El extranjero

Solo su apellido, Mersault. Oficinista. Literal en sus palabras, casi ajeno, un forastero. Atrapado por el tiempo detenido de una playa sofocante, abrumado por el brillo del sol en el acero de un cuchillo, exhibido por un árabe (sin un nombre ni apellido), es decir, no un hombre, un árabe; se crispa su mano dentro del bolsillo y le dispara. Primero una vez. Lo mata. Luego cuatro veces más.

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