2046 – La belleza filmada

Cuando le gente tenía secretos que no deseaban o no podían compartir, subían a una montaña, tallaban un hueco en un árbol y susurraban en ese hueco ese secreto. Luego lo tapaban con barro.

En el año 2046 un tren parte a buscar la memoria perdida. Nadie volvió, por lo tanto nadie sabe qué se encuentra cuando se llega.

Pero hubo alguien que una vez volvió y cuenta esta historia.

La historia es contada por una voz, como una suerte de Memorias. Este formato es muy habitual en Wong Kar Wai, a la sazón el director de esta película.

La  historia contada reseña la vida de un periodista, que viaja de Singapur a Hong Kong en los sesenta. Por un lado aparece la realidad documentada, los sucesos políticos, económicos y sociales de la región y cómo de a poco, va transformando su identidad incorporando modas, música, estilos occidentales.

Por otro lado, el tiempo de la historia íntima.

Antes de partir, le dice a una mujer Su LI Zheng (Gong Li): ¿Vienes conmigo?

Este periodista, Tony Leung  (Chow Mo-wan ),  en una de las primeras escenas, destroza el valor del lenguaje, lo convierte en un elemento cuantificable. “Me pagaban diez dólares por cada mil palabras”. Listo. El espectador recibe la primera estocada.

Luego, los sucesos cotidianos, contados en un tiempo  ligero. Para detenerse, a lo largo de toda la película en los veinticuatro de diciembre de cada año en la que transcurre. Allí, se detiene, remarcando en otro tiempo la acción, como si remarcara con  negrita.

El primer veinticuatro de diciembre, encuentra a una vieja amiga, la llama por su nombre y ella lo desconoce, manifiesta llamarse de otra manera, a pesar de que él relata que ha sido intensa su relación de amistad, al punto de haberle conseguido el dinero para el pasaje de Singapur a Hong Kong, ella sigue sin recordar. La situación la perturba. Pero no sabemos si es desconcierto es por la falta de memoria o por el esfuerzo en vano de mantener el olvido. Ella se embriaga y Tony la lleva hasta el cuarto del hotel donde vive. Al salir de la habitación, mira el número y es 2046.

Un par de días más tarde va a devolverle las llaves y se entera que ella fue asesinada por su novio. Decide alquilar esa habitación. Pero como están refaccionándola, termina alquilando la 2047.

Esto es importante porque acá la historia cambia su rumbo: Si el personaje se quedara en la habitación 2046, la historia la contaría desde adentro. Al estar afuera, y con la facilidad de mirar a través de la puerta lo que sucede ahí, él se mantiene afuera y se ubica en el lugar de espectador.

Repite las mismas frases iniciales, pero las viste de un nuevo sentido.

Como en “hacia la hora ajena”, la película destruye y deconstruye todo el tiempo, con la amplitud que da el cine. Las distintas mujeres que aparecen  que se interrelacionan sexualmente con Toni son interpretadas por la misma actriz. Esto para significar que él estuvo enamorado de una de ellas. Por ejemplo, Lulú, Mimí y la androide son la actriz Carina Lau.  La increíble Su Li-Zhen, de quien és manifiesta haber estado enamorado, es interpretada a su vez por Li Gong y también por  Maggie Cheung . Y así con el resto de los personajes.

Una frase recorre la historia, y cada vez que aparece va agregando distintos sentidos, hasta que llega a interpelarnos a los espectadores: ¿Vienes conmigo?

Sigue la escena ligera, el dueño de la hostería (quien luego será el capitán del tren) no permite a una de sus hijas casarse con su novio japonés. Mezclando la realidad a través de datos y viejos rencores de la historia de ambos pueblos.

El novio, antes de partir le dice ¿Qué sientes por mí? Y luego ¿Vienes conmigo?

A partir de esta historia de amor prohibida, Toni decide escribir una novela llamada 2046 donde la gente viaja a encontrarse con los recuerdos perdidos. Alguien ocupa nuevamente la habitación 2046. Toni sigue todos los sucesos a través de una ventanita. La cámara nuevamente se ralentiza.

Y vuelven las escenas ligeras, él enamorando a la nueva inquilina, Bai Ling (Ziyi Zhang) donde el director describe cuadros perfectos de color, sensualidad, con planos cortos de los rostros de la mujer y de Toni, sus diferentes miradas, cada uno mostrando sentimientos distintos, muy bien logrados por ambos.

Y acá nuevamente comienza la minuciosa tarea de destrucción:

ELLA:¿ Usas a las mujeres para ocupar el tiempo?

ÉL: Yo también les doy mi tiempo.

Hay una lenta tarea de destruir el tiempo que comienza. Al final, de a película en sintonía con las palabras, Toni dice una hora diez horas cien horas, mientras la escena está casi detenida. Ya perdió valor el tiempo de afuera.

Aparece el tiempo del sueño. El viaje en el tren 2046 por parte de un japonés, el amante de la hija de la hostería, o él mismo, que encuentra una androide de quien se enamora y le propone ¿Vienes conmigo?, sin obtener respuesta. Ella, sencillamente no lo amaba, dice el narrador.

El amor es una cuestión de oportunidad, dice el narrador de la historia.

No es casual que use esa palabra. En Occidente se utiliza más la instancia de obtener un provecho. En Oriente, en cambio se usa más como la confluencia espacio temporal, el instante y el lugar propicios para realizar una acción.

Juega juega, todo el tiempo nos va mareando. Un ejemplo:

Hay una escena, de él mismo viendo a su androide amada haciendo el amor, él está esta vez espiando desde arriba hacia abajo, y cae una lágrima. Más adelante, una canilla gotea. Esa fusión de dos escenas intensifican  el resultado del espectador, quien las resignifica en una nueva imagen mental, es una metáfora brillante.

O cuando, a través del sueño, el capitán del tren advierte quela sala 1224 es la más fría, por lo cual el pasajero viaja abrazado a la androide. Luego, el narrador nos dirá, por si no nos dimos cuenta, que ese número coincide con el 24 de

diciembre, justamente, la fecha donde el cambio de ritmo en la historia nos va señalando los sucesos importantes.

Tengo un secreto que contarte dice a través de la novela, el propio Toni, a la androide, quien repite esa frase haciendo un hueco con los dedos como semejando el agujero tallado en el árbol. Y dice “Yo siempre he querido…”

A esta altura de la película, embriagados por la calidad estética, ya a nadie le importa.

La voz en off cuenta que es el año 1969. Él vuelve a Singapur, pregunta por aquella mujer a la que al principio de la historia le había pedido que lo acompañara. Y recuerda su encuentro en 1963.

Y acá, la estocada final para que el espectador concluya que todo es un pretexto para que construyamos el texto.

Hay un cambio de ritmo nuevamente, aparece la mujer con su guante negro en la mano izquierda. Y él evoca a una mujer con el mismo nombre que el de ella, Su Li Zhen, quien fuera esposa de su amigo, de la cual se enamoró y partieron juntos para vivir en un hotel cuya habitación tenía el número 2046.

La mujer del guante negro le dice “De todos los hombres que he conocido tú eres el mejor. Incluso ahora te echo de menos”

Vuelve al presente de la narración. Se encuentra con la ex vecina del hotel, y le dice: He descubierto que hay algo que nunca cambiaré: “Jamás prestaré mi tiempo”.

Pantalla con esa imagen que parece un gran ojo. Fin.

Algunas cosas para decir.

2046 da la apariencia de un año. y casualmente, coincide con el final de esos cincuenta años sin cambios que le prometió China a Hong Kong, pero es también  estado de ánimo, un sentido, al que te somete el director, atraviesa la fibra más íntima del espectador, lo desarma, lo  obliga a olvidar la linealidad por un rato, al menos. No es posible gozar de esta película si se busca en ella una suerte de causalidad ordenada. No es el camino.

Las historias son “no historias de amor”. Y los pocos que aman de acuerdo a los usos y costumbres más habituales, huyen, o quedan solos. Wong Kar-wai es un experto en eso, con sólo recordar “Happy together” e “In the mood for love” dos filmes plantados desde lugares distintos que sin embargo comparten con esta película las técnicas o los recursos necesarios para lograr el mismo ambiente, mejor, el mismo sentido del cine.

Entonces,la soledad como inevitable modo de estar en el mundo y la temporalidad, un tiempo al cual no podemos controlar salvo a través de los recuerdos serían los dos temas que rodean la ente del director y este lo pone en juego en sus obras. Su mirada recorre pequeñas cosas: una sábana arrugada, los  las mujeres bailando vista a través de sus zapatos, el balanceo de las manos acomodando el cabello. Las miradas. Esa desafectividad casi de androide del periodista cuando su vecina, enamorada, le pide que se quede adormir con ella, y él apenas semisonríe y parte o cuando la misma mujer sentada en el pasillo escucha las voces de él teniendo sexo con otra mujer y a cada gemido ella casi imperceptiblemente mira hacia la nada, mira hacia atrás, con un dolor que traspasa la imagen, como repitiendo de memoria un rezo, evoca en su cuerpo el tiempo en que era ella misma quien estaba en ese lugar.

Una película llena de colores, y de a ratos solo grises. Un tiempo ligero en algunos momentos y ralentizado en otros. En casi toda la película el ojo de la cámara es un intruso, y nos convierte a nosotros en los “voyeuristas” del film.

Wong Kar-wai, en una entrevista a propósito del estreno de esta película en España, dice: “Para mi 2046 es un estado mental al que acudimos cuando queremos recuperar lo que hemos perdido, cuando tratamos de conservar no sólo la persona que hemos dejado atrás, sino también el momento y la atmósfera” y más adelante “En nuestra vida normal estamos atrapados por el tiempo, que gobierna nuestra existencia […] Como director, sin embargo, puedo manejar el tiempo a mi antojo, puedo hacer que diez años pasen en un segundo o que un instante resulte eterno…” “2046” es finalmente el punto donde confluyen todas nuestras nostalgias, todo aquello que dejamos de lado, que dejamos pasar cuando tomamos una decisión…”

Si acaso le faltaba algo a este film, la música, en especial la creada  por el maestro Shigeru Umebayashi convierte la belleza y  la poesía en sonido.


BIBLIOGRAFÍA

Tirard, Laurent. “Lecciones de Cine”. Clase Magistral con Wong Kar Wai. Paidós, 2003. (pag. 206).

Entrevista para el diario “El Cultural” de España – www.elcultural.es/historico_articulo asp

Carolina Urrutia N. La Fuga : 2046: Todos los recuerdos son trazos de lágrimas .

Título original: 2046

Director: Wong Kar Wai

País: China, Francia, Alemania, Hong Kong

Año: 2004

Comments are closed.