El otro mundo

“Al contarte algo, cualquier cosa, al menos estoy creyendo en ti, creyendo que estás allí, creo en tu existencia. Porque contándote esta historia, logro que existas. Yo cuento, luego tú existes”

De vez en cuando nos llegan noticias de cosas que ocurren en otras partes del mundo que, desde una mirada “Occidental y Cristiana” resultan impensables. Que las mujeres no puedan ejercer una profesión, que sean apedreadas por adulterio, que se destruyan tesoros históricos de la humanidad por considerarlos blasfemos, son algunos de los ejemplos de lo que ocurre bajo el dominio de regímenes de fanatismo religioso.

Solemos observar estos hechos con la sorpresa y la lejanía de algo que ocurre en un documental de National Geographic. Al fin y al cabo, ¿no matan los leones a los ciervos en el Serengeti?. Cada cual con sus creencias. Pero, mientras en los medios locales se discute cómo lograr mayor participación de las mujeres en el Congreso, produce extrañeza el pensar en otra sociedad en la que no posean los derechos mínimos.

Quizás por eso resulta tan inquietante la novela “el cuento de la criada” (The Handmaid’s Tale) de Margaret Atwood, que imagina la instauración de un régimen totalitario puritano en los Estados Unidos de fines del siglo XX. El hecho de que una nación que siempre se ha jactado de respetar las libertades individuales pase a convertirse en algo parecido a Siria o Irán, podría considerarse imposible.

1984

Cuando se escribe este texto, en 1984, la autora extrapola la situación dada en Berlín “del Este” durante el gobierno de la República Democrática Alemana (Deutsche Demokratische Republik, DDR) donde, hasta su desaparición en 1989, la Stasi (Abreviatura para Ministerium für Staatssicherheit, el Ministerio para la Seguridad del Estado) supervisaba la actividad política de los ciudadanos para detectar comportamientos “subversivos”, empleando todos los recursos disponibles para espiar a cada uno de ellos. El muro que dividió a infinidad de familias berlinesas fue planteado por el régimen comunista como una “protección antifascista”.

Para trasladar la situación a EEUU, la autora imagina una serie de atentados supuestamente perpetrados por grupos islámicos, que llevan al gobierno a declarar el estado de emergencia y la posterior supresión de los derechos individuales. Un pequeño grupo (los llamados “hijos de Jacob pro-Tanques”) se hace con el poder e instaura la República de Gilead.

Al estado constante de “supuesto conflicto bélico” que puede seguirse desde algún artefacto de TV, se suma una profunda disminución de la tasa de natalidad cuyo origen no se termina de explicar del todo pero hace referencia a la contaminación por materiales tóxicos sufrida en medio de los enfrentamientos de facciones, que ha dejado estéril a la mayoría de la población.

En este escenario es que el nuevo gobierno puritano, en contraposición a los anteriores movimientos liberales que permitían los “excesos” y se proclamaban a favor del aborto, promueve un nuevo orden pseudo-religioso en el que las mujeres con capacidad para concebir deben dedicarse… exclusivamente a eso: a ser la “semilla” de la sociedad venidera.

La nueva organización marcial está dominada por ideas propias de la organización fabril y del marketing. De esta manera las urbanizaciones se encuentran divididas en sectores estancos a los que se accede (o no) según un sistema de pases.

A todos los ciudadanos se les asignan roles que deben cumplir y los que se oponen este orden son ejecutados públicamente. Los hombres se dividen en “Ángeles” o soldados, “Eyes” o espías, “Guardianes de la fe” y “Comandantes” de los fieles. Los Guardianes de la fe son aquellos soldados muy jóvenes o demasiado viejos para ser Ángeles, y visten uniformes verdes. Los comandantes conforman la clase política y visten de negro.

Las mujeres se dividen según su función: La más alta es la de esposa de un “comandante”, tienen todos los privilegios y visten de color azul. Están también las “esposas económicas”, que están casadas con funcionarios de menor rango, y visten de rayado. Las “Marthas” son las mujeres que realizan las actividades domésticas, limpian, cocinan y realizan todos los quehaceres de la casa. Visten de color caqui. Después están las “Tías”, de marrón, que trabajan en el “Centro Rojo” entrenando y adoctrinando a las mujeres con capacidad para concebir para que sirvan como “criadas” en las casas de los “comandantes”.

Una vez al mes, emulando la historia bíblica de Jacob y Raquel[1], el comandante debe inseminar a su criada, mientras ella apoya la cabeza sobre el regazo de su esposa.

Las criadas visten de color rojo, son mantenidas en las casas de los comandantes sin necesidad de realizar ninguna tarea importante, y pasan a llamarse según el nombre de pila del comandante al que han sido asignadas, con el prefijo “de”. El personaje principal de esta historia es llamada Defred (Offred, en el original) indicando que pertenece a Fred. Otro personaje es Deglen (Ofglen), que vive en la casa de Glen.

Oponerse a ocupar uno de estos lugares es arriesgarse a ser declaradas “No-Mujeres”, y terminar sus días en las colonias, limpiando desechos tóxicos, a la espera de una muerte horrible.

Yo cuento, luego tú existes

“Quiero seguir viviendo, como sea. Cedo mi cuerpo libremente para que lo usen los demás. Pueden hacer conmigo lo que quieran. Soy un objeto. Por primera vez siento el verdadero poder que ellos tienen”.

El cuento de referencia es narrado por la criada Defred. Ella pertenece a una generación de mujeres que todavía es capaz de recordar cómo se vivía antes de la instauración de la República de Gilead, cuando tenía un trabajo propio, un esposo y una hija.

La historia está narrada en primera persona y el orden que sigue el relato es heterogéneo: por un lado se cuenta en forma secuencial lo que está ocurriendo en el presente y por otro se dispara en distintos momentos una serie de recuerdos (tipo flashbacks) que van dando sentido parcial a lo que se describe.

Lo interesante es que el cuento en sí, no persigue fines estéticos ni de representación histórica. Ocurre en la cabeza de la protagonista, ya que no cuenta con elementos para registrarla (las criadas no tienen acceso a ningún material de escritura) y no tiene mayor destinatario que ella misma.

Esto es quizás lo más interesante del “cuento”: Defred es la autora y la destinataria de lo que cuenta. Se trata de una historia para no volverse loca, para no olvidar el pasado. A través del relato intenta ordenar lo poco que sabe sobre lo que ocurre a su alrededor, y así incurre en disgresiones, vueltas sin sentido y, por momentos, se advierte que tal vez las cosas no sucedieron como se cuentan.

Hay un intento (inalcanzado) de entender la realidad, y de construir algún tipo de “esperanza”, contraria toda lógica, de que alguien desde afuera está preparando un derrocamiento del régimen. Defred da forma con palabras a ese otro con quien comparte su historia, como si se tratara de una invocación. En medio de ese ritual es que encuentra una inscripción oculta en su habitación, seguramente hecha por la anterior criada, escrita en un idioma que no conoce “Nolite Te Bastardes Carborundorum [2]” y lo convierte en su mantra, repetido hasta el hartazgo, aunque no conozca su significado. Si el mensaje ha estado oculto es que está prohibido y la repetición en su mente, inalcanzable por quienes la controlan, se convierte en la única resistencia posible.

Fuentes

Además de las obvias fuentes bíblicas, Artwood admite haberse basado también en los “cuentos de Canterbury” de Chaucer [3].

El control continuo y la presencia de “ojos” listos a denunciar a quien no cumple con las reglas impuestas es muy similar al mundo del Gran Hermano de la novela de Orwell 1984. La organización de roles (esposas, Marthas, Tías, criadas) hace recordar a otra famosa novela distópica: Un mundo feliz [4]. No es casual entonces que El cuento de la criada se compare comúnmente con estas obras clásicas de posibles futuros totalitarios.

Recientemente Margaret Artwood comentó en las redes sociales que el terrorismo de Estado durante la última dictadura Argentina fue también una de sus influencias para la novela [5].

En la pantalla

Bastante desapercibida fue la versión cinematográfica de la novela llevada adelante por Volker Schlöndorff en 1990, que aquí se conoció como “Entre la furia y el extasis”. Si bien contó con la participación de Robert Duvall (como el comandante) y de Faye Dunaway (como su esposa), el film resultó frío, y la actuación de Natasha Richardson en el papel de Defred fue criticada como “deshumanizada” frente a todo lo que ocurre al personaje.

En 2017 el canal web Hulu presentó The Handmaid’s Tale como miniserie de diez capítulos de producción propia, con Elisabeth Moss en el papel de Offred. La propia autora, Margaret Atwood, trabajó como consulting producer. La serie obtuvo cinco galardones en los premios Emmy [6], incluyendo el más deseado, el de “mejor serie dramática”, por primera vez otorgado a una serie web.

Anticipación y controversia

Esta ficción publicada en 1985 es poco conocida, a pesar de haberse adelantado a lo que ocurriría una década y media después con el ataque a las torres gemelas y el paroxismo anti inmigración musulmana en EEUU.

Como ocurre en el film “la Ola” (Die Welle, 2008), solemos pensar que el mundo actual ha evolucionado y aprendido de los errores del pasado y por lo tanto no pueden volver a instaurase regímenes totalitarios que anulen la libertad de elección de los ciudadanos. Sin embargo, como si estuviera impregnado en nuestro ADN, siempre surgen situaciones extremas que “justifican” que las cosas se hagan como unos pocos consideran correctas.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU ha producido un resurgimiento de la literatura de ficción distópica, caracterizada por imaginar sociedades muy similares a las actuales donde con pequeñas diferencias se establecen estados totalitarios que garantizan su permanencia en el poder mediante la manipulación psicológica de los ciudadanos, normalmente reducidos a meros operarios de la maquinaria social. Entre los libros más vendidos de la era Trump, se encuentran “1984[7]… y la reedición de “El cuento de la Criada”, potenciada por el estreno de la serie.

En ese es escenario no es de extrañar que el atuendo utilizado por las “criadas” en la novela se convierta en símbolo para la crítica de políticas de estado en relación con los derechos de las mujeres en EEUU, y que desde el estreno de la serie hayan sido varios los grupos de mujeres vestidas de criadas que se manifestaron en marchas públicas en contra de recortes de planes de salud reproductiva que afectan particularmente a las mujeres de pocos recursos [8].


[1]Y ella dijo: Aquí está mi sierva Bilha; llégate a ella para que dé a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo también tenga hijos. Y le dio a su sierva Bilha por mujer, y Jacob se llegó a ella. Bilha concibió y dio a luz un hijo a Jacob. Y Raquel dijo: Dios me ha vindicado[e]; ciertamente ha oído mi voz y me ha dado un hijo”. Génesis 30:3

[2] “Nolite te bastardes carborundorum” en latín, literalmente: “No dejes que los bastardos te carbonicen” pero podría interpretarse en el contexto como “No dejes que estos hijos de puta te jodan”. Abelardo Castillo 2013, el candelabro de plata y otros cuentos, Alfaguara. El asesino intachable.

[3] Esta obra del siglo XIV se compone de varios relatos que cuentan los peregrinos que van a Canterbury, para amenizar su viaje. De esta manera de organiza según lo que se cuenta: el cuento del mercader, el cuento del Fraile, el cuento del caballero… De allí derivaría el título de la novela “el cuento de la criada”

[4] “Un mundo Feliz” (A Brave New World) de Aldous Huxley. En esta novela se divide a las castas sociales en Alfas Los más inteligentes. Visten de color gris y se dedican a las tareas que requieren más responsabilidad y toma de decisiones; Betas: Son los que se visten de blanco y realizan actividades administrativas y profesionales; Gammas: Visten de verde, realizan trabajos que requieren cierta habilidad y entrenamiento; Deltas: Visten de caqui y tienen trabajos mucho más simples; y Epsilones: Visten de negro y realizan los trabajos poco dignos.

[5] La autora de “The Handmaid’s Tale” confirmó que la dictadura argentina fue una de sus influencias, https://tn.com.ar/show/basicas/la-autora-de-handmaids-tale-confirmo-que-la-dictadura-argentina-fue-una-de-sus-influencias_846914

[6] Handmaid’s Tale: la serie que arrasó en los Emmy y que busca potenciar los derechos de las mujeres https://www.vix.com/es/actualidad/189317/handmaids-tale-la-serie-que-arraso-en-los-emmy-y-que-busca-potenciar-los-derechos-de-las-mujeres?utm_source=internal_link

[7] El EE.UU. distópico de Trump dispara las ventas de «1984»

[8] Vestidas de criadas, estas mujeres exigen que se respeten sus derechos reproductivos


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