Beloved: la monstruosa colonización del olvido

Eyre Crowe, Esclavos esperando a ser vendidos. Óleo sobre tela. 1861. Foto: Wikimedia Commons

La esclavitud es una de las manifestaciones más tangibles de la monstruosidad a nivel social. Conlleva en sí misma la consecuente y necesaria negación de la identidad del otro hasta convertirlo en un objeto.

No es un otro con las características visiblemente monstruosas desde la estética imperante: Seres deformes, personalidades perturbadoras, conductas prohibidas para el estatus moral binario Bien/Mal; quienes reflejan una actitud, un hecho, una ética, cuyo núcleo no sale de aquella lógica binaria. Y son fácilmente reconocibles. En ese sentido, podemos distinguir la categoría de monstruoso siguiendo un manual invisible de instrucciones que aprendimos y aprehendimos.

El tema de la dominación y colonización de una cultura sobre la otra tiene un agregado siniestro, que deviene de la quintaesencia de la monstruosidad y alude a su más extrema reacción de toda una sociedad reduciendo a otra comunidad a objeto cosa, no humano del otro.

Un ejemplo de esta vergonzosa forma de monstruosidad es aquella que fue llevada a cabo en una triste etapa de la historia ocurrida en lo que se denominó la travesía del Middle Passage.

El Middle Passage o Pasaje del Medio, fue una ruta triangulada por barcos negreros que salían de Inglaterra, recogían negros de África y los llevaban a América del Norte.

En el camino, los cuerpos de esas personas eran encadenadas, sus mujeres violadas sistemáticamente. Los niños, debilitados por las insalubres condiciones, eran arrojados al mar. Todos los métodos de tortura al que eran sometidos, formaba parte de un plan de domesticación.

 Al llegar a Estados Unidos, los que llegaban vivos, eran subastados.

En ese contexto, y como manera de visibilizar esta tragedia, Toni Morrison escribe la novela Beloved.

La Historia se mezcla con episodios vividos por los personajes mientras fueron esclavos, con otras historias de quienes lograron escapar para llegar a la casa ubicada en el 124 de la calle Blue Stone.

“Sweet Home”- dulce hogar, era el nombre irónico que tennía la plantación donde estaban prisioneros los protagonistas y cuyo amo se llamaba El Maestro.

En “Sweet Home”, los blancos, los monstruos, mantienen prisioneros a los personajes y comienzan a desmembrarlos. No son individuos. Como si dijéramos, martillos o clavos, son brazos o piernas o manos, herramientas de producción. Las mujeres son agujeros, nidos donde reproducir herramientas, y son tetas para nutrir incluso a los pequeños blancos.

Violadas, azotados todos, engrillados al finalizar la tarea, eran arrojados en pozos o encerrados hasta el día siguiente.

La única forma de salir de ese terror era escapar. O morir.

Lo monstruoso no estaba solamente en lo cotidiano del horror esclavista. Había una institucionalidad marcada por la ley del esclavo fugitivo, que protegía a los amos, que cosificaba a los esclavos. Ley que permitió a los cazadores de recompensas recuperar a las partes de esas semi cosas y restituirlas a sus dueños.

Sethe, el personaje femenino de la historia, huye de Sweet Home, huye de lo monstruoso de esa condición. Y cuando vienen a buscarla, convierten el 124, su refugio, en un lugar maldito.

La historia que sirve de pretexto para escribir Beloved, fue tomada por Morrison de una situación real: Margaret Garner fue una esclava fugitiva quien, en 1856, “mató a su hija” para que no se la llevaran y la convirtieran en esclava.

La noticia fue tomada por los diarios no como un infanticidio sino como “destrucción de propiedad”

Toni Morrison trae al presente esa situación con la intención de que sea visibilizada ya que según sus dichos: “…el poder hace que se puedan contar algunas cosas y otras no…”

La primera impresión, es que esta novela se construye a partir de reseñar la historia de una mujer esclava que mata a uno de sus hijos. Reseña que, indudablemente, no puede salir de la mirada blanca sobre el colonialismo, ya que no menciona que no puede considerarse asesinato cuando: ¡No eran consideradas personas, sino cosas! Para esa esclava rebelde que se niega a considerar cosas a sus hijos y se atreve a sentirlos como propios es la muerte libre antes que una vida esclava, su más digna elección.

Beloved es la reconstrucción de lo obligado a olvidar en siglos de esclavitud. Por eso, es imposible hacer un análisis desde aquella lógica binaria: buenos versus malos. Se necesita hacer una reflexión más caleidoscópica, claramente por afuera de la lógica eurocentrista del Bien y el Mal.

La mirada “neocolonialista”, que no deja de ser la mirada del blanco, describe la desesperación de una mujer al punto de matar a su hija. Pero no se acerca al verdadero sentido.

Morrison entiende que la estructura narrativa debe acompañar esa búsqueda del verdadero sentido. Por eso escribe  como si colocara las piezas de un rompecabezas sin terminar de armar la imagen, con el ritmo de la frecuencia cardíaca, diástole, sístole, va expulsando y recibiendo la sangre de una historia silenciada y borrada, de una cultura que atravesó el océano  y los que finalmente lograron sobrevivir, fueron dejando retazos de su pasado bajo la mirada de una sociedad que rechazaba su estatuto de humano y su derecho a la identidad, dispuestos a quebrantar a los negros física y psicológicamente. Muchos de los personajes nacieron en la esclavitud. Desprovistos de alfabetización y de parentesco legal, ya que vivían en la anomia, desconocían el destino de los miembros de sus familias o amigos. Y, en consecuencia, no tuvieron el relato histórico de una cultura que recordar. Estaban obligados a olvidar.

Olvidar, “disremember”, o la negación de recordar “remember” alude a desmembrar: cuerpos, familias, identidad. Todo lo que pudo haberse roto, violado, arrojado al olvido. Reprimir, quizás, porque es menos doloroso que unir las partes en el camino hacia el recuerdo.

Por eso la memoria es un fantasma que acosa de día y de noche en esta novela. Beloved vuelve no solamente para hacer justicia con su muerte. Es la imagen de todos los que quedaron en el “Middle Passage”, tantos hijos separados de sus padres, como la propia Sethe quien apenas conoció a su madre por una marca en el cuerpo que ella le mostró, antes de verla atada a un árbol y quemada.

El verdadero protagonista de la novela es el conjunto de la comunidad negra africana, rota y desarticulada, con una ausencia de recuerdos porque con el paso del tiempo sólo se recordaba el silencio.

Ese otro del blanco, el esclavo negro quien no es un hombre es “no libre”, es un no yo y esa negación del otro fue la condición de posibilidad para construir un yo nacional fuerte en la otredad con el negro.

El proceso de recordar en esta historia, es una manera de traer del pasado algo que está almacenado anárquicamente, como un conjunto de imágenes e ideas inconexas que se van tejiendo en un presente que lo habilita.  La misma Sethe le explica a su hija la existencia de fragmentos positivos en su vida y cómo ella ha tratado de organizarlos en el presente:

“…Y si ella pensaba algo, era No. No. Nono. No no no. Sencillo. Ella acaba de volar. Recogió cada pedacito de vida que había hecho, todas las partes de ella que eran preciosas y finas y hermosas, y cargado, empujado, arrastrado a través del velo, fuera, lejos, sobre allí donde nadie podría hacerles daño. Por ahí. Fuera de este lugar, donde estarían a salvo …”

La novela cuenta la historia de una mujer, quien, luego de pagar la pena por quitarle a su dueño la posesión de una de sus hijas, vuelve a vivir a la casa de su suegra, con su hija menor, Denver, quien, al momento de suceder esa tragedia, tenía apenas un mes de vida.

Sethe, el personaje alrededor de quien se construye la historia, también tuvo dos hijos varones, los cuales, traumatizados por el intento fallido de matarlos, escapan.

La soledad de estas dos mujeres se ve interrumpida por la llegada de Paul D, uno de los esclavos con los que había vivido, un “hermano por así decirlo” de Halle, su marido en Sweet Home. De allí habían escapado y se reencontraron dieciocho años después. Sin embargo, ninguno de los dos sabe si Halle logró escapar o lo mataron.

Establecen una relación tan amorosa como doliente, porque a partir de sus diálogos se van destejiendo los recuerdos sobre los horrores del pasado, quizás por eso Sethe dice de ellos que tienen “… más pasado que presente…”

La llegada de ese hombre a la casa ahuyenta al fantasma, hasta que una tarde aparece desde el río una mujer, que será identificada como Beloved, el fantasma corporizado de aquella hija fallecida.

La novela va mutando a los personajes hasta el límite de tensión y finaliza con una melancólica necesidad de aferrarse al presente.

Es importante destacar, que al momento de sucederse los hechos que determinan la muerte de Beloved, encontramos un espacio de discriminación dentro del gran espacio de segregamiento.

Sethe había escapado del Maestro, su dueño, a raíz de una fuerte golpiza que había recibido.

Lo cierto es que Sethe, milagrosamente, casi muerta, logró llegar a Bluestone Road 124, la casa de su suegra, Baby Suggs, habiendo parido en el camino. A los veintiocho días de esta llegada, hacen una gran fiesta, donde se multiplican las tartas, y la bebida, en un derroche de opulencia y magnanimidad, lo que genera en la propia comunidad rechazo. La misma comunidad que Baby Suggs había intentado mostrarles que eran libres, interpretan esa alegría por la llegada de Sethe y se hija recién nacida, como una ostentación suntuosa debido a la percepción de que Sethe es “demasiado orgullosa”. La comunidad le ha dado la espalda a ella deliberadamente, sin advertirle de la llegada de unos jinetes, y tal vez recibe lo que merece ya que es vista como una mujer fuerte y vanidosa. Una negra que se libera a sí misma es el espejo en el cual aquellas mujeres no toleraban mirarse. Por lo tanto, no le advierten a Sethe que han llegado unos blancos, El Maestro uno de sus sobrinos, un negro esclavo y el sheriff, van a buscarla para regresar a “Sweet Home

Acá podemos ver esos nuevos espacios entre medio que mencionan autores poscolonialistas como Bhabha, quien encuentra espacios de discriminación dentro de comunidades discriminadas, algo que, desde el punto de vista del análisis y crítica de la otredad, aporta una mirada más detallada y menos taxativa como blancos, negros, amos, esclavos. Para dar un ejemplo, la mujer negra está sometida a la mujer blanca y a todos los hombres, esclavos, amos, blancos, negros. El hombre esclavo, está sometido al hombre blanco y a la mujer blanca. Y dentro de la propia comunidad de mujeres blancas, hay ciertos cánones culturales de subordinación, que son valorados negativamente hacia aquellas mujeres que los rompan. Lo que esas mujeres no soportan, en cuanto a Sethe, es la fortaleza y valentía de una negra y mujer, embarazada que logra escapar y puede parir en medio de la nada, y llegar a destino. Y algo que estaba vedado a los negros: se permite amar, aun matando. Esto, sin dudas es intolerable.

“…Se supone que los esclavos no deben tener sentimientos de placer propios, se supone que sus cuerpos no están hechos para eso…”

Sethe es independiente cuando decide huir, siente que tiene el valor y la fuerza para hacerlo aun cuando está a punto de dar la luz. Un ejemplo es su decisión de ir en contra de uno de los mandatos más fuertes de la comunidad negra esclava, la principal estrategia de protección contra el sufrimiento: no amar a nadie, ni a un hombre ni a sus propios hijos. De hecho, el hilo conductor de sus memorias tiene como tema principal el amor entre madre e hija, un amor propiamente humano que nada tiene que ver con lo animal: ella va plegando y desplegando memorias, articulando imágenes del pasado relacionadas con su propia madre, a quien mataron cuando ella era aún muy pequeña, con su amor por Halle, el padre de sus hijos, con la vida de sus hijos y con profundo cariño por Baby Suggs, la suegra que le dio protección física y emocional en Cincinnati durante el mes de gracia en libertad, más precisamente 28 días, es decir, un ciclo menstrual. Hay una manera autónoma de plegar y desplegar que muestra su subjetividad. Cuando le da muerte a su propia hija e intenta matar a los otros niños, ella descarta las maneras “morales” de proceder ante circunstancias de terror internalizadas en los pliegues de las memorias heredadas de los blancos y de su propia comunidad.

Tremenda fue la desesperación de Sethe al ver a su antiguo amo, en el jardín de la casa, dispuesto a recuperar lo que era propio. Sin perder un segundo, Sethe intenta dar muerte a sus hijos, lográndolo solo con su pequeña de dos años, Beloved.

Es que los negros eran la industria más perfecta: Con la misma materia prima – una mujer negra – tenían muchos productos – sus hijos- los que incrementaban su patrimonio.

“…tienen que tener el mayor número posible de hijos para satisfacer a su propietario…”

Con lo cual, perder una materia prima tan valiosa era inaceptable, mujeres proveedoras de nuevas materias primas como de brazos y manos capaces de realizar todo el trabajo gratis: “…Si un negro tiene piernas debe usarlas. Si se queda sentado mucho tiempo, alguien se las ingeniará para atarlo…”

En el presente ficcional que abre la novela, Sethe comienza a dejar salir su pasado, por lo tanto, la narración está dispuesta por fragmentos, retazos de imágenes e ideas del pasado de varios personajes que se van hilvanando poco a poco, principalmente de Sethe y Paul D, así como también de otros personajes secundarios. Una voz narrativa en tercera persona alterna pasajes en los que se hace cargo del relato a través de focalizaciones subjetivas con otros en los que muestra el recorrido mental de los personajes a través de monólogos internos. El discurso avanza, se interrumpe, se repite, vuelve a un punto anterior y luego salta a otro más adelante, en una línea de tiempo más circular que recta y que no parece tener fin. Los objetos de la memoria se producen a sí mismos desde cierto punto de observación y sus historias se anudan con la de los otros cuando comparten experiencias y se ven así motivados a entender la vida desde otros puntos de vista.

Ahora bien, ¿cómo recordar lo que no se conoce?  En tal caso sería, a través de Sethe, el recuerdo de lo que no fue dicho. La monstruosidad del silencio y el olvido, perpetrado por los colonizadores, sólo puede ser resignificado como algo fantasmagórico, algo que aparece y se vuelve corpóreo (como la palabra).

Sethe y Paul D recuerdan juntos y por eso son los receptores, cada uno, de las historias del otro. La experiencia de la tortura, en vez de provocar verborragia, produce un bloqueo del relato volviendo al torturado a un estado anterior al lenguaje. Por eso, los relatos de Sethe y Paul D nunca están completos, se presentan de a pedazos. Hay silencios donde se avanza hacia las escenas del horror con pequeñas frases que no terminan de cerrar, hay una infinita vergüenza por parte de las víctimas, que sólo pueden desbrozar con quienes también vivieron situaciones semejantes, aún con frases cortadas y silencios. Por ejemplo, Sethe nombra la leche que llevaba en sus senos en muchas partes del texto.  También hace referencia a la leche que perdió. Recién en la segunda parte del texto comprendemos quiénes y cómo le robaron esa leche (los sobrinos de su amo) y qué significó ese hecho para ella: una violación y una sensación de desesperación por no poder amamantar a su hija que la esperaba del otro lado del río.

Otro ejemplo es la mención del árbol en la espalda de Sethe, que en realidad no es un árbol sino las cicatrices de los latigazos sufridos de manos de los mismos sobrinos del amo que le habían robado la leche años atrás.

“… ¿-Un árbol en la espalda…-Eso es lo que la chica dijo que parecía. Un cerezo silvestre… Maestro hizo que uno me abriera la espalda a latigazos y cuando se cerró se formó un árbol. Todavía crece …”

Luego, una voz ficcional relata la escena sobre la brutal paliza a través de la figura de su amo, Maestro:

“…Maestro había castigado a ese sobrino, diciéndole que pensara – solo que pensara- qué haría su propio caballo si lo golpeaba más de lo que dicen las reglas de la buena educación…aprendería la lección no se puede maltratar a los animales y comportarse como deben…”

O la introducción del collar de hierro en la boca de Paul D, las referencias al barro y al peligro de morir enterrado. Morrison nos demanda acompañar el proceso de reorganización de esa memoria colectiva fragmentada. Las frases entrecortadas, la descripción de esas miradas perdidas, los silencios sirven para acercarnos a entender la disyuntiva entre recordar y no poder hacerlo por el dolor que produce.

Recordar junto a Sethe le permite a Paul D pensarse como un ser humano por primera vez. A Sethe, recordar con Paul D le permite reconocerse como mujer libre. Ambos necesitan reconstruirse para dejar de tener más pasado que presente y poder

Beloved son todos los muertos durante el transcurso de la esclavitud. Como fantasma, encarna metafóricamente el deseo del pasado de tomar el presente y de ser reconocido. Es la metáfora de lo reprimido de Sethe que necesita presentizarse.

Sethe le explica el concepto de rememory a su hija: “…Algunas cosas que olvidas. Otras cosas que nunca haces. Pero no lo es. Lugares, los lugares siguen ahí. Si una casa se quema, se ha ido, pero el lugar, la imagen de ella, se queda, y no solo en mi recuerdo, sino en el mundo. Lo que recuerdo es una imagen flotando alrededor de mi cabeza. Quiero decir, incluso si no creo que, incluso si muero, la imagen de lo que hice, supe o viera todavía existe. Justo en el lugar donde ocurrió…”

Se relaciona con un lugar, un lugar que está no solamente en la mente de la persona que vivió cierta experiencia y la recuerda, sino con un espacio que está allí afuera en el mundo y al que cualquier persona puede acceder. Sin lugar a duda, ella se refiere al sufrimiento de los esclavos, un lugar que Morrison quiere que el lector visite. Además, a través de la “espacialización” de la memoria, Morrison nos indica que el pasado nunca está libre del presente. Pasado y presente están entrecruzados y conviven. De ese modo, la autora rompe con el pensamiento occidental que coloca al pasado y al presente en compartimientos estancos porque la memoria también es presente y la figura del fantasma es el claro ejemplo de la conexión entre ambos. Cuando habla de Beloved:

“…Beloved mi bella hija. Mía. Mira. Volvió a mí por su propia voluntad y no tengo que explicarle nada. Ella tenía que estar a salvo…Le diré por qué lo hice. Si no la hubiese matado ella habría muerto y yo no podría soportar que se muriera…”

Cuando la comunidad va a rescatar a Sethe, el abolicionista Edward Bowin, llega a buscar a su hija Denver para llevarla a trabajar a su casa. Sethe confunde al blanco con su ex-amo e intenta matarlo. Ella cree que vienen a buscar a sus hijos por segunda vez. Pero se da un cambio sustancial, ya que, si bien ella entiende que la actual situación es una repetición de aquella en donde Maestro, el amo blanco intentó llevarla a ella y sus hijos nuevamente como esclavos, su reacción hoy fue matar al blanco. Ese hecho determina una manera diferente de posicionarse frente al poder de los blancos.

CONCLUSIONES

Para la cultura africana, las personas no mueren en el sentido occidental de la palabra, desaparecen físicamente, pero de alguna manera pululan en nuestro derredor y basta con nombrarlos para que sientan que los recuerdan. Tanto es así, que ponían el nombre de sus descendientes a los niños nombres porque consideraban que se encarnarían en ellos.

Morrison nos muestra en Beloved cómo millones de niños, al ser separados de sus muertos vivientes y no poder recordarlos ni alimentarlos, les producía un profundo terror.

Una forma más de maltrato los colonizadores utilizaron este miedo y jugaban poniéndose telas blancas como trajes y, escondidos, asustaban a los esclavos.

Luego, esa práctica se institucionalizó derivando en el siniestro Ku Klux Klan.

Tal respeto a los difuntos se expresaba cuidando y preparando alimentos. Por eso, en la novela se expresa la constante preocupación por alimentar a ese personaje que llega del río, sentida por Sethe como Beloved, pensada por Morrison como todos los niños negros, que están para recordar, es decir remembrar la historia, desmembrada como el cuerpo de esa niña, o como tantos cuerpos. (entre 1882 y 1895 entre un tercio y la mitad de la tasa de mortalidad negra, correspondía a niños menores de cinco años)

Dice el intelectual Ohmi Bhabha:” …El recuerdo del acto de infanticidio de Sethe emerge a través de los agujeros…las cosas que los fugitivos no decían; las preguntas que no hacían…lo no nombrado, lo no mencionado. Cuando reconstruímos la narración del infanticidio   través de Sethe, la madre esclava, que es ella misma víctima de muerte social, la base histórica de nuestro juicio ético sufre una revisión radical…”

Y refuerza Levinas: “…La magia artística de la novela contemporánea reside en ver la interioridad desde afuera…Es este posicionamiento estético y ético el que nos devuelve a la comunidad de lo extraño, a las primeras líneas de Beloved.” El 124 era malévolo. Las mujeres de la casa lo sabían y también los niños…”

Acá se ve claramente en Morrison este concepto cuando a través de Beloved  nombra su deseo de identidad: “…Quiero que me toques en mi parte interior y me llames por mi nombre…”, transmitiendo un deseo atávico de toda la comunidad negra.

La inquietud de emancipación está claramente reflejada en Denver, la otra hija. Pero antes de tal emancipación, Morrison insiste en el desgarrador reposicionamiento de la madre esclava, que debe ser el sitio de enunciación para ver la interioridad del mundo esclavo desde afuera, cuando el afuera, es el entorno fantasmal de una niña a la cual su madre mató, y luego se convierte en el doble de ella misma: “…Ella es la risa yo soy la que río veo su cara que es mía…”

Por otra parte, Elizabeth Fox Genovese, quien escribió un trabajo sobre la resistencia de los esclavos, opina que: “…el homicidio, la automutilación y el infanticidio como la dinámica nuclear de toda resistencia…estas formas extremas captan la esencia de la autodefinición de mujer esclava…el infanticidio era reconocido como un acto contra el sistema…como un acto contra la propiedad del amo…en algún sentido esas mujeres, matando al niño que amaban, le daban la entidad de hijo propio…”

Y esto es lo que sucede cuando regresa Beloved,: la madre esclava recupera a través de la presencia de su hija muerta, la propiedad de su persona. Ambas hablan en lenguas desde un espacio intermedio entre una y otra, como una suerte de un espacio común.

Beloved es la hija que vuelve al amor y al odio para liberarse. Su discurso es quebrado, como quebrado su cuello al morir, y Morrison lo manifiesta recurriendo a una sintaxis fragmentada del discurso de la niña fantasma.

El momento extraño relaciona las ambivalencias traumáticas de una historia personal, psíquica, con las dislocaciones más amplias de la existencia política. Beloved, es una repetición demoníaca demorada de la historia violenta de muertes de niños negros durante la esclavitud.

Pero el recuerdo del acto de infanticidio de Sethe emerge a través de esos agujeros crecientes en el silencio de los fugitivos.

 Cuando reconstruimos la narración del infanticidio a través de Sethe, y vemos que es ella misma víctima de la muerte social, la base histórica de nuestro juicio ético sufre una revisión radical. Esas formas de existencia social y psíquica pueden ser representadas de modo inmejorable en la tenue supervivencia del lenguaje literario mismo, que le permite hablar a la memoria.

Pero este discurso “Otro” no aparece en el continuum temporal-espacial de la Historia, sino que ha surgido simultáneamente al discurso principal o preponderante del dominador, solo que es ahora, con la perspectiva que nos da el tiempo, cuando podemos entresacar esas realidades intersticiales y valorarlas en su justa medida, dando paso a una poscolonialidad que, como dice Bhabha, “es un saludable recordatorio de las persistentes relaciones neocoloniales dentro del nuevo orden mundial

La significación más amplia de la condición posmoderna está en la conciencia de que los “límites” epistemológicos de esas ideas etnocéntricas son también los límites enunciativos de un espectro de otras historias y otras voces disonantes.

La tarea es, mostrar cómo la historia se transforma mediante el proceso de significación; cómo los hechos históricos son representados en un discurso que de algún modo está fuera (más allá) de control.

Lo privado y público, el pasado y el presente, psíquico y social, desarrollan una intimidad intersticial. Es una intimidad que cuestiona las divisiones binarias a través de las cuales tales esferas de experiencia social suelen estar opuestas espacialmente. Estas esferas de la vida están relacionadas mediante una temporalidad “inter-media” que aprecia el significado de “estar en Casa”, mientras produce una imagen del mundo de la historia. Es el momento de la distancia estética que provee al relato un doble filo, que como el sujeto afroamericano representa una hibridez, una diferencia “interna”, un sujeto que habita el borde de una realidad “inter-media”. y la inscripción de esta existencia fronteriza habita un silencio de tiempo y una extrañeza de marco que crea la “imagen” discursiva en la encrucijada de la historia y la literatura, relacionando el hogar y el mundo.

Dieciocho años de desaprobación de Sethe, una vida aislada, inexistente, expulsada al mundo extraño del 124 de Bluestone Road, como la paria de su comunidad post esclavista. Los pensamientos de las mujeres del 124 son “pensamientos indecibles donde sobrevuela la exclusión, y también esas mujeres, discriminando a Sethe son ellas mismas “significadas”: Son las víctimas de temores proyectados, ansiedades y dominaciones que no se originan dentro de los oprimidos a partir de un pensamiento “blanco” introyectado en ellas, nuevamente, imposibilitadas de remembrar desde su propia cultura.

Porque “remembrar” no es solamente revisitar una memoria, una memoria que existe como un lugar y que tiene fuerza propia más allá de la persona que recuerda. Por un lado, indica volver a ser un miembro, en el caso de Sethe, volver a ser un miembro de la comunidad negra que la había repudiado por mucho tiempo. Pero aún más importante, “re-member” se refiere a la idea de juntar esos members, los miembros de la familia y las personas amadas, que por la esclavitud fueron separados. Beloved, junto con millones de hijos que fueron muertos o separados de sus familias durante la esclavitud, es decir, que fueron “disremembered”, vuelven a ser recordados y unidos gracias a la escritura de la autora. Finalmente, “disremember” no solo implica hacer un esfuerzo por olvidar, esfuerzo por parte de Sethe durante muchos años, sino también connota un cuerpo fragmentado, el cuerpo mutilado de Beloved.

Quizás la frase bisagra de la mirada generacional, la emite Baby Suggs uno de los personajes más sabios en la novela:

“… No hay mala suerte, solo blancos…”

 Ella, la suegra de Sethe, fue comprada y liberada de la esclavitud a los 60 años por uno de sus 10 hijos, uno de los pocos que tuvo con un hombre de descendencia africana (el resto de los niños fueron resultado de violaciones de parte de los blancos).

Baby Suggs es el eje revolucionario, la palabra nueva, quien reúne a los vecinos para enseñarles a ser libres, cómo erradicar esas ideas que los blancos habían marcado a fuego y aunque fueran exesclavos, todavía se consideraban a sí mismos:” … estúpidos, inferiores, brutos…” El lugar donde lo hace es un claro en el bosque al que llaman “Clearing”, un lugar que permite dejar entrar la luz literal y metafóricamente. En el bosque se baila, se canta, se llora y se recuerda.

Ella es una constructora de la nueva memoria.

El proceso mental de revisar, ordenar, resignificar, incluir, omitir, reconfigurar, plegar y replegar experiencias mientras se narra la historia, permite a los personajes lidiar con los eventos críticos del pasado, modificar la relación interna y con los otros. El propósito final de la autora es construir creativamente el pasado a través de un proceso de tejer, hilar y asociar ideas que le brinden identidad, continuidad y   vuelva la voz de la memoria.


BIBLIOGRAFÍA

Toni Morrison, “Beloved” Tiempos Modernos Ed Puresa

Márgara Averbach “Contra la Muerte en Vida, Literatura y cine contemporáneos estadounidenses e instituciones totales” Edición PUV Universidad de Valencia

Omi Bhabha, “El Lugar de la Cultura” Ed. Manantial

Leslie Dwyer “A Politics of silences” university press 2009

Elizabeth Fox Genovese, “Whin the Plantation Household” CWT Book Review

Emmanuel Levinas, “Filosofía del diálogo el rostro del otro” Scribbd