El Enemigo que todos quieren

Un paseo por distintas enemistades en el cine y la literatura

Enemigo:  Que odia y procura hacer daño[1].

Definición

“Los amigos van y vienen, pero los enemigos se acumulan.”

Thomas M. Jones

El que hace, bien o mal, consigue enseguida que alguien exprese su pensar sobre lo que hizo. Opinar es fácil, y hoy en día puede hacerse a través de los medios digitales, en forma anónima, desde el colectivo o sin salir de casa. Puede tratarse de crítica sana, o maliciosa. Justificada o no.

Ese que siempre piensa lo opuesto, independientemente de cuál sea la propuesta, se convierte en el enemigo, alguien que nos odia más allá de lo que hayamos dicho, hecho o pensado.

No se trata del enemigo en sentido bélico, el que está en el otro bando durante la guerra y que estamos obligados a odiar en la lógica de la guerra. No. Aquí intervienen diferencias sociales, políticas, religiosas, llevadas al extremo. Y en última instancia, las diferencias son de persona a persona sin importar razones o creencias.

El común de la gente no tiene enemigos. Encuentran adversarios, antagonistas, gente que les complica la vida, pero que no llegan a ser enemigos. Ese jefe que siempre tiene un pero… es muy probable que lo tenga con todos. Con alguno más. Pero no se trata de una enemistad… será acaso un abuso de autoridad.

Visto así, tener enemigos implica cierto grado de emancipación sobre la cotidianidad. La literatura y el cine, en su búsqueda por interpretar lo que nos pasa, han retratado a varios enemigos ficticios que poco tienen que envidiarle a los reales.

Un enemigo a la medida de uno:

En la ficción, Sherlock Holmes tiene su archienemigo: el profesor James Moriarty, a quien describe como “el Napoleón del crimen”. Justo él, que dedica todos los momentos de su existencia a luchar contra el delito.

”Es un hombre de buen nacimiento y excelente educación, dotado por la naturaleza con una fenomenal habilidad matemática. A la edad de 21 años escribió un tratado sobre el teorema del binomio que ha tenido éxito en Europa”…”Pero el hombre tenía tendencias hereditarias de la clase más diabólica. Una cepa criminal corría en su sangre, lo cual, en lugar de ser modificado, fue aumentado y lo hizo infinitamente más peligroso por sus extraordinarios poderes mentales[2]”.

Una figura así constituye el enemigo justo y necesario con el nivel intelectual del héroe. Y es que la “calidad” del enemigo define, por oposición, la “liga” en la que juega el héroe. No sirve contar con enemigos “menores”, eso menosprecia la capacidad de quien es odiado por el enemigo. La medida del héroe estará a la altura de su enemigo.

Moriarty aparece en el cuento “El problema final”, publicado en diciembre de 1893 en The Strand Magazine, donde finalmente se enfrenta con Sherlock, en las Cataratas de Reichenbach. Fue el intento infructuoso de Arthur Conan Doyle para deshacerse de Holmes, cuya figura se había agigantado por encima del autor.

La película “El caso Final” (The Seven-Per-Cent Solution, de Herbert Ross, 1976) recrea el cuento, pero con una vuelta de tuerca: Moriarty es solo un genio del mal en la imaginación de Holmes, distorsionada por las drogas que consume.  Watson y Mycroft Holmes (el hermano más inteligente, pero completamente aislado de la sociedad) inventan una pista falsa para llevar a Sherlock a Suiza para que sea tratado por el joven médico Sigmund Freud.

El film entonces cruza la incipiente psicología con la lógica perfecta del detective, obteniendo una nominación al Oscar por su guión adaptado (tuvo también otra por Mejor vestuario). Cuenta además con un excelente reparto encabezado por Nicol Williamson, Alan Arkin, Robert Duvall y Vanessa Redgrave

El enemigo que justifica:

Un enemigo extremadamente poderoso, o de una “liga mayor” sirve para justificar acciones que no son del todo racionales.

Al principio de su mandato en Alemania, Adolf Hitler desarrollaba actividades bélicas que eran justificadas por los líderes de occidente, debido al temor que despertaba el terrible enemigo del comunismo y  la figura de Stalin. Tarde comprendieron que habían dado rienda suelta al que se convertiría pronto en su mayor enemigo.

Un villano inconmovible es el Keyzer Soze de “los sospechosos de siempre” (The Usual Suspects,  de Bryan Singerm 1995), más allá de la veracidad del relato que lo presenta, viene a dar explicación a todo lo que no corresponde a lo planeado.  Se trata de un personaje poderoso (y omnipresente), que no tiene ningún problema en matar tanto a enemigos como famliares para demostrar de lo que es capaz. Su accionar se convierte en leyenda, ya que nadie lo ve directamente, pero muchos trabajan para él sin saberlo. En el film nos enteramos de su existencia por el relato del personaje Verbal Kint (Kevin Spacey), que genera varias lecturas posibles, en particular con el uso de la frase: “La mejor jugada del diablo fue convencer al mundo de que no existía”.

El enemigo competitivo:

En “Así no se trata a una dama” (No Way to Treat a Lady, 1968) de Jack Smight, un veterano actor (Rod Steiger) hace uso de sus dotes histriónicas para llevar a cabo una serie de femicidios por estrangulamiento.

Un policía judío (George Segal) que vive con su madre, se dedica al caso y, a partir de las llamadas telefónicas del asesino entabla  una relación de oponentes en el juego por evitar más muertes.

El film muestra la contraposición de las dos figuras y sus formas diferentes de vida, aunque ambas personalidades están signadas por las figuras de sus madres.

El guión adapta la novela del mismo nombre, de William Goldman, quien se inspiró en un artículo sobre “el estrangulador de Boston” quien a principio de la década del 60 asesinó a trece mujeres por estrangulamiento.

El enemigo necesario:

Perramus, el piloto del olvido, es una mítica historieta de aventuras con guión de Juan Sasturain  e ilustraciones del “maestro” Alberto Breccia. En ella desfilan personajes ficticios y algunos también reales, como Jorge Luis Borges, Carlos Gardel o Gabriel García Márquez.

Uno de los protagonistas es, justamente “el enemigo”: un hombre que se animó a tratar de derrocar el régimen dictatorial  de la isla de Mr. Whitesnow, y fue capturado.  Cada año, en la fecha de aquel intento fallido, liberan al enemigo para que trate de volver a su avión y escapar, pero vuelve ser capturado en lo que resulta un evento festivo.

Hasta que el enemigo les arruina la fiesta… y ya no trata de escapar.

Se trata aquí del enemigo necesario (el capítulo donde se lo presenta se llama así). El régimen lo necesita para mantener la farsa de la libertad.

Perramus y su compañero Canelones llegan a la isla, y enterados de que el enemigo ha abandonado su intento de escapar… organizan ellos la huida. A partir de ahí, el enemigo (solo con ese nombre) será un protagonista más de las aventuras de Perramus por recuperar la memoria.

El enemigo impensado:

En la película británica “El quinteto de la muerte” (The Ladykillers, de Alexander Mackendrick, 1955) un grupo de maleantes de hace pasar por un quinteto musical para alquilar un cuarto en la casa de la anciana señora Wilberforce (Katie Johnson). Desde allí planean y ejecutan un gran robo de dinero desde la estación ferroviaria de King’s Cross. El éxito de la operación se ve opacado por el hecho de que la anciana descubre la verdad y los obliga a entregarse, convirtiéndose en el enemigo final de los maleantes. La banda decide deshacerse de ella, pero resulta más complicado de lo que podrían imaginar.

El film combina el policial con el humor negro, y  cuenta con las increíbles actuaciones de Alec Guinness como el maquiavelico Profesor Marcus, Cecil Parker como el Mayor Courtney, Peter Sellers como Harry Robinson, Danny Green como el forzudo “One-Round” Lawson y  Herbert Lom como el opositor al profesor, Louis Harvey.

Acompañando a estos astros masculinos está la actriz Katie Johnson, que en un principio fue descartada por su edad avanzada (setenta y siete años) para encarar el rodaje. Se la reemplazó por una actriz más joven, pero pocos días antes de comenzar a filmar ésta falleció por problemas respiratorios, por lo que el personaje recayó finalmente sobre Johnson.

Los hermanos Joel y Ethan Coen dirigieron en 2004 una versión norteamericana de The Ladykillers, en la que la acción se desarrollaba en un pueblo del Misisipi, pero que a pesar de contar con excelente elenco no logró superar a la original.

El enemigo creíble

Un enemigo implacable es con quien debe enfrentarse el personaje de Bruce Willis en Duro de matar (Die Hard, 1988). El alemán Hans Gruber (interpretado por Alan Rickman) es uno de los mejores villanos de la historia del cine. Astuto, no es como los enemigos a los que se enfrentan James Bond o Batman, que cuando capturan al héroe elaboran una intrincada trampa para matarlo, de la que escapa en el último minuto. Gruber viene por la plata, y al que se opone, un tiro en la nuca.

Su intervención es como la de un juego de ajedrez, en el que cada jugada ha sido largamente pensada. Frío e Inteligente, se presenta como un terrorista con objetivos políticos pero posee otra motivación bien creíble: hacerse con un montón de dinero.

La película se basa en la novela “Nothing Lasts Forever” (1979) de Roderick Thorp, que es a su vez una suerte de continuación de una obra anterior del autor, “El detective” llevada al cine con el mismo nombre en la década del 60 y protagonizada por Frank Sinatra. Como éste ya era mayor, la gente de la Fox estuvo largo rato tratando de encontrar al protagonista ideal, decidiéndose finalmente por el casi desconocido Bruce Willis, con quien logró el éxito de taquilla[3].

La producción tenía primero en la lista para el villano a otro nombre: Sam Neill, que al final no fue, por lo que pasó al “plan B” y ofreció el papel a Alan Rickman. Rickman venía del teatro, y no estuvo inicialmente muy entusiasmado con  trabajar en el cine de acción, pero finalmente accedió con excelentes resultados.

El enemigo conveniente:

La novela 1984 (Nineteen Eighty-Four) de  George Orwell, publicada en 1949, presenta una visión distópica del mundo en el que casi su totalidad se encuentra en guerra y bajo regímenes totalitarios. De esta historia nos viene el concepto del omnipresente “Gran Hermano”, la manipulación mediática, y la idea de que controlando el diccionario es posible definir el futuro de un pueblo.

Tan impactante es el efecto de 1984 (y de su otra obra conocida: “Rebelión en la Granja”) que en muchos casos la realidad cotidiana o ciertos hechos en particular terminan definiéndose como “Orwellianos”

Quizás lo más interesante de 1984 sea “el enemigo” al que se enfrenta el Gran Hermano:  Emmanuel Goldstein (la descripción de este personaje se asocia con la del líder revolucionario ruso León Trotsky, pero su el nombre podría ser una deformación del de la anarquista y feminista Emma Goldman[4])?

Goldstein sería, según la novela, uno de los fundadores del Partido, al que luego traicionó para formar una nueva organización que lo combatiría. Él se convierte en el culpable de todo lo malo que le ocurre al pueblo. Se lo imagina siempre conspirando. Continuamente se conocen en los medios acciones aberrantes de las que los culpables admiten que fue Emmanuel Goldstein quien les dijo que las llevaran a cabo.

Es por eso que todos los días en las telepantallas de los espacios públicos se dedican “Los Dos Minutos de Odio”, a recordar las iniquidades del enemigo del pueblo Emmanuel Goldstein. Esto solo sirve para que El Gran Hermano se establezca con mayor poder, y se justifiquen así cualquiera de sus actos en contra de la libertad.

1984 cuenta con dos versiones cinematográficas: una de 1956, dirigida dirigida por Michael Anderson y protagonizada por Edmond OBrien, Jan Sterling, Michael Redgrave y Donald Pleasence, Y otra estrenada en el mismo año del título, dirigida por Michael Radford,  con la actuación de  John Hurt, Richard Burton y Suzanna Hamilton. Actualmente se habla de la posibilidad de una nueva versión cinematográfica.

1984 resulta útil como muestrario de manipulación: “El enemigo” es parte necesaria de la maquinaria de control. Sirve para adjudicarle todas las culpas, y a la vez justifica las acciones más extremas, como medida del gobierno para contrarrestarlo. Cada tanto, descubrimos en los medios reminiscencias de esta ficción pero, desgraciadamente, como parte de la realidad.

El enemigo que nos une:

El libro “El día de los trífidos” es poco conocido fuera del círculo de los amantes de la Ciencia Ficción, y sin embargo constituye un manual sociológico ante una amenaza global. La novela, del autor británico John Wyndham, fue publicada en 1951.

El protagonista de la historia despierta en un hospital con los ojos cubiertos debido a una intervención que le han hecho, para descubrir que prácticamente no hay nadie en el hospital o en la ciudad de Londres. Un extraño evento astronómico (un supuesto cometa), aparecido mientras él estaba vendado, ha dejado ciegos a todos lo que lo han visto.

A la pérdida de visión se suma que han proliferado los “Trífidos” unas plantas oleaginosas con capacidad para moverse y que despiden un veneno capaz de matar a un animal grande. Los Trífidos se alimentan luego de la carne descompuesta de sus víctimas. Ante una gran población de personas ciegas, estos seres encuentran a los humanos como presa fácil.

Más allá de las situaciones fantásticas del cometa y de los trífidos, la novela aborda el problema de la organización social frente a una catástrofe. Aparecen pequeños grupos que se encierran para sobrevivir, rechazando el contacto con otros humanos. Empiezan a formarse y también “fortalezas” con organización feudal. El protagonista de la historia trata de lograr la colaboración de todos los miembros de una comunidad, concientizando acerca de que el éxito de la sobrevivencia, como humanos, está en el trabajo conjunto.

La trama (supervivencia ante un desastre global) puede sonar conocida. Es tratada en otras obras de la misma época como “Soy leyenda” (I Am Legend, 1954) de Richard Matheson. También fue adaptada a distintos medios: en 1953 como programa de radio de la BBC, en 1962 se estrenó la versión cinematográfica. En1981 la BBC la produce como serie televisiva y en 2009 se la presenta en formato de mini-serie de dos capítulos de noventa minutos cada uno.

La historia se repite en otras obras del mismo carácter. Por ejemplo la película de Danny Boyle, “Exterminio” (28 Days Later, 2002) coincide en la idea, pero en vez de enfrentarse a plantas asesinas existe un virus que convierte a la gente en zombies. La escena inicial muestra al protagonista despertando  en un hospital y descubriendo que mientras estuvo inconsciente el mundo ha cambiado radicalmente, como ocurre en la novela de Wyndham.

Una creación local en la que el común de la gente debe enfrentarse a una situación de peligro global es la historieta argentina “El Eternauta”, obra clave del comic nacional, con guion Héctor Germán Oesterheld y dibujos de Francisco Solano López. Fue originalmente publicada por partes  en la revista  Hora Cero Semanal entre 1957 a 1959. Después, la obra contó con numerosas reediciones y también secuelas.

Aquí la situación de peligro global arranca con una nevada sobre Buenos Aires, con el detalle que cualquier contacto con los copos que caen lleva inmediatamente a la muerte. Una familia junto con amigos que se hallaban reunidos en la casa la noche de la nevada deben ingeniárselas para sobrevivir y encontrar a su vez a otros que perecido. Luego descubrirán que se trata de un proceso de invasión extraterrestre organizado por los “ellos”, seres que se mantienen lejos del campo de batalla, enviando a combatir a los que han esclavizado en otras invasiones.

Si bien el narrador y héroe principal de la historia es Juan Salvo (el Eternauta), el protagonismo es compartido por los grupos de personajes que van formando “el héroe colectivo”, como lo calificaba Oesterheld. La trama puede interpretarse no solo como relato de Ciencia Ficción, sino también como alegoría política a la resistencia frente a gobiernos dictatoriales. En una versión posterior, con dibujos de Alberto Breccia, el guión supone además del ataque del espacio, un convenio de las superpotencias del norte con los extraterrestres, a los que les “entregan” el hemisferio Sur para su invasión.

Un enemigo para cada uno.

Unos u otros…. Los enemigos justifican la historia. Los hay malvados, inocentes, poderosos o insignificantes, pero no hay duda que no habría Héroe sin su contraparte.

Lo importante de estas historias es que al enemigo (planta, extraterrestre, fenómenos de la naturaleza, etc.) solo se lo puede combatir en equipo. La salvación debe ser grupal: o se salvan todos o no se salva nadie.  En tiempos de Pandemia, debemos tomar conciencia del rol colectivo  que nos permitirá superar la crisis.


[1] Enemigo. En Definiciones. Recuperado el 13 de mayo de 2020, de https://www.definiciones-de.com/Definicion/de/enemigo.php

[2] Así describe Holmes a Moriarty en el relato de Arthur Conan Doyle “el problema Final”

[3] En Netflix puede verse el documental Las películas que nos formaron: Duro de matar (Temporada 1)

[4] Emma Goldman. En Wikipedia. Recuperado el 13 de mayo de 2020, de https://es.wikipedia.org/wiki/Emma_Goldman

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