Milenarismo y cosmogonía en “La última ola” de Peter Weir

La idea germinal de La última ola (‘The last wave’, 1977) se le ocurrió a Peter Weir a partir de una insólita vivencia mientras viajaba por Túnez: estando en unas ruinas romanas le asaltó la impresión de que se iba a encontrar con algo inesperado. Al poco tiempo halló el cráneo de un niño. Compartió a su regreso a Australia tan inusual premonición con el actor aborigen David Gulpilil, éste no dio ninguna importancia al suceso, en la cultura tribal oriunda del continente, los sueños y las premoniciones son una forma habitual de percibir el mundo que nos rodea.

Muy interesado por el comentario de Gulpilil, Weir hizo acopio de obras de diversos autores entre los que se contaban Jung o Heyerdahl y comenzó la escritura del que sería el libreto de su tercera producción. Descubrió  que en octubre de 1913, el psicólogo suizo C. G. Jung se encontraba viajando solo cuando de repente le asaltó una poderosa visión: una inundación que engullía la mayor parte de Europa; en sus propias palabras, vio “una enorme ola amarilla, los restos flotantes de la civilización e incontables cuerpos ahogados. Después, el mar se trocó de sangre”. Poco después estallaba la Primera Guerra Mundial, y Jung sintió un extraño alivio.  Había interpretado aquellos sueños como azotes de una conciencia atormentada que le abocaría irremediablemente hacia la psicosis, pero al parecer,  se trataba más bien de sueños proféticos…

Asumir está hipótesis como verdadera sería tan temerario como cuestionable, lo realmente interesante es que esta “crisis” en la que se halló inmerso fue en gran parte debida a su ruptura con Freud.

Es evidente que todas estas ideas giran en torno a prácticas liminares de lo que comúnmente llamamos ciencia. Esta liminaridad conviene al género fantástico al que pertenece la película, justamente porque traba cualquier posibilidad de comprobación de los hechos con los instrumentos tradicionales de la ciencia. En todo caso se trata más bien del poder de la creencia, del modo en que estas creencias funcionan en las culturas tradicionales que no vivieron el modelo desarrollo de la cultura occidental.

En La última ola colisionan así el pensamiento de los australianos descendientes de ingleses como David Burton (Richard Chamberlain), un abogado que se hace cargo del caso de cinco aborígenes que han asesinado a uno de los suyos, su esposa (Olivia Hamnett),  y por el otro lado los aborígenes de Australia que viven en el continente hace más de cincuenta mil años, entre ellos Chris (David Gulpilil) y Charlie (Nandjiwarra Amagula), el chamán de la comunidad. Esta oposición de dos mundos ya la había abordado Weir en Picnic at Hanging Rock, 1976.

ultimaola1La película desarrolla una dinámica en la cual se van distribuyendo señales (todas asociadas al agua) que nos alejan poco a poco del mundo occidental racional para ir descendiendo hasta llegar al sustrato de la cultura aborigen. Todo esto mediatizado por un juicio a raíz de un crimen que viabiliza la relación de David tanto con Chris como con Charlie. Poco a poco David, ayudado por las señales oníricas que ambos aborígenes le van enviando,  va tomando conciencia de su papel dentro de la cosmogonía de esa cultura y finalmente lo acepta . El medio de comunicación que utilizan los aborígenes resulta difícil de decodificar para el moderno y exitoso abogado. En varias oportunidades tanto Chris como Charlie aparecen en los sueños de David; también sufre un sueño milenario, apocalíptico, en el que todo el mundo queda bajo las aguas luego de que una gran ola arrase la ciudad ( similar al que Weir ha leído que tuvo  Jung).  He mencionado el  pensamiento milenario.  La idea fundamental del milenarismo, como es entendido por los escritores cristianos, puede ser expuesta del siguiente modo: Al fin de los tiempos, Cristo retornará en todo su esplendor para reunir juntos a todos los justos, para aniquilar los poderes hostiles y para fundar un reino glorioso sobre la tierra para el disfrute de las más altas bendiciones espirituales y materiales; Él mismo reinará como su rey, y todos los justos, incluidos los santos llamados a la vida, participarán en ello.

La estrategia básicamente fantástica de la película consiste en confundir al espectador: en la evanescencia que provoca el tratamiento de lo que es real y lo que es sueño, La última ola se establece como un constante reto de cara a un público que nunca sabrá del todo si lo que está viendo tiene lugar en este plano o en el de los sueños/premoniciones, coqueteando el cineasta en muchas ocasiones con el cambio de identidad entre los dos personajes principales mediante la transposición de planos cuasi idénticos. Por supuesto que el elemento clave en esta confusión es el agua, que para Jung representa el mundo de los sueños,  al que se agrega el tema de la identidad, un poco como en el mito de Narciso.

ultimaola2Weir tuvo algunos problemas en el proceso de producción, pese a que se esmeró mucho en potenciar las cualidades oníricas del relato,  el flujo narrativo se ve en cierta forma trabado debido a que el director desconoce por completo cómo rematar la historia, algo que él mismo reconocería años más tarde, a lo que se suma, como ya pasara en su primer filme, una deficitaria definición de los personajes. Sin embargo, y atendiendo que la película se inclina indiscutiblemente hacia lo fantástico, este defecto se ve atenuado pues no se trata de un relato en el que importe demasiado el desarrollo psicológico de los personajes, sino más bien la forma en que participan de una serie de acontecimientos cuya verdadera índole intentan explicarse. Pese a las críticas que tuvo el final elegido por el cineasta australiano, cabe reparar en la ambigüedad del cierre, que no sabemos si atribuir al mundo onírico o al de la vigilia. El desarrollo narrativo resulta casi hipnótico: a lo largo del film nos mantenemos cautivos gracias a los juegos de ambigüedad y a la excelente creación de ambientes. Cabe destacar en este sentido el papel decisivo de la banda sonora, que mantiene un suspenso tenso durante todo el desarrollo de la historia.

En cuanto a los ambientes, hay en los primeros minutos escenas que representan por un lado la lógica milenaria aborigen como el fenómeno climático que abre la película por ejemplo, y que resulta bastante insólita, versus la lógica de la cultura occidental, como la del juicio. Es curioso el modo en que reaccionan los acusados, y la forma sutil en que se da a entender la invalidez de esa práctica desde la perspectiva de los aborígenes. En algún momento David y Chris discuten: David dice que los hombres son importantes, y Chris responde:

No, por encima de los hombres está la ley

Dando a entender que la ley no puede ni debe ser violada, y que todos están subordinados a ella.

De algún modo, el recorrido de David nos recuerda el camino del héroe. En un principio reacciona negativamente ante la posibilidad de la existencia de templos aborígenes en la ciudad, pero las dudas lo van llevando a la necesidad de realizar ese viaje, que no es más que el del encuentro consigo mismo y con su verdadera condición: ser el mulkurull de la cultura aborigen. En su recorrido va recibiendo señales, mensajes acerca del camino que tiene que recorrer, los sueños aquí son devueltos a su ancestral función premonitoria: el sueño es una forma de salto en el tiempo que preanuncia el futuro. En este sentido, la historia de David es la historia de un hombre que se descubre a sí mismo como instrumento de una fuerza mayor contra la que no puede hacer más que dejarse llevar.  En este recorrido debe enfrentar a los de su propia cultura. Su padrastro, un párroco sujeto a los convencionalismos de la Iglesia Católica le dice: “Has perdido el juicio, pero no has perdido el mundo”. Y la respuesta de David es devastadora: “He perdido el mundo que creía tener, el mundo en el que lo que has dicho tenía sentido”.

El cine de Weir siempre ha sabido habitar en esas grietas que se generan tras el choque de los opuestos: ya sea un enfrentamiento entre culturas dispares, la imposibilidad de reconciliar dos puntos de vista antagónicos o el descubrimiento y la autoafirmación del ser humano en medio de un entorno hostil.  Un ambiente en el que se oponen el hermetismo tribal de la cultura aborigen con el egocentrismo de la cultura occidental, que decide rechazar todo aquello que sea ajeno a sus propias leyes.

Pero la película aprovecha lo fantástico tanto para viabilizar las creencias de la cultura aborigen como para instalar su validación social en un momento en que el segregacionismo estaba avanzando de manera peligrosa.

En realidad lo fantástico opera en la película en el sentido de una ampliación de la noción de realidad que supone soltar la atadura racional de la cultura occidental y aceptar otras visiones en las que intervienen niveles más profundos de la conciencia que se manifiestan en este caso, a través de los sueños, esta ampliación de lo real, en todo caso nos estaría demostrando la pobreza restrictiva de la noción de realidad con la que nos estamos manejando y la necesidad concomitante de ampliar esa visión sumando la que nos proveen otras culturas, en lugar de invalidarlas con apriorismos que ya no resultan aceptables de ninguna manera.

En La última ola, subyace la idea de esa incapacidad humana para establecer una cosmología simbólica que dote de sentido a nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Existe una permanente lucha entre lo telúrico y lo fantástico. Weir entiende nuestra entidad como una ilusión; la realidad está plagada de sombras, y tal como le dice Chris a David: “los sueños son la sombra de algo real”.

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Comments

Milenarismo y cosmogonía en “La última ola” de Peter Weir — 2 comentarios

  1. exquisito comentario, me impulsa a ver la pelicula, de la que he oido hablar varias veces

  2. Profesor,
    Le incluyo este comentario ya que pasé algún tiempo en Ayers Rock un lugar sagrado de los aborígenes australianos.
    Los aborígenes de Australia tienen un curioso concepto del tiempo y lo describen como dos realidades paralelas. Por una parte está la Vigilia, el día a día o también el llamado mundo tangible. Por otro lado está el llamado (Dreamtime) que está mejor definido por el término (Dreaming) o Ensueño ya que es una realidad atemporal y superior a la realidad cotidiana, y de donde surgen las bases de su sociedad, desde su simbología hasta sus comportamientos y leyes. Para ellos, aquellas personas con mayor sensibilidad y poderes espirituales estaban ligados de alguna manera a esta realidad superior.
    En la película David Burton se encuentra con tantos obstáculos para defender a los acusados, que finalmente cree que el asesinato debe estar relacionado con rituales tribales y así encuentra un posible argumento para la defensa. Uno de su colegas le implora que no utilice esa estrategia y le recuerda “Lo que nosotros llamamos aborígenes en las ciudades no son diferentes de los blancos que sufren de depresión. Les destruimos las lenguas originarias, las ceremonias, las canciones, los bailes y las leyes tribales.