El profesor peripatético

  –  Vos tenés que ver Merlí! – te dice un amigo, y uno enseguida contesta:    –  ¿Merlín? No, no me gustan esas series fantásticas…   –

Pero no, se trata una serie catalana de la cadena TV3 sobre el profesor Merlí Bergeron (Francesc Orella) que da clases de filosofía en un instituto secundario. Desde el vamos, esto puede que no suene muy interesante… y menos todavía que dé para el desarrollo de varios capítulos. Sin embargo, la serie ya completó dos temporadas en virtud de explotar una fuerte dicotomía: Merlí es un brillante profesor de filosofía, con una vida desastrosa y con actitudes éticamente discutibles. Está divorciado, es padre ausente, no le gustan los perros. Al inicio de la serie no tiene trabajo porque no se banca a nadie (y no se lo bancan), lo echan de su departamento por no pagar el alquiler y tiene que irse a vivir con su madre.  Cuando consigue trabajo como profesor, enseguida entra en conflicto con otros docentes, hace lo imposible para acostarse con la profesora más joven y guapa (aunque está noviando con otro docente) y se salta todas las reglas posibles.

Merlí, además, se encuentra con otra complicación. La clase que le ha tocado… es la de su hijo Bruno (David Solans), con quien que tiene una pésima relación, y que pasa de no verlo nunca, a vivir con él.

La admiración que Merlí logra de sus alumnos no se refleja en la sala de profesores donde, apenas llegar, se opone al profesor estrella Eugeni Bosc (Pere Ponce), de métodos más convencionales, quién trata de poner al resto de los docentes  en su contra. Toni (Pau Durà), el director del Instituto, debe llamar continuamente a Merlí a su despacho para pedirle que modere sus acciones.

Idealismo y realismo.

A pesar de esto, cuando Merlí  entra al aula se transforma en el profesor más cool del universo y logra lo imposible: que los alumnos, hasta los más complicados, participen de su clase, opinen, y… filosofen…

Es inevitable relacionar a Merlí con el profesor Keating de la sociedad de los poetas muertos, porque cumple un rol similar al romper con la estructura metódica de la enseñanza y proponer a sus alumnos adolescentes que elaboren su propio pensamiento. Ambos llaman la atención por salirse del modelo típico del profesor secundario y adaptar las clases a los alumnos en vez de los alumnos a las clases. Keating lo hace a través de la literatura, saliéndose de lo que el libro de clase indica y fomentando la refundación de un grupo que trasciende el aula, llamado “la sociedad de los poetas muertos”.

Merlí, profesor de filosofía, también se salta el programa y trae a cuento un filósofo para cada problema que se va planteando. Y desde el vamos los saca del aula a caminar y los convierte en sus “peripatéticos”,  tal como se los denominaba a los seguidores de Aristóteles.

Quizás aquí se acaban las similitudes entre Merlí y Keating. El profesor de la sociedad de los poetas muertos es políticamente incorrecto al interactuar dentro de una institución tradicionalista (la Academia Welton) de estructuras rígidas, cuyos egresados ingresarán a las universidades más reconocidas para convertirse en jueces o políticos. Los alumnos de Merlí, en cambio, asisten a una institución pública, con situaciones sociales dispares, muchos de ellos ante la disyuntiva de trabajar o estudiar.

Por otra parte, si bien el personaje de Merlí puede manifestarse egoísta y mordaz, se juega por todo aquello que propone y también por sus alumnos, quedando en más de una ocasión al borde de no ser recomendado para continuar en el instituto (el personaje de Keating en este aspecto, impusla a los alumnos a desarrollar sus pasiones, pero está ahí para “bancarlos” cuando chocan con la realidad de la escuela y el contexto social)

Escuela-Ficción

Esta suerte de subgénero trata de mostrar en lapsos muy breves lo que ocurre en otro tipo de representación, “la clase”, que dura por lo menos una hora y media. El show que monta el profesor tiene una finalidad pedagógica, y lo enfrenta a un público adolescente, que no quiere formar parte de esa obra, y que por sus características se distrae y no es capaz de mantener su atención en un tema por más de unos minutos.

El show televisivo, en cambio, es de carácter recreativo, aunque en ciertos casos invite también a la reflexión. En ese sentido, las ficciones escolares recurren a veces a extremismos o a la parodia para hacer más atractivo su contenido, y se convierten en un  espacio donde conviven infinidad de lugares comunes: los “populares” (en el sentido de que todos los quieren y los toman como modelos), el traga, el deportista, el gracioso, etc. (Lo mismo ocurre con la imagen de los profesores que van desde el autoritarismo extremo a la de un amigo más).

Con Merlí se logra un equilibrio. La ficción resulta creíble, quizás porque los personajes están más elaborados que el estereotipo al que se referencian. El “facherito” de la clase, se lleva todas las materias, pero a la vez es el único de su familia que ha estudiado y hace todo lo posible para seguir haciéndolo. El “buenazo” no está exento de hacer comentarios intolerantes que terminen por herir a alguien del entorno.

Las clases de Merlí suponen entonces para sus alumnos un momento de reflexión acerca de sus problemáticas cotidianas (propias de la edad y el contexto social) y configuran, a la vez, un espacio de resistencia contra las imposiciones de padres y profesores.

En cada capítulo/clase la serie se presenta (literalmente, dice: “hoy les voy a presentar a…”)  a uno de los grandes nombres de la filosofía. El orden de aparición de estos pensadores no sigue el programa de la materia (Así como Mr. Keating evitaba el libro de clase) sino que se va organizando en función de las inquietudes o problemas que Merlí detecta entre sus alumnos

Figura Paterna

La incorporación de Merlí al cuerpo docente de la escuela de su hijo, complejiza esta relación que ya desde el inicio de la serie viene con muchos problemas. En un ambiente donde todos sus compañeros están encantados con el nuevo profesor, el rechazo de Bruno hacia su padre adquiere implicancias en su entorno social, al que trata de ocultar su homosexualidad.

Merlí, como docente, trabajará en el curso la aceptación de las diferencias y que sus alumnos desarrollen actitudes críticas más allá de convencionalismos y preconceptos. Para muchos de los alumnos, justamente por eso, representará un papel contradictorio: una figura paternal a la cual acudir en busca de consejo que, a la vez, se opone al mandato familiar y al modelo institucional de la escuela.

Coincidencias

“No puedes tomarte ‘Merlí’ como si fuera un documental sobre los institutos”[1], declaró Héctor Lozano, creador de la serie. Aunque se trata de una ficción,  el verosímil que compone  puede llevarnos a reflexionar un poco sobre el espacio que tiene la educación pública aquí y en el mundo.

Y es que las problemáticas de la escuela donde trabaja Merlí no están tan alejadas de las nuestras. No solo por las cuestiones que experimentan sus alumnos, fuertemente relacionadas con la adolescencia, sino también por los comentarios que hacen los profesores sobre el sistema educativo. La falta de recursos, los planes de estudios decretados por políticos que no tienen idea de lo que ocurre en una institución educativa, los problemas económicos que enfrentan docentes y familias de los alumnos… todo eso acerca a Merlí a nuestra realidad y nos hace dar cuenta de que no somos los únicos con estos problemas.

Agorafobia

Paralelamente a las clases que Merlí dicta en el Instituto, están las que da “a domicilio” a Ivan Blasco. Se trata de un alumno al que sus compañeros  definen como “friki”,  quien sufre de agorafobia (trastorno de ansiedad relacionado con el temor intenso a los espacios abiertos o públicos) y no puede abandonar su casa. Ivan constituye para Merlí un verdadero desafío docente, ya que el muchacho no quiere recibir ni hablar con nadie. No tiene problemas con los contenidos académicos de las asignaturas del bachillerato, de hecho presenta gran capacidad para aprender todo lo que se le plantea, pero eso, sumado al acceso a la información que supone Internet, le juega en contra, ya que por la red se documenta de todo lo negativo que ocurre en el mundo, justificando así que quedarse en casa es lo más seguro.

Cada paso que da Merlí  para llegar a Ivan es un gran esfuerzo, pero a medida que va siendo aceptado comienza a generarse una relación docente-alumno de carácter personal que es muy distinta a la que el Merlí logra en forma colectiva con su clase, quien desde el principio ha sido apreciado por sus alumnos.

Nuevamente Merlí aprovecha la referencia a algún filósofo para que Ivan vuelva a “abrirse” al mundo. Lo interesante es que las enseñanzas filosóficas que trae a cuento con él son las mismas que viene tratando con la clase,  relacionadas con la situación general de la Escuela o de los alumnos, y con la “línea editorial” planteada por el título del capítulo. De esta manera el alumno “particular” de Merlí es también integrado al mundo “colectivo” del curso de primer año de Bachillerato del Instituto.

“Yo te sacaré de la caverna”, le dice Merlí, en referencia a la famosa alegoría de Platón. Así como hay gente que entiende que el mejor método para enseñar a nadar a un niño es tirarlo directamente a la pileta, Merlí trata por cualquier medio que Ivan se enfrente con su miedo al exterior. Para ello en más de una ocasión se pelea con él, lo engaña, y hasta lo deja abandonado en un bar.  A pesar de todo esto, logran una relación complementaria en la que Merlí funciona como el padre que Ivan no tiene (es hijo de madre soltera), y el muchacho lo escucha más que su hijo Bruno.

Madre hay una sola

Un personaje especial lo constituye el de la mamá de Merlí, Carmina (interpretada por Ana María Barbany). Se trata de una reconocida actriz, conocida como “la Calduch”, que  siempre ensayando alguna obra y quejándose por el papel que le ha tocado. El estilo particular de Merlí se justifica al conocer a su madre. Los diálogos que ambos personajes mantienen son memorables y dan frescura a la serie.

Escuela 2.0

Los medios de comunicación digitales, como el chat en el “móvil” o en internet forman parte de la trama de esta serie, funcionando como una capa de subtexto, traducido en muchos casos en un formato “gráfico”. En más de una ocasión “vemos” el intercambio de mensajes entre los personajes, mostrado en la pantalla paralelamente a las imágenes. El recurso no es nuevo, pero resulta muy útil para plasmar las formas de comunicación cotidiana de adolescentes y adultos… También son motivo de conflicto en clase, cuando más de un profesor (entre ellos Merlí) debe llamar la atención a algún alumno, para que deje su celular.

El origen de las cosas

Héctor Lozano, el creador de la serie, cuenta que había propuesto varios proyectos para seriales a la cadena TV3, sin lograr que ninguno fuera aprobado. En un encuentro con un amigo, profesor de literatura, éste le contó varias anécdotas de su trabajo, entre las que figuraba la de haber tenido a un alumno con agorafobia. Lozano captó enseguida que allí había material para una serie, desarrolló “Merlí” y finalmente TV3 compró el proyecto.

El personaje, que tan bien le sienta a Francesc Orella, no era originalmente para él. Merlí iba a ser interpretado por el actor Lluís Homar, pero poco antes de iniciarse el rodaje, se bajó del proyecto porque se le complicaba el calendario con otras producciones en las que participaba. Orella ya era parte del equipo porque iba a hacer de Eugeni Bosc, justamente el profesor que se opone continuamente a Merlí. Imposible ahora saber cómo hubiera quedado la serie con la dupla Homar-Orella, pero no hay duda que este último logró dar una impronta propia a un personaje que desde el guión ya venía muy bien barajado.

El instituto de ficción “Àngel Guimerà”, donde transcurre la trama, corresponde a las instalaciones reales de una institución educativa real de Barcelona: la escuela Vitae, que en el receso vacacional se convierte en set de filmación, al punto de haber tenido que tirar abajo alguna pared para ubicar en su mejor lugar las luces y las cámaras.

Merlí para Tod@s

La serie, dirigida por Eduard Cortés, se ha convertido en uno de los productos más vistos en Cataluña, logrando a lo largo de sus dos primeras temporadas una audiencia media de 550.000 espectadores, con picos mayores para ciertos episodios (sin contar a quienes la miran por internet).

En España (cadena La Sexta) el estreno de la primera temporada registró 1,4 millones de espectadores, con un promedio aproximado de 800.000.

La cadena de televisión por streaming, Netflix compró los derechos de distribución internacional de la serie[2] y la ha catapultado al mercado global. Son muchos espectadores de la primera temporada que esperan con ansias la llegada a esta red de la segunda, que ya está disponible en internet.

Los primeros trece episodios pueden encontrarse en catalán con subtítulos, o con doblaje al español. Muchos de los protagonistas de la serie (Francesc Orella incluido) han hecho su propio doblaje, por lo que hay pocas diferencias en el tono la versión original frente a la doblada.

Mientras puede disfrutarse de la segunda temporada, se sabe que ya ha finalizado el rodaje de la tercera, que según anunció TV3,  será última.

En síntesis, Merlí es un producto catalán de muy buena factura que gracias a la globalización mediática ha trascendido las fronteras, que logra muy bien su objetivo de entretener a partir de la realidad de adolescentes y adultos relacionados por la escuela. Hay que verla.


[1] http://www.lavanguardia.com/series/20151214/30791566752/entrevista-merli-hector-lozano-tv3.html

[2] http://www.ara.cat/es/Netflix-compra-los-derechos-Merli_0_1692430929.html

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