El discreto encanto de la burguesía – Aproximaciones a la obra de Silvina Ocampo

Un acercamiento a la Literatura Fantástica

Una forma de interpretar la literatura fantástica es pensarla como un abordaje del mundo a través del cual se cuestionan las manifestaciones del sentido común. Leer la literatura fantástica latinoamericana como una especie de continuación, reformulada y con características típicas de su ubicación en el mapa del mundo, del gótico europeo del siglo XVIII y XIX. En la búsqueda por desnaturalizar las convenciones, los relatos fantásticos ponen en evidencia tensiones y suturas de la realidad construyendo a la vez una sólida estrategia de resistencia al imperio de la razón y habilitando así, la posibilidad de una sociología de la vida cotidiana donde se deja en claro que los sucesos de la vida social no son naturales sino más bien productos de diversas relaciones de poder.

Si hay algo que podemos atribuirle a este género es que aporta más preguntas que respuestas. En su juego nos deja como huérfanos de sentido en un escenario de incertidumbre donde lo que conocemos no es suficiente para explicar lo que sucede. Los hechos de estas ficciones nos empujan a un estado de intriga que no sólo se resiste a lo homogéneo de lo convencional, sino que cuestiona, en su singularidad, la idea del acto de crear adentrándose en la compleja relación entre el creador y lo creado. La literatura fantástica propone representaciones del mundo en miniatura dejando la credulidad de los acontecimientos como base del acuerdo con el lector. La lectura de la obra de Silvina Ocampo se posiciona cómodamente en esta visión. Sus relatos sugieren una complicidad y una proximidad con el lenguaje para que suceda el efecto fantástico. Los límites entre la realidad y la ficción se hacen difusos de manera sutil, casi como en una ondulación del relato, sin exabruptos, utilizando la ironía como estrategia, nos confina en una atmósfera inquietante que pone de manifiesto lo inexplicable.

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El discreto encanto de la burguesía.

Lo que importa en lo que escribimos es ser lo que somos y no un títere ideado por los que hablan y nos encierran en una prisión, tan diferente a nuestro sueño.  Seremos siempre discípulos de nosotros mismos.

Silvina Ocampo

La lectura de la obra de Silvina Ocampo traza un camino hacia la incertidumbre y el asombro. Una escritura singular que propone un ensanchamiento del mundo donde los bordes de la razón se vuelven plásticos y moldeables. La invención, el orden de lo imaginario como vía de búsqueda constante de nuevas formas para la narración, es un elemento de suma importancia, desarrollando un ejercicio de escritura que en palabras de Edgardo Cozarinsky, parte de una concepción firme de la literatura como juego, como ejercicio de la imaginación.

Tres cuentos de Los días de la noche

Los cuentos de Los días de la noche (1970) parecen que se despegan de los parámetros racionales, pero a la vez mantienen las referencias con la realidad, la autora no crea otros mundos, sino que trabaja siempre con oscilaciones de ir y venir de una forma elusiva y alusiva a la vez.

LA SOGA

El cuento “La soga” relata los juegos de Antoñito López, un niño de siete años al que le gustan los juegos peligrosos con los que se entretenía hasta que descubrió la soga.

“Primeramente hizo una hamaca, colgada de un árbol, después un arnés para caballo, después una liana para bajar de los árboles, después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamanos, finalmente una serpiente. Tirándola con fuerza hacia adelante, la soga se retorcía y se volvía con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder.”

La modalidad que elige en este cuento para introducirnos en lo fantástico se repite en todo el libro, un pasaje suave como un guiño sutil para el lector cómplice. Continúa más adelante el cuento:

“A la soga ya le había salido una lengüita, en el sitio de la cabeza, que era algo aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón. Toñito quiso ahorcar a un gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena.”

Toñito la alimenta, la bautiza con el nombre de Prímula, duerme con ella.

 “Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó en el pecho y le clavó la lengua a través de la blusa. Así murió Toñito. Yo lo vi, tendido, con los ojos abiertos. La soga, con el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.”

 La gran mayoría de los trabajos acerca de la narrativa de Silvina Ocampo hablan de la crueldad con la que puede narrar algo que se inicia con una mirada inocente. Otros autores no hablan de crueldad sino de ironía. Yo creo que usa las dos cosas. Y las usa con la intención de mostrar que lo cruel y lo inocente son meras construcciones con la que un artista debe jugar.

¿Qué otro lugar es más propicio para un artista que la desarticulación del pensamiento unívoco?

En el cuento “La soga” muestra una estrategia que utiliza en otros relatos donde los objetos aparecen con características, sentimientos y motivaciones propias que los llevan a acciones independientes de los caprichos de su creador. Recordemos el famoso cuento del libro La furia, “El vestido de terciopelo”. De esta forma, casi como jugando, Ocampo propone una reflexión acerca del acto creativo.

Los artistas siempre estamos jugando con lo horrible y con lo hermoso.”

Mucho se ha escrito acerca de que toda su obra fue creada a la sombra de Bioy Casares, Jorge Luis Borges y su propia hermana Victoria Ocampo. Sombra que, desde mi punto de vista, ella eligió con plena conciencia, ya que le habilitaba un lugar de mayor exploración y libertad creativa. “No soy sociable, soy íntima” Y claro está que no se refería solamente a cierto rasgo de su personalidad sino también al ámbito desde el que elige narrar.

También se ha dicho que tanto Bioy como Borges pensaban el cuento como arquitectos y que ella era más devota de un fluir, a veces caprichoso, pero de un talento y una singularidad inigualables. Frente a la pregunta sobre la técnica para escribir un cuento ella responde:

“yo creo que uno, cuando va a escribir un cuento, debe hablar primero con su imaginación. Uno debe preguntarse primero qué hay, qué tiene ahí. La imaginación siempre nos relata algo.”

MALVA

En la misma línea que los cuentos “Coral Fernández” y “Hombres Animales Enredaderas”, la historia de Malva narra la aniquilación del yo soy, descompone la posibilidad de lo singular. Los lazos familiares y amistosos sofocan, las relaciones sociales coagulan, el apego a los objetos despedaza. El otro lado de esa búsqueda de homogeneidad que cierra la trama del sentido y niega los defectos de lo uniforme, es siempre la muerte. En su libro La Furia, el relato “Las fotografías” es un anticipo fiel de lo que va a desarrollar más adelante en estos cuentos.

En “Coral Fernández”, la cercanía o la evocación de la protagonista enferma a su enamorado:

“-Nuestro organismo no nos permite estar juntos -le dije, sintiendo los estragos de su presencia en un acceso de tos.”

“Hombres Animales y Enredaderas” inaugura la serie de relatos de Los días de la noche. En esta historia el narrador desaparece en la naturaleza, se deja tomar, se entrega:

“¿Quién puede competir con una enredadera?”

 El cambio de roles y destinos entre animales, personas y plantas es altamente posible y hasta deseable en estas ficciones.

“Malva” lleva esta idea más cerca del absurdo: la protagonista está obligada de un modo irracional a ceder a sus impulsos de automutilación. Malva va arrancando y devorando su cuerpo hasta su total desaparición.

“ Por un ascensor demorado en algún piso, por un teléfono público que se tragaba las monedas, por un trámite demasiado largo en el Departamento Central de Policía, por una cola interminable formada en queserías, donde se encaprichaba en comprar personalmente queso Parmesano, por la conversación de una mujer charlatana, por la incompetencia de una vendedora que se equivocaba de mercadería y explicaba por qué se equivocaba, sin traer nunca la mercadería, quedaban pocas partes del cuerpo de Malva sin mordiscos que llegaran al hueso.”

Ingenio para reflexionar acerca del costo de adaptación a ciertas imposiciones de la vida social. La muerte es la única posibilidad que permite escapar de lo homogéneo. ¿Pero de qué muerte nos está hablando? ¿Qué muere y que nace en cada creación artística? ¿Qué significa ser un autor? Esos interrogantes, como los pedazos de Malva, se van desprendiendo entre las líneas del cuento.

encanto2AMADA EN EL AMADO

“Amada en el Amado” es el segundo cuento del libro y aborda el tema de los sueños. Los sueños son, como los mitos, un material que ciertos cuentos utilizan como estrategia asociativa para insistir en las relaciones entre intimidad y mundo exterior.

“Se amaban con ternura, pasión y fidelidad. Trataban de estar siempre juntos y cuando tenían que separarse por cualquier motivo, durante ese tiempo tanto pensaban el uno en el otro que la separación era otra suerte de convivencia, más sutil, más sagaz, más ávida.”

Una pareja casi simbiótica se enfrenta a un problema cotidiano que los distancia: él soñaba mucho, ella no soñaba nunca. Empiezan a buscar estrategias para que ella pueda entrar en los sueños de él. Las primeras pruebas fallan, pero una mañana:

“se sentó sobre la cama, lo despertó ahogando risas con besos, y dijo: -Anoche soñaste con una vaquita de San José. Aquí está. – Mostró su brazo el bichito rojo como una gota de sangre.”

Así, ella empieza a sacar cosas de los sueños de él, pero cada noche ese juego se vuelve más complejo, se confunde cada vez más al lector llegando a un punto en el que no se sabe muy bien cuando es sueño y cuando vigilia:

“Fue durante una siesta de verano. Él soñó que andaba caminando con ella por una ciudad desconocida, con desfiles de soldados. En una puerta verde, debajo de un puente, Artemidoro el Daldiano, vestido de blanco con sombrero y capa, lo llamó… Artemidoro le tendió la mano como si lo apuntara con un revólver, pero lo que tenía en la mano era un filtro misterioso, aquel que bebieron Tristán e Isolda.  “Cuando quieras llevar a tu amada como a tu corazón dentro de ti”, le dijo, “no tienes más que beber este filtro”.

Cuando él despertó a la hora del desayuno, ella le dijo:

-Aquí está el filtro- y le mostró una botellita diminuta.

No necesitaba que le contara el sueño.

Él le arrebató el frasco de la mano, lo miró atónito, cerró los ojos y bebió. Cuando abrió los ojos quiso mirarla de nuevo. Ella no estaba.”

Los lectores asistimos a una inversión de los mecanismos de la realidad donde el clima de lo racional se distorsiona al extremo de instalar un estado de incertidumbre que no persigue ninguna intención de respuesta.

“Bruscamente despertaron. Él volvió a soñar a lo largo de la vida y ella a sacar objetos de sus sueños… A veces, tienen miedo de no volver a su estado anterior- al hogar, a la vida habitual- y volatizarse. ¿Pero acaso la vida no es esencialmente peligrosa para los que se aman?”

El relato se cierra (más bien se abre aún más como un juego de cajitas una dentro de la otra) con una pregunta que es inherente a la condición humana y que nos trae devuelta a esta realidad. Los relatos fantásticos igual que el arte tienen como función apartarnos de la experiencia de lo real. La incredulidad queda suspendida. Nada es lo que parece ser. Ocampo intenta continuamente llevarnos de un estado a otro para dejarnos luego un interrogante mayor que al principio del cuento: ahora nos preguntamos por los estados de sueño y vigilia y también por la peligrosidad del amor.

“Escribo para no olvidar lo que hay de más importante en el mundo: la amistad y el amor, la sabiduría y el arte. Una manera de vivir sin morir, una manera de morir sin morir”.

El final de la frase nos conduce a pensar en Michel Foucault quien sostiene que a partir del siglo XX escribir se convierte en un combate de la vida contra la muerte. Escribir para no morir, el ser del lenguaje como campo de batalla donde la vida se lanza a la muerte. En ese ser del lenguaje aparecen las voces silenciadas, encerradas en las prisiones del siglo XVII, voces que intentaron ser calladas. Pero vamos a hacer una aclaración, las voces de las que habla Foucault no son las de los locos del encierro sino las de aquellas vidas que han franqueado la línea de una época, el saber de una cultura, y se han puesto hablar de lo que nadie quiere escuchar. Morir sin morir, una especie de desaparición, como si la inmortalidad de la obra viniera a matar al autor: escribir para perder el rostro, para desplomarse en un laberinto lejos de sí[1]

Dígame ¿Ud. quién es Silvina Ocampo?

“Ojalá pudiera. Lo primero que se me ocurre contestarle es: soy cualquiera. “

encanto3En los relatos de Silvina Ocampo hay una búsqueda que no sólo se encuentra en su obra sino también en la forma en que la escritora se relacionó con el ambiente cultural y literario de su época. La familia Ocampo pertenecía a la alta burguesía, sin embargo, Silvina elige ubicarse en una óptica periférica donde observa y establece vínculos con personas de otras clases sociales: el cuarto de criados y la cocina, son lugares de fascinación en su infancia y escenarios de muchos relatos.  Varios cuentos tienen personajes subalternos que son los que alteran los parámetros de lo real. Hábilmente registró las voces de esos personajes en los textos. Con convicción, expresó su interés en la dinámica social:

” La pobreza te da libertad, uno no está temiendo perder nada; no está atado a nada”

Su familia no aprobaba la cercanía que ella tenía con personas de otras clases sociales, transgredía en la literatura y en la vida. Cuenta en una entrevista:

“una vez alguien me dijo: no podés tener ese trato con esa gente. Así nunca vas a lograr que te respeten. Y yo le respondí: Yo no quiero que me respeten. Yo quiero que me quieran”

encanto4Lo mágico, el azar y lo premonitorio, son motivos permanentes en sus cuentos. Algo que debería permanecer oculto súbitamente se revela. Ese secreto se manifiesta, pero al mismo tiempo sostiene un grado de misterio y de convivencia que nos inquieta. Ese clima narrativo se expresa con claridad en los cuentos del mismo libro como en “La muñeca”: apenas iniciado el cuento, la declaración de la protagonista no deja dudas al planteo:

“Sospecho a veces que no adivino el porvenir, sino que lo provoco.”

“Ulises”, “El enigma” y “La divina” otros cuentos del libro que son buenos ejemplos de la misma tentativa: misterios sin resolver, experimentos con la temporalidad que consiguen efectos perturbadores y sugieren varias relecturas en el intento por descubrir algo más.

Creadora de un gótico campero[2], su escritura excede el clásico encasillamiento de lo fantástico. Como si se corriera de cualquier fijación conceptual:

“Ahora quiero mudarme, salirme de ella (se refiere a la literatura fantástica) precisamente por eso, porque está otra vez de moda… El mundo aprendió a inventar tantos argumentos que nos hace a nosotros, los escritores, una competencia “desleal”. Por eso pienso en abandonar lo fantástico y dedicarme a la realidad, que es mucho más fantástica, todavía…”

Antes de la publicación del libro (1970) Silvina Ocampo, estuvo trabajando en Ejércitos de la Oscuridad (1969) una especie de diario nocturno donde conviven recuerdos, observaciones agudas, argumentos para cuentos que escribía en sus largas horas de insomnio. Parte de esa producción está en el volumen de Los días de la noche. Los relatos del libro proceden de una versión temprana de La promesa, novela que Silvina Ocampo empezó a escribir en 1960 y terminó entre 1988 y 1989. Todas esas miradas, el recorrido de esa trayectoria compuesta por diferentes discursos, están presentes en cada uno de los relatos. Como bien expresa su contemporánea, la poeta uruguaya Marosa di Giorgio:

“la escritura, en lo fundamental, es un asunto del escritor con la escritura misma, con las palabras, con el lenguaje.”


Bibliografía Consultada

Cozarinsky Edgardo, “La ferocidad de la inocencia” en Ocampo, Silvina, Antología esencial, Barcelona, Emecé, 2003.

di Giorgio Marosa, “No develarás el misterio”, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2010.

Foucault, Michel, “Entre Filosofía y Literatura, Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, 1999.

Ocampo Silvina, “Los días de la noche”, Buenos Aires, Lumen, 2012.

Ocampo Silvina, “El dibujo del tiempo. Recuerdos, prólogos, entrevistas”, Buenos Aires, Lumen Narrativa, 2014.

Ocampo Silvina, “Invenciones del recuerdo”, Buenos Aires, Lumen Narrativa, 2006.

Ocampo Silvina, “La promesa”, Buenos Aires, Lumen Narrativa, 2013.

Negroni María, “La noche tiene mil ojos”, Buenos, Aires, Caja Negra Editora, 2015.


[1] Foucault, Michel: Prefacio a la transgresión, Buenos Aires, Ediciones Trivial, 1993, p.15-16.

[2] Para una ampliación del término ver el análisis del cuento El Impostor que realiza María Negroni en su libro Galería Fantástica (2009) parte de la trilogía La noche tiene mil ojos, 2015, Caja Negra Editora. La autora hace referencia a todas las características que hacen del cuento de Ocampo una continuación de la literatura gótica europea.

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