El texto en el teatro o el teatro TEXTO

Esta reflexión tiene su origen en el convite que me realizara la revista Tantalia a escribir sobre Shakespeare y su obra. Tanto se ha escrito, tanto se ha dicho ( y se seguirá) sobre el autor que preferí tomar un elemento central de su producción, el texto a secas si se me permite el desliz, y bogavantear sobre las aguas de estas épocas tan concurridas por múltiples miradas teatreras.

Obviamente, sería ridículo pensar en el texto hoy sin aclarar que no vamos a cometer la infantil engañifa de comparar, en tanto elemento del Teatro, épocas pre y post K. Stanislavski y todo lo que le siguió para hacer de esto una profesión ;pero, justamente es a partir de este mojón de escisión que vale esta polémica instalada desde hace algún tiempo en la discusión de teóricos, teórico-prácticos y practicantes del teatro y que sigue generando profundas turbulencias. Andando, recorriendo el mundo teatral vi, FELIZ, una proliferación de escuelas, talleres, etc, ya sea de iniciación ya de perfeccionamiento del actor/actriz donde el texto aparece como un enemigo necesario, un enemigo que hay que mantener a raya, casi un otro que viene a infestar las aguas de la creatividad, a taponar las compuertas que todo profesional o iniciado deben poner a funcionar para desarrollar esta actividad en la cual ,y agradezco a todos los dioses, nos van la vida y la muerte de la mano y a cada instante. No voy en desmedro de casi ninguna de las prácticas que se proponen en cada una de las escuelas y de los talleres; todas son válidas para recorrer el camino y enriquecen el sendero, pero demonizar, en sentido negativo obvio ya que bienvenidos son todos los demonios y dioses por aquí, al texto no parece ser un buen camino, más bien se nos presenta como un atajo sin salida que va a cerrar, inevitablemente, una de todas las compuertas necesarias.

Nadie acepta hoy, celebramos que así sea, cuatro horas de alguien diciendo un texto sin más. Pero de allí a generar lo arriba antes mencionado hay un largo trecho. Este prurito, este temor por lo que el texto pueda generar (hablo de un texto complejo que genere desafío en sí mismo, aclaro) está inoculando cierto espanto, cierta tendencia a no querer enfrentarse a ello y salir airos@ de dicho desafío.

Vale aclarar que casi todos coincidimos en que el texto es lo menos importante (entre los primeros ejercicios de los talleres está el de decir el mismo texto en diferentes situaciones, lo sabemos) y aquí la diferencia, la “confusión” del texto con el TEXTO. No aclarar, por ignorancia, por falta de compromiso, por facilismo profesional que el texto no es el TEXTO es un peligroso punto de partida para todo iniciado, es cercenarle una de las vetas más poéticas, más metafóricas que tiene en su esencia misma el teatro.

El TEXTO teatral es el todo y el texto es parte de ese todo y es la palabra, debe generar todas las dificultades posibles para andar el camino del desafío para ser profunda y genuinamente actores. No arrumbarlo en el rincón de la vieja usanza donde sólo se “decían” textos y nada era práctica profesional actoral; con la “falsa excusa” de que ahora es otra cosa (ya mencioné arriba que es algo en lo que todos coincidimos y que forma parte del ABC) estamos construyendo un monstruo que será difícil derrotar si lo dejamos crecer y ser. Esto es verdad, pero una verdad en la cual, cuando se comienza a hurgar, se encuentra la falacia de confundir algo tan primario y entonces es mentira y si hay algo que el teatro no se puede permitir es la mentira. Hacer esto es mentir, es pararse en algo que se superó hace ya largos años y todos sabemos. Hay que explicar con todo nuestro instrumento actoral las diferencias entre TEXTO y texto, el teatro nos lo agradecerá.

El marco, tal vez como en ninguna otra actividad, es liberador en teatro, es donde flotamos, donde nos basta el vasto espacio de un milímetro cuadrado para recorrer el universo y en el marco está el texto, el texto y su dificultad, el texto y su complejidad, el texto y su desafío, el texto y su belleza, el texto que diga, el texto palabra. Entonces, será lo mismo decir un texto de Shakespeare que el primero de los trabalenguas que decimos en un taller. Eso sí: el TEXTO no será el mismo.

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