El extranjero de sí mismo

La otredad en Cabeza de Vaca de Nicolás Echeverría

Se puede concebir a otros como abstracción (…) como el otro y otro en relación con el yo, o bien como un grupo social concreto al que nosotros no pertenecemos. Ese grupo pude estar en el interior de una sociedad o puede ser exterior a ella, otra sociedad, cercana o lejana. O bien desconocidos, extranjero cuyas costumbres no entiendo, tan extranjero que en el caso límite dudo en reconocer nuestra común pertenencia al género humano.

Todorov, Tzvetán. La conquista de América, la cuestión del otro.

Debe haber sido duro – le dice un joven conquistador a Alvar Nuñez luego de encontrarlo entre los aborígenes – haber vivido tanto tiempo entre estos salvajes – El tesorero real empieza a reírse hasta que la risa deriva en un llanto furioso mientras se golpea la cabeza contra el poste en que está apoyado. Esta primera secuencia (lo comprenderemos al final de la película) sintetiza todo el periplo de Alvar Nuñez por América de un océano a otro durante ocho años. Estamos en Cullacán, la costa mexicana del pacífico en la baja California, es el año 1544.

El viaje comienza con el naufragio de la expedición de Pánfilo de Narvaez hacia 1536. El viaje de Alvar Núñez y de tres sobrevivientes más, entre ellos el esclavo negro Estebanico, marcará para siempre a estos conquistadores. Son capturados por Malacosa, un hombrecito sin brazos y pernicorto, que tiene poder entre los aborígenes y cuenta con la ayuda de un hechicero gigante. Álvar es elegido entre los cuatro y convertido en sirviente de ambos.

A esta altura de la película, comienza a suscitarse un extrañamiento que focaliza en el tesorero y pasa al espectador. Con él hemos visto diezmada su tripulación de la cual quedaban dos míseras balsas cuyos velámenes estaban hechos de los harapos de diferentes prendas, con él hemos quedado prisioneros de los aborígenes, y con él comenzamos a interiorizarnos en las costumbres y ritos ignotos de esta América nueva.

En un momento dado, harto de ser tratado como un simple esclavo, Álvar intenta escapar. Inmediatamente el hechicero comienza a realizar un rito de magia simpática: clava un palo en la arena al que ata un lagarto. En una secuencia en paralelo, vemos por un lado la desesperada huida del tesorero real y por el otro al lagarto que comienza a girar en torno al palo. Cuando Álvar cae al mar, el hechicero escupe agua sobre el lagarto, finalmente cuando el lagarto se ha terminado de enroscar en el palo, aparece Cabeza de Vaca cayendo a los pies del hechicero y su acto mágico.

El tesorero hace entonces su último intento por aferrarse a sus propios parámetros culturales, forjadores de su identidad. Con él, sentimos este hundirse en el corazón de una cultura ajena y sin saberlo ejercemos por última vez en la película, las herramientas del logos, al que vemos evaporarse tras la contundencia de unas prácticas que lo desconocen e ignoran.

La película aborda el tema de la otredad de una manera profunda: no se trata aquí del clásico enfrentamiento entre la cultura europea con la americana, sino más bien de la dilución de la primera en la segunda.

La fundamentación de la negación de la otredad por parte de los españoles es religiosa, y por lo tanto dogmática. Es por esta razón que el cura de la tripulación es uno de los primeros en morir. Solo el tesorero real realizará el viaje cultural que implica la aceptación de esa otredad.

Álvar lleva a cabo un viaje que lo conduce a enfrentarse al vaciamiento y deconstrucción de su condición de español, al tiempo que nace y se manifiesta en él una aptitud chamánica despertada por el hechicero que acompaña a Malacosa.

En esta transformación, asistimos a un alejamiento del logocentrismo en favor de estas prácticas culturales en las que los aborígenes no cesan de interactuar con el medio, llegando a dominar ese límite difícil entre la vida y la muerte.

Esta otredad surgida en el propio Cabeza de Vaca, opera como una revelación de un poder que terminará hermanándolo con sus nuevos semejantes. Álvar ha funcionado como “recipiente” de una otredad negada sistemáticamente por los españoles, al punto que negaron a los americanos su pertenencia al género humano.

Un principio de fundamentación de esta conversión aparece anticipada en la película en la escena de la cueva, en la que Álvar se conecta en sueños con la experiencia que su propio abuelo tuvo en estas tierras, llegando a hablar su idioma.

Durante toda esta etapa en la que el logos se ausenta, oímos palabras de una lengua desconocida (sin que en la película se consienta traducción alguna) y asistimos a ritos y actos cuya comprensión final se nos escapa. Ante este extrañamiento, lo que más nos sorprende es la posibilidad efectiva de un desarrollo cultural fuera de logos, donde parece reinar solo el mitos griego.

Las explicaciones huelgan, lo explicable ya se explicó por última vez, cuando el tesorero real en su intento de huida, fue recapturado por el hechicero.

En su recorrido chamánico, Álvar practica tres resurrecciones. Uno de sus resucitados incluso, lo acompaña como discípulo.

Incluso en este viaje de alejamiento del logos, se nos revela que ese vago colectivo de “salvajes” o “indigenas” con el que los españoles perciben a los aborígenes, existe una variedad que había sido negada desde la mirada europea.

La vuelta al mundo español de Cabeza de Vaca va a constituir una nueva otredad, ahora inversa a la del principio, pero mucho más amarga. Contempla con impotencia la crueldad con la que los españoles administran la muerte entre sus nuevos semejantes.

La película recupera el mundo lógico, pero para develar sus contradicciones y su profundo horror, en el que se naturaliza el crimen de seres humanos en nombre de un dios convertido en instrumento de dominio, sometimiento y destrucción.

La imagen final de la enorme cruz plateada que cubre todo el panorama desértico, da a entender que será un arma tan resistente como la espada o la armadura, y pronto acabará con todo vestigio de las culturas originarias.

Álvar se ha convertido en un extranjero de sí mismo: ni español ni aborigen. Su viaje lo ha perdido, es decir lo ha convertido en el único hombre consciente de un genocidio que comenzó a invisibilizarse en aquellos años y que se ha prolongado por siglos incluso entre quienes habitamos estas tierras.


BIBLIOGRAFÍA

  • Soberón Torchia, Edgar, Los cines de América Latina y el caribe, 2013, Ediciones EICTV, San Antonio de los Baños (Cuba)
  • Cabeza de Vaca, Alvar Nuñez, Viajes, 1985, Espasa Calpe, Buenos Aires
  • Todorov, Tzvetán, La conquista de América, la cuestión del otro, 1979, Paidós, Buenos Aires.

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