. El hombre en un breve momento queda en el aire con un gesto raro…Estoy con las dos manos levantadas. Una actuación perfecta. …Al darme vuelta soy lanzado hacia lo profundo. Lanzado hacia lo profundo, lentamente  me acerco a ti…”

En la última escena de encuentro, el veterano comenzará a contar la historia del protagonista como la suya propia.

Se marchará y el protagonista terminará de contar la historia puesta en el personaje del veterano, que en definitiva es la suya propia .La comunión ha finalizado:

“…Parece que estamos caminando por la espalda de la Luna…Vemos una figura humana más adelante…había un hombre con un uniforme de veteranos sentado con la cabeza metida en sus rodillas…Las lágrimas ruedan por sus mejillas. En su cara también hay rastros del llanto de mucho tiempo…-¿Puede regalarme un cigarrillo?…Gracias…luego como un rehén que se resigna ante un cuestionario silencioso, comienza:- Estaba llorando-No sé bien por qué me entristezco tanto…-¿Lo dieron de baja?… ¿Por alguna razón especial?…-Falleció mi padre. Como soy hijo único…Nos sentamos donde había estado sentado el veterano y miramos el lago. Comienzo a narrar: Él fue al servicio militar a los veintiún años….tenía que depender del contacto con el mundo que consideraba realidad: la carta…Un día de visita. No lo sorprendieron los visitantes .Eran dos: la que él amaba…y el amigo de ambos. Los dos visitantes eran parte de “ellos”….le tocó escuchar que ella y su amigo estaban enamorados…Como si cortara toda relación con esa realidad, cortó su muñeca con la navaja…Sentados donde estuvo el veterano, miramos el lago. –¿Qué hacer? Todo lo que pasó ya sucedió… El inmenso lago que miramos ahora es un espacio blanco “VACÍO POR EXISTIR”…- Claro, es el inicio. Ya tengo la cicatriz.

Final, o comienzo de otra realidad. Aquel tren que iba a tomar ELLA a las diecinueve y cincuenta minutos, lo toma él. Hay una destrucción de la historia de ella y de él, para pasar a una instancia superadora:

…Reina la fría oscuridad en la plaza frente a la estación de Migu donde espero  la hora diecinueve y cincuenta minutos….Hay un grupo de gente desconocida bajo la luz opaca. Pasan grupos de jóvenes, esos que me mareaban. Pasa el hombre muerto por el disparo de mi sueño. Pasa su enamorada. Pasa el militar con su escopeta. Pasa un veterano…Se paran un hombre y una mujer que acaban de salir del edificio de la estación…”

Todas las situaciones anteriores, los hechos mínimos, como un cartel, un par de guantes, el mar descripto en múltiples instancias, todo desarmado para formar parte de la siguiente escena, como escenografías montadas con los mismos objetos, en este caso, las palabras.

Y esto es así porque, si bien el relato está sostenido por una lógica  conceptual del significado a partir del cual el sentido, como si fuera la sombra del mismo, se repite  idénticamente —al menos en teoría— en todos los otros textos que, como máscara de la diferencia, mantienen esa simetría, esa ficción dentro de la misma ficción que aparenta una desigual distribución lingüística de significantes

Es decir, la identidad de este  relato conforma un texto basado en la lógica del significante por lo cual, aunque repita la exacta distribución sucesiva de los significantes empleados en la escena anterior,  jamás podría ser repetido en ningún otro lugar. Es otro y es él mismo. En última instancia, no hay un sentido correcto y determinado, capaz de ser repetido en un texto posterior, sino que cada lectura del mismo texto supone una significación completamente distinta de la anterior en función de la “decisión” que van tomando los distintos indecidibles. Hay un momento en el cual esa deconstrucción  conforme  lo dicho por  Derrida  en cuanto a los conceptos analizados y tradicionalmente aceptados como tales— va a ser un término ampliamente polívoco cuyo significado únicamente va a poder ser apreciado dentro de un discurso, de forma que la palabra “deconstrucción”, al igual que cualquier otra, no posee más valor que el que le confiere su inscripción en una cadena de sustituciones posibles, en lo que se suele denominar un contexto. Como una sinfonía.

Por otra parte, este planteamiento derrideano en la lectura de los textos conlleva a la proliferación de un cierto número de terminologías abiertas, denominadas por el mismo Derrida “indecidibles” en tanto que acontecimientos lingüísticos previos a los conceptos y que los hacen posibles, de forma que nunca podrán ser determinados unívocamente.

Quiero decir que en todos los textos que asisten al mismo texto hay  una gran cantidad de palabras despejadas de la decisión de ocupar un sentido dentro del conjunto en el que están asociadas, que están abiertas a eso siendo esa  la condición de su indecibilidad, a su vez es esa condición la que hace la diferencia, ya que al ser abiertas, escapan de una única interpretación, necesitando del contexto lingüístico para eso. Y creo que Yi In Seong deliberadamente nos propone una novela a partir de este punto de vista.

Hay, por parte del narrador una responsabilidad que afecta las condiciones de verificación del propio acto narrativo. Es esa responsabilidad la que lleva adelante desarmando y armando como una masa de plastilina, diferentes situaciones, las que sin embargo, son leídas como un todo único. La perturbación el regusto que produce esta novela, alude más que a su confección, de carácter performativo, a la propia dificultad a la que accede el lector frente a esta manufactura que nos interpela constantemente, exigiendo de nosotros, la responsabilidad de leer.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Yi  In Seong: “Hacia la Hora Ajena” – Emecé

Austin, John Langshaw:”Cómo hacer cosas con las palabras”- Edición electrónica de www.philosophia.cl/Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.

DERRIDA, J., 1989, “Firma, acontecimiento, contexto” en Márgenes de la filosofía, Cátedra, Madrid.

Derrida, Jacques, “L’écriture et la différence” Conferencia pronunciada en el College Philosophique  a partir del libro  de Michel Foucault : “Historia de la locura en la época clásica” – FCE

Foucault, Michel “El pensamiento del Afuera”– Nº 229  Revista Critique

Alan Badiou: “Pequeño Panteón Portátil”– Fondo de Cultura Económica

 

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