Macedonio y la Muerte (Su poema, Elena Bellamuerte)

Es notable en la escritura de Macedonio la presencia de la mujer-personaje y la Muerte, pero más notable es cómo la encara, a la muerte.

Macedonio Fernández se casa en 1899, a la edad de 25 años, con Elena de Obieta. Elena muere en 1920. Es a partir de ese momento que Macedonio abandona su profesión de abogado y se dedica a la escritura; no a publicar sino a escribir; en realidad, a pensar y dejar escritos esos pensamientos, su verdadero legado.

Aun así, Macedonio publica No todo es vigilia… en 1928 pero a instancias de Scalabrini Ortiz y Marechal. Interesa lo que sucede diez años después: aparece Novela de la Eterna, y la Niña del dolor, La “Dulce persona” de un amor que no fue sabido, verdadera anticipación de Museo de la Novela de la Eterna. Se observa que los nombres de los personajes son una reiteración en su construcción literaria. ¿Qué influencia tuvo la muerte de Elena? ¿Es Elena el personaje Eterna? ¿Lo es Niña del dolor o Dulce-persona? La respuesta a la primera pregunta la responde el abandono de la profesión, el cambio de vida y la búsqueda en la que se ve sumido el resto de sus días. Así como Discépolo es el “filósofo en zapatillas”, Macedonio es quien se pone las zapatillas en medio de un mundo intelectual y baja a la Filosofía al llano, o, mejor: la eleva a grados superlativos. Ahora bien: ¿qué elemento de la vida lleva a las preguntas más profundas sino al presencia de la muerte? Es en el poema Elena Bellamuerte donde Macedonio la enfrenta, a la Muerte, tal vez la comprende, y, si lo hace, creo es desde el Amor.

Antes de compartir el poema, dos recomendaciones: La mujer y la muerte en Macedonio Fernández, de León Rozintchner (use el buscador, hombre. que está en pdf); y el desgarrador romance Una noche de verano que Antonio Machado escribe tras la muerte de Leonor, dolor que lo acompañará por el resto de su vida, pero de distinto modo a la postura de Macedonio.

ELENA BELLAMUERTE

No eres, Muerte, quien
por nombre de misterio
pueda a mi mente hacer pálida
cua1 a los cuerpos haces. ¡Si he visto
posar en ti sin sombra el mirar de una niña!
De aquella que te llamó a su partida
y partiendo sin ti, contigo me dejó
sin temer por mí. Quiso decirme
1a que por ahínco de amor se hizo engañosa:
“Mírala bien a la llamada y dejada: la Muerte.
Obra de ella no llevo en mí alguna
ni enójela,
su cetro en mí no ha usado,
su paso no me sigue
ni nevó su calor ni de sus ropas hilos
sino luz de mi primer día,
y las alzadas vestes
que madre midió en primavera
y en estío ya son cortas;
ni asido a mí llevo dolor
pues ¡mírame! que antes es gozo de niña
que al seguro y ternura
de mirada de madre juega
y por extremar juego y de amor certeza
-ved que así hago contigo, y lo digo a tus lágrimas
a su ojos se oculta.
Segura
de su susto curar con pronta vuelta.”
¡Si he visto cómo echaste
1a caída de tu vuelo, tan frío,
a posarse al corazón de la amorosa!

Y cuál lo alzaste al pronto.
de tanta dulzura en cortesía
porque amor la regía,
porque amor defendía
de muerte allí.

Yo sabía muerte pero aquel partir no.
Muerte es beldad y me quedó aprendida
por juego de niña que a sonreída muerte
echó la cabeza inventora
por ingenios de amor mucho luchada.

Muerte es Beldad
mas muerte entusiasta,
partir sin muerte en luz de un primer día
es divinidad.

Grave y gracioso artificio
de muerte sonreída
¡oh cuál juego de niña
lograste, Elena, niña vencedora!
Arriba de Dios fingidora
en hora última de mujer.

Mi ser perdido en cortesía
de gallardía tanta,
de alma a todo amor alzada.
¿Cuánto será que a todo amor alzado,
servido a su vivir,
copa de muerte a su vivir servida,
pruebe otra vez, la eterna vez del alma,
el mirar de quien hoy sólo el ser de la Espera
cual sólo el ser de un Esperado tengo?

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