Los monstruos detrás de las obras

¿Debería deshacerme de mi copia de “Bananas”? Acerca del rol del lector, como parte y consumidor de las obras artísticas, en los casos en los que sus autores cometen actos condenables legal y socialmente.

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Episodios inesperados

9 es el número: ¿Qué pasa cuando el monstruo no está debajo de la cama o en el ropero, sino escondido en el cuerpo de un vecino, un compañero de trabajo, un amigo, o en el reflejo que nos devuelve el espejo? Inside number 9 es una serie inglesa, poco conocida, que explora a través de distintos géneros, estas monstruosidades cotidianas

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El otro mundo

“Al contarte algo, cualquier cosa, al menos estoy creyendo en ti, creyendo que estás allí, creo en tu existencia. Porque contándote esta historia, logro que existas. Yo cuento, luego tú existes”

De vez en cuando nos llegan noticias de cosas que ocurren en otras partes del mundo que, desde una mirada “Occidental y Cristiana” resultan impensables. Que las mujeres no puedan ejercer una profesión, que sean apedreadas por adulterio, que se destruyan tesoros históricos de la humanidad por considerarlos blasfemos, son algunos de los ejemplos de lo que ocurre bajo el dominio de regímenes de fanatismo religioso.

Solemos observar estos hechos con la sorpresa y la lejanía de algo que ocurre en un documental de National Geographic. Al fin y al cabo, ¿no matan los leones a los ciervos en el Serengeti?. Cada cual con sus creencias. Pero, mientras en los medios locales se discute cómo lograr mayor participación de las mujeres en el Congreso, produce extrañeza el pensar en otra sociedad en la que no posean los derechos mínimos.

Quizás por eso resulta tan inquietante la novela “el cuento de la criada” (The Handmaid’s Tale) de Margaret Atwood, que imagina la instauración de un régimen totalitario puritano en los Estados Unidos de fines del siglo XX. El hecho de que una nación que siempre se ha jactado de respetar las libertades individuales pase a convertirse en algo parecido a Siria o Irán, podría considerarse imposible.

1984

Cuando se escribe este texto, en 1984, la autora extrapola la situación dada en Berlín “del Este” durante el gobierno de la República Democrática Alemana (Deutsche Demokratische Republik, DDR) donde, hasta su desaparición en 1989, la Stasi (Abreviatura para Ministerium für Staatssicherheit, el Ministerio para la Seguridad del Estado) supervisaba la actividad política de los ciudadanos para detectar comportamientos “subversivos”, empleando todos los recursos disponibles para espiar a cada uno de ellos. El muro que dividió a infinidad de familias berlinesas fue planteado por el régimen comunista como una “protección antifascista”.

Para trasladar la situación a EEUU, la autora imagina una serie de atentados supuestamente perpetrados por grupos islámicos, que llevan al gobierno a declarar el estado de emergencia y la posterior supresión de los derechos individuales. Un pequeño grupo (los llamados “hijos de Jacob pro-Tanques”) se hace con el poder e instaura la República de Gilead.

Al estado constante de “supuesto conflicto bélico” que puede seguirse desde algún artefacto de TV, se suma una profunda disminución de la tasa de natalidad cuyo origen no se termina de explicar del todo pero hace referencia a la contaminación por materiales tóxicos sufrida en medio de los enfrentamientos de facciones, que ha dejado estéril a la mayoría de la población.

En este escenario es que el nuevo gobierno puritano, en contraposición a los anteriores movimientos liberales que permitían los “excesos” y se proclamaban a favor del aborto, promueve un nuevo orden pseudo-religioso en el que las mujeres con capacidad para concebir deben dedicarse… exclusivamente a eso: a ser la “semilla” de la sociedad venidera.

La nueva organización marcial está dominada por ideas propias de la organización fabril y del marketing. De esta manera las urbanizaciones se encuentran divididas en sectores estancos a los que se accede (o no) según un sistema de pases.

A todos los ciudadanos se les asignan roles que deben cumplir y los que se oponen este orden son ejecutados públicamente. Los hombres se dividen en “Ángeles” o soldados, “Eyes” o espías, “Guardianes de la fe” y “Comandantes” de los fieles. Los Guardianes de la fe son aquellos soldados muy jóvenes o demasiado viejos para ser Ángeles, y visten uniformes verdes. Los comandantes conforman la clase política y visten de negro.

Las mujeres se dividen según su función: La más alta es la de esposa de un “comandante”, tienen todos los privilegios y visten de color azul. Están también las “esposas económicas”, que están casadas con funcionarios de menor rango, y visten de rayado. Las “Marthas” son las mujeres que realizan las actividades domésticas, limpian, cocinan y realizan todos los quehaceres de la casa. Visten de color caqui. Después están las “Tías”, de marrón, que trabajan en el “Centro Rojo” entrenando y adoctrinando a las mujeres con capacidad para concebir para que sirvan como “criadas” en las casas de los “comandantes”.

Una vez al mes, emulando la historia bíblica de Jacob y Raquel[1], el comandante debe inseminar a su criada, mientras ella apoya la cabeza sobre el regazo de su esposa.

Las criadas visten de color rojo, son mantenidas en las casas de los comandantes sin necesidad de realizar ninguna tarea importante, y pasan a llamarse según el nombre de pila del comandante al que han sido asignadas, con el prefijo “de”. El personaje principal de esta historia es llamada Defred (Offred, en el original) indicando que pertenece a Fred. Otro personaje es Deglen (Ofglen), que vive en la casa de Glen.

Oponerse a ocupar uno de estos lugares es arriesgarse a ser declaradas “No-Mujeres”, y terminar sus días en las colonias, limpiando desechos tóxicos, a la espera de una muerte horrible.

Yo cuento, luego tú existes

“Quiero seguir viviendo, como sea. Cedo mi cuerpo libremente para que lo usen los demás. Pueden hacer conmigo lo que quieran. Soy un objeto. Por primera vez siento el verdadero poder que ellos tienen”.

El cuento de referencia es narrado por la criada Defred. Ella pertenece a una generación de mujeres que todavía es capaz de recordar cómo se vivía antes de la instauración de la República de Gilead, cuando tenía un trabajo propio, un esposo y una hija.

La historia está narrada en primera persona y el orden que sigue el relato es heterogéneo: por un lado se cuenta en forma secuencial lo que está ocurriendo en el presente y por otro se dispara en distintos momentos una serie de recuerdos (tipo flashbacks) que van dando sentido parcial a lo que se describe.

Lo interesante es que el cuento en sí, no persigue fines estéticos ni de representación histórica. Ocurre en la cabeza de la protagonista, ya que no cuenta con elementos para registrarla (las criadas no tienen acceso a ningún material de escritura) y no tiene mayor destinatario que ella misma.

Esto es quizás lo más interesante del “cuento”: Defred es la autora y la destinataria de lo que cuenta. Se trata de una historia para no volverse loca, para no olvidar el pasado. A través del relato intenta ordenar lo poco que sabe sobre lo que ocurre a su alrededor, y así incurre en disgresiones, vueltas sin sentido y, por momentos, se advierte que tal vez las cosas no sucedieron como se cuentan.

Hay un intento (inalcanzado) de entender la realidad, y de construir algún tipo de “esperanza”, contraria toda lógica, de que alguien desde afuera está preparando un derrocamiento del régimen. Defred da forma con palabras a ese otro con quien comparte su historia, como si se tratara de una invocación. En medio de ese ritual es que encuentra una inscripción oculta en su habitación, seguramente hecha por la anterior criada, escrita en un idioma que no conoce “Nolite Te Bastardes Carborundorum [2]” y lo convierte en su mantra, repetido hasta el hartazgo, aunque no conozca su significado. Si el mensaje ha estado oculto es que está prohibido y la repetición en su mente, inalcanzable por quienes la controlan, se convierte en la única resistencia posible.

Fuentes

Además de las obvias fuentes bíblicas, Artwood admite haberse basado también en los “cuentos de Canterbury” de Chaucer [3].

El control continuo y la presencia de “ojos” listos a denunciar a quien no cumple con las reglas impuestas es muy similar al mundo del Gran Hermano de la novela de Orwell 1984. La organización de roles (esposas, Marthas, Tías, criadas) hace recordar a otra famosa novela distópica: Un mundo feliz [4]. No es casual entonces que El cuento de la criada se compare comúnmente con estas obras clásicas de posibles futuros totalitarios.

Recientemente Margaret Artwood comentó en las redes sociales que el terrorismo de Estado durante la última dictadura Argentina fue también una de sus influencias para la novela [5].

En la pantalla

Bastante desapercibida fue la versión cinematográfica de la novela llevada adelante por Volker Schlöndorff en 1990, que aquí se conoció como “Entre la furia y el extasis”. Si bien contó con la participación de Robert Duvall (como el comandante) y de Faye Dunaway (como su esposa), el film resultó frío, y la actuación de Natasha Richardson en el papel de Defred fue criticada como “deshumanizada” frente a todo lo que ocurre al personaje.

En 2017 el canal web Hulu presentó The Handmaid’s Tale como miniserie de diez capítulos de producción propia, con Elisabeth Moss en el papel de Offred. La propia autora, Margaret Atwood, trabajó como consulting producer. La serie obtuvo cinco galardones en los premios Emmy [6], incluyendo el más deseado, el de “mejor serie dramática”, por primera vez otorgado a una serie web.

Anticipación y controversia

Esta ficción publicada en 1985 es poco conocida, a pesar de haberse adelantado a lo que ocurriría una década y media después con el ataque a las torres gemelas y el paroxismo anti inmigración musulmana en EEUU.

Como ocurre en el film “la Ola” (Die Welle, 2008), solemos pensar que el mundo actual ha evolucionado y aprendido de los errores del pasado y por lo tanto no pueden volver a instaurase regímenes totalitarios que anulen la libertad de elección de los ciudadanos. Sin embargo, como si estuviera impregnado en nuestro ADN, siempre surgen situaciones extremas que “justifican” que las cosas se hagan como unos pocos consideran correctas.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU ha producido un resurgimiento de la literatura de ficción distópica, caracterizada por imaginar sociedades muy similares a las actuales donde con pequeñas diferencias se establecen estados totalitarios que garantizan su permanencia en el poder mediante la manipulación psicológica de los ciudadanos, normalmente reducidos a meros operarios de la maquinaria social. Entre los libros más vendidos de la era Trump, se encuentran “1984[7]… y la reedición de “El cuento de la Criada”, potenciada por el estreno de la serie.

En ese es escenario no es de extrañar que el atuendo utilizado por las “criadas” en la novela se convierta en símbolo para la crítica de políticas de estado en relación con los derechos de las mujeres en EEUU, y que desde el estreno de la serie hayan sido varios los grupos de mujeres vestidas de criadas que se manifestaron en marchas públicas en contra de recortes de planes de salud reproductiva que afectan particularmente a las mujeres de pocos recursos [8].


[1]Y ella dijo: Aquí está mi sierva Bilha; llégate a ella para que dé a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo también tenga hijos. Y le dio a su sierva Bilha por mujer, y Jacob se llegó a ella. Bilha concibió y dio a luz un hijo a Jacob. Y Raquel dijo: Dios me ha vindicado[e]; ciertamente ha oído mi voz y me ha dado un hijo”. Génesis 30:3

[2] “Nolite te bastardes carborundorum” en latín, literalmente: “No dejes que los bastardos te carbonicen” pero podría interpretarse en el contexto como “No dejes que estos hijos de puta te jodan”. Abelardo Castillo 2013, el candelabro de plata y otros cuentos, Alfaguara. El asesino intachable.

[3] Esta obra del siglo XIV se compone de varios relatos que cuentan los peregrinos que van a Canterbury, para amenizar su viaje. De esta manera de organiza según lo que se cuenta: el cuento del mercader, el cuento del Fraile, el cuento del caballero… De allí derivaría el título de la novela “el cuento de la criada”

[4] “Un mundo Feliz” (A Brave New World) de Aldous Huxley. En esta novela se divide a las castas sociales en Alfas Los más inteligentes. Visten de color gris y se dedican a las tareas que requieren más responsabilidad y toma de decisiones; Betas: Son los que se visten de blanco y realizan actividades administrativas y profesionales; Gammas: Visten de verde, realizan trabajos que requieren cierta habilidad y entrenamiento; Deltas: Visten de caqui y tienen trabajos mucho más simples; y Epsilones: Visten de negro y realizan los trabajos poco dignos.

[5] La autora de “The Handmaid’s Tale” confirmó que la dictadura argentina fue una de sus influencias, https://tn.com.ar/show/basicas/la-autora-de-handmaids-tale-confirmo-que-la-dictadura-argentina-fue-una-de-sus-influencias_846914

[6] Handmaid’s Tale: la serie que arrasó en los Emmy y que busca potenciar los derechos de las mujeres https://www.vix.com/es/actualidad/189317/handmaids-tale-la-serie-que-arraso-en-los-emmy-y-que-busca-potenciar-los-derechos-de-las-mujeres?utm_source=internal_link

[7] El EE.UU. distópico de Trump dispara las ventas de «1984»

[8] Vestidas de criadas, estas mujeres exigen que se respeten sus derechos reproductivos

El otro lado de la cortina

“Recuerda 430. Richard y Linda. Dos pájaros de un tiro”

Predecir la longevidad de las series de TV resulta entre difícil e imposible. Todas arrancan como si fueran a devorarse a los espectadores pero muchas de ellas apenas completan una única temporada. Ya no depende de la inversión inicial ni del despliegue de figuras famosas en su elenco, la continuidad no puede asegurarse. Basta pensar en la megaproducción Sense8 de los hermanos Wachowski, cancelada poco tiempo después de haber lanzado la segunda temporada en la plataforma Netflix. O el caso de Flashfoward (basada en un libro de Robert J. Sawyer) que en su estreno en Estados Unidos tuvo una audiencia de 12,41 millones de espectadores, y no logró renovarse para una segunda temporada.

Por otro lado, son varias las series que han superado su décimo año: Big Bang Theory, Supernatural, o CSI: Crime Scene Investigation son algunas de ellas. Los programas animados de los Simpson y South Park han superado hace rato las veinte temporadas en el aire.

Otras series han “engendrado” continuaciones y precuelas dentro de su propio universo, como el caso de la conocida serie Star Trek (1966), que cincuenta años después sigue en viaje de exploración con Star Trek Discovery (2017).

El medio siglo ya lo había cumplido la serie inglesa Doctor Who en 2013 con el estreno mundial en cines del capítulo “the day of the Doctor”, y siguió luego agregando historias y personajes. El truco está en que la trama permite cambiar al actor que interpreta al “doctor” sin perder continuidad en la lógica de la serie convirtiéndose así en la producción para TV, que sigue “en el aire”, más longeva de la historia.

De lo que no hay antecedentes es de lo que ocurre con Twin Peaks, una serie de principios de los 90s que “continúa”, como si nada, en 2017.

¿Quién mató a Laura Palmer?

Creada por Mark Frost y David Lynch, y estrenada en 1990 por la cadena ABC, la serie atrapó enseguida al público. El singular agente Dale Cooper llega al pueblito norteamericano de Twin Peaks, muy cerca de la frontera con Canadá, a investigar la muerte de la chica más popular del pueblo. El resto de la trama… es muy difícil de explicar: Lo que comienza como un policial, alcanza ribetes metafísicos y pronto se descubre que ese lugar encantador y su gente adorable ocultan un mundo de engaños, drogas y violencia. El bosque que rodea al pueblo tiene algo misterioso, que amenaza continuamente la tranquilidad del pueblo.

Luego de treinta episodios repartidos en dos temporadas, la serie terminó (casi abruptamente) dejando más preguntas que respuestas, pero convertida de lleno en serie de culto.

Heredarás el prime time

Twin Peaks marca un antes y un después en la historia de la ficción televisiva, ya que inaugura el tipo de “serie de autor”, donde cada capítulo “autoconclusivo” forma parte de una historia mayor y compleja. Además, lo interesante para la época y para el medio, fue la mezcla de drama, policial y humor negro, con personajes más complejos que “el bueno” o “el malo”. El desarrollo de una trama general poco clara motivó (en una incipiente internet) el intercambio entre los fans de “hipótesis” sobre lo que realmente ocurría en Twin Peaks, mucho antes de que aparecieran los foros dedicados a series como Lost o Dark.

En 1993, después del final de la segunda temporada, David Lynch se despachó con una película “precuela” de la serie, Twin Peaks: Fire Walk With Me, que aportó muchos datos sobre los días anteriores a la muerte de Laura Palmer, pero que resultó demasiado críptica para la mayoría de los espectadores (de hecho fue abucheada en Cannes y defenestrada por la mayoría de los críticos).

Desde entonces, series como the killing o Wayward Pines suelen ser consideradas “herederas televisivas” de Twin Peaks, así como otras en las que la temática difiere, pero sus creadores se animan a jugar con la profundidad de los personajes, que seguramente viven en algún pueblo alejado y misterioso.

Temporada 3. Esto no es spoiler

En el último episodio de la segunda temporada, el Agente Cooper se encuentra en un lugar de características sobrenaturales (el “Pabellón Negro”) con Laura Palmer, la chica asesinada. Ésta le dice “Nos vemos en veinticinco años” y adopta una posición como de estatua y se queda quieta.

Precisamente veinticinco años después Twin Peaks volvió a las pantallas con una tercera temporada, una producción de lujo, la mayor parte del elenco original y un montón de personajes nuevos.

Después de años de idas y venidas con este proyecto (con y sin David Lynch) finalmente los fans pudieron encontrarse con un nuevo capítulo de la serie. Las primeras imágenes de la nueva temporada incluyen al misterioso “gigante” hablando con el agente Cooper (veinticinco años más viejo, por supuesto) en una escena en blanco y negro. Volvemos a encontrarnos con un discurso enigmático, que solo va a tomar algo de sentido al final de la temporada.

E inmediatamente pasamos a la imagen del retrato de Laura Palmer en la vitrina de trofeos de la escuela secundaria de Twin Peaks… esa foto angelical que sabemos que precede a la increíble cortina musical de Angelo Badalaneti… y una nueva secuencia de inicio de la serie en la que se contraponen las letras rojo y verde tan del estilo VHS de inicios de los noventa, con toda la calidad de efectos del siglo XXI, mezclando a la perfección las imágenes que son identificatorias de la serie.

Los viejos y los nuevos

Vuelve el agente Cooper, Bobby Briggs, Shelly Johnson, Audrey Horne, James Hurley, La dama del tronco, el Dr Jacoby, Nadine, Big Ed y Norma. Aparece nuevamente el agente transgenero Denis/e Bryson interpretado por David Duchovny. También retorna la pareja de Lucy y el oficial Andy Bennan, que ya tienen un hijo veinteañero (cuando terminó la segunda temporada ella estaba embarazada), el agente Hawk y el propio David Lynch en su rol de Gordon Cole, el director regional del FBI, con grandes problemas de audición.

Personajes centrales como el del Mayor Briggs (Don S. Davis) o el de Pete Martell (el actor fetiche de Lynch, Jack Nance) no estarán presentes por fallecimiento de los actores que los interpretaban. En cambio aparecen “dama del leño” y el agente Albert Rosenfield, aunque los actores Catherine Coulson y Miguel Ferrer fallecieron antes del estreno de la temporada. David Bowie, que había interpretado al desaparecido agente del FBI Phillip Jeffries en “Fire Walk with Me”, estaba interesado en volver a hacerlo pero el cantante murió en 2016 sin llegar a filmar ninguna nueva escena.

El gran ausente es Michael Ontkean, el sheriff Truman que no se sumó a la propuesta, pero lo reemplaza Robert Forster como Frank, su hermano en la ficción y nuevo sheriff de Twin Peaks.

Entre los “nuevos” figuran actores de renombre como Laura Dern (en el rol de la nunca vista hasta ahora “Diane”) Naomi Watts, Jim Belushi, Tim Roth, Ashley Judd, Amanda Seyfried, Michael Cera, Jeremy Davies, Balthazar Getty, entre otros. Mónica Bellucci sorprende con una breve, pero interesante aparición onírica.

“Somos como el soñador que sueña y, después, vive dentro del sueño. Pero, ¿quién es el soñador?”

David Lynch logra lo que es el sueño de todo director: libertad para hacer lo que le plazca. Y es lo que hace, llevando a la TV el estilo de sus películas.

La tercera temporada de Twin Peaks está más ligada a la primera y a lo que ocurre en la película “precuela” Fire Walk with Me. En ese sentido Lynch “sube la apuesta” con el tema del Doppelgänger[1],o doble malvado que reemplaza al original. Ese “otro” que es a todos los efectos uno mismo, pero con una finalidad diferente. El agente Cooper que encarna en la serie a todo lo bueno es reemplazado no solo por un doble, sino por dos. Uno de ellos, personificando todo el mal (al mejor estilo Dr. Jekyll y Mr. Hyde) y el otro, como una persona “ausente”.

Los primeros capítulos de la temporada desconciertan al fanático que espera el regreso a Twin Peaks. Aparecen nuevos personajes, hay muchos baches en la historia que deben rellenarse sin demasiada información, y casi toda la acción se desarrolla fuera del pueblo. Sin embargo, los capítulos finales retoman y cierran (a lo David Lynch) la historia.

Si hay algo que caracterizó a Twin Peaks en sus primeras temporadas (y en la película) fue la calidad de su banda de sonido, encarada por el músico Angelo Badalamenti, que no solo acomapaña a la historia sino que se funde con ella y forma una unidad. En esta nueva entrega de la serie la música también tiene un lugar preponderante. Al final de cada episodio los personajes acuden al Roadhouse bar a tomar algo y escuchar alguna presentación en vivo, antes de que aparezca la secuencia de títulos. Aquí desfilan grupos como Chromatics, The Cactus Blossoms, the Veils, las chicas de Au Revoir Simone, Eddie Vedder y hasta los Nine Inch Nails[2], poniendo con su arte la cereza del postre a cada capítulo. Increíbles las performances de Rebekah del Río (que ya nos había conmovido en Mullholland drive) y de Julee Cruise, voz fundamental del universo Twin Peaks.

¿Qué hace falta?

Consultado en una entrevista sobre qué hace falta saber o haber visto para estar en condiciones de ver la nueva temporada, Lynch contestó: “absolutamente nada”. Sin embargo, hay muchos detalles enlazados con las temporadas anteriores, la película y las “escenas extra” de los DVDs, que hace indispensable estar inmerso en el universo Twin Peaks antes de aventurarse a esta nueva temporada. En Latinoamérica el operador de streaming Netflix ofreció los nuevos capítulos de la serie, sin renovar os anteriores por lo que muchos pueden haberse encontrado perdidos ante tanto contenido Lyncheano.

La tercera temporada de Twin Peaks no resuelve casi ninguna de las cuestiones que quedaron pendientes al final de la segunda, de hecho agrega nuevos interrogantes, pero recupera “la magia” de esta serie a la vez que propone nuevamente un recorrido diferente (interesante y vanguardista) al ofrecido por otros productos televisivos. En ese sentido Twin Peaks quizás no sea una opción apetecible para cualquier tipo de espectador… pero bien vale la pena el intento.


[1] Doppelgänger: vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico de una persona viva. La palabra proviene de doppel, que significa «doble» y gänger: «andante».

[2] The Roadhouse: Todos las apariciones musicales en Twin Peaks, de Chromatics a NIN http://warp.la/editoriales/the-roadhouse-twin-peaks.

El profesor peripatético

El profesor Merlí Bergeron (Francesc Orella) da clases de filosofía en un instituto secundario. Desde el vamos, esto puede que no suene muy interesante… y menos todavía que dé para el desarrollo de varios capítulos. Sin embargo, la serie ya completó dos temporadas en virtud de explotar una fuerte dicotomía: Merlí es un brillante profesor de filosofía, con una vida desastrosa y con actitudes éticamente discutibles.

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Conducta en la isla de Creta

«Temo a los griegos, incluso cuando traen regalos»

Virgilio

Ya lo dijo el poeta en la Grecia del siglo VI (A.C.):”Todos los cretenses son mentirosos”.

Se sabe que mienten por la mañana, por la tarde, por la noche; para el desayuno, para el almuerzo, para la cena. No dan descanso a la mentira. Mienten también los domingos y los feriados, en navidad y en año nuevo. No lo hacen por ambición o maldad; es algo natural en ellos: Han oído mentiras desde la cuna, han mentido desde que aprendieron a hablar.

Tal continuidad en la mentira hace que toda afirmación quede invertida, y cuando uno se acostumbra a ello, parece de lo más normal. La gloria del sistema cretense se basa en ese acuerdo tácito de que todos y cada uno de sus ciudadanos solo dirá mentiras cada vez que se comunique con otra persona. Si solo uno de ellos abandonase por un momento este cometido, todo se vendría abajo. Uno no sabría si invertir o aceptar un mensaje en forma directa. Si solo uno de los cretenses dijera una mínima verdad, eso de que “Todos los cretenses son mentirosos” se convertiría en una gran mentira.

Es por eso que la verdad se castiga tan severamente en Creta, como si se tratara de alta traición. De hecho, y por definición, si un cretense dice algo que no es mentira deja inmediatamente de ser cretense y debe abandonar la isla porque su simple presencia es riesgosa para el resto.

Hay una embajada que acoge a los cretenses que han dejado de serlo, y les busca ubicación en el exterior. Fuera de Creta es sabido que los cretenses se destacan como comerciantes y abogados. Epiménides propuso interesantes paradojas. Hay también, quienes tienen habilidad para las letras y la imaginación. O eso creen.

Lo digo yo, que he visto en sueños lugares maravillosos, y que alguna vez nací en Creta.

Un Castillo de palabras

Hace años, en un suplemento literario de un diario (cuando los diarios tenían suplementos literarios que daba gusto leer), me sorprendió un artículo sobre Unamuno que no solo rescataba la originalidad de este autor español, sino que también lo resaltaba como persona. Conservo todavía el recorte, y debe de haber sido mi primera lectura de un texto de Abelardo Castillo.

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Peckinpah y después

Hace poco, pasando canales en la tele, me detuve en una escena que reconocí como de una película que no era la que estaba viendo. Se trataba de una remake de “Perros de paja”, cuya existencia desconocía.
La versión original fue dirigida en 1971 por Sam Peckinpah y protagonizada por Dustin Hoffman y Susan George en los papeles principales. El film es profundamente perturbador, y dispara sensaciones encontradas.

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Los héroes locos

Todos los héroes locos son el Quijote. Locura relativa, por supuesto, cuyo sentido es el de ir en contra del común. Habiendo planteado todo esto, una nota de Cine sobre Cervantes y sobre el Quijote, no es necesariamente una versión del Quijote sino que se impone un camino más interesante: tratar de llegar al Quijote por caminos que no conducen al Quijote. Y ahí tenemos una película que no trata sobre el Quijote, pero nos lleva por su camino (el del héroe loco). Se trata de They Might Be Giants.

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Encuentro y desencuentro

Si bien un idioma se formaliza con el acuerdo de quienes lo practican, muchos se han afianzado a través de una obra de referencia cuyo autor, por inducción, deviene en progenitor de la lengua. Siendo que algunos de estos referentes han sido contemporáneos, imaginar que quizás se conocieran o que por lo menos se encontraron en algún momento, constituye una fantasía más que interesante.

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Nombres y palabras

Mi universo parece estar formado por un número reducido de palabras, y de nombres, que se repiten unas a otros y los encuentro, como si tan solo estuviesen por ahí, de casualidad, pero también organizados para buscarme y encontrarme.

Parecieran formar parte de las paredes de un laberinto, con las que choco constantemente en mi ciega búsqueda, no de una salida, sino de un camino medianamente digno e inteligente de sobrellevar.

Y cuando en esa búsqueda nuevamente noto que las palabras se repiten, de repente un nombre llama a otro nombre y ese a otro que sin duda conduce al primero; entonces abro bien los ojos, y quedo atento a las palabras que siguen, al nombre que viene, que generalmente es uno más de los mismos de siempre, pero a veces no, y lo anoto y espero después con paciencia a que se repita, a que otra palabra, a que otro nombre me vuelva a llevar a esa palabra, ese nombre, y saber que es también una puerta del laberinto, un pasillo a otras palabras, otros nombres, que no son las mismas palabras, los mismos nombres, y que aunque después se sigan repitiendo y se llamen unas a otros y me busquen, me darán la garantía de que ya no estoy en el mismo sitio, que me muevo y estoy vivo, que hay un camino más allá de la palabras.

Sin Rumbo fijo

“Nadie es profeta en su tierra” dice el refrán, y en muchos casos nunca mejor aplicado que en Argentina. Muchos artistas y científicos que no despiertan la atención local son valorados y reconocidos en el resto del mundo. Los argentinos nos vanagloriamos de ellos cuando son reconocidos por los demás, sin meditar en que sus logros han pasado desapercibidos para nosotros.
Es posible ubicar a Borges en esta categoría: aclamado como uno de los grandes autores de la literatura universal, apenas ha sido leído por los argentinos. Así, la adaptación cinematográfica más lograda de “la muerte y la brújula”, uno de los relatos más conocidos y celebrados de Borges, fue filmada en inglés, en la ciudad de México, con reparto internacional y director británico.

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La Memoria del Hielo

En 1969, alcanzado ya por la ceguera, Jorge Luis Borges escribe en su “Elogio de la sombra”, el texto “un lector” en el que cuenta:
“…Cuando en mis ojos se borraron
las vanas apariencias queridas,
los rostros y la página,
me di al estudio del lenguaje de hierro
que usaron mis mayores para cantar
espadas y soledades…

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Trafalgar y después

“A lo fantástico se puede llegar por varios caminos” dice Adolfo Bioy Casares “uno de ellos es la sintaxis”. La seguridad y la forma con la que Trafalgar habla de estos lugares de ficción hacen entrar al lector en el terreno de la “ambigüedad” que existe entre lo cotidiano y lo improbable. No hay nada más cotidiano que el lenguaje, fuertemente marcado por la oralidad rioplatense, que usa Trafalgar, y no hay nada más improbable (en un sentido de refutación) que sus aventuras.

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