El aleph de Héctor Oesterheld

oester1Oesterheld es recordado por ser parte de la larga lista de desaparecidos producto de la peor época de nuestro país[1] y por El Eternauta, emblemática obra de la historieta y de la Ciencia Ficción. Una reciente publicación, Más allá de Gelo (ver Bibliografía), abre la mirada sobre el guionista y nos acerca al escritor. Su profesión había sido la de geólogo, pero “El hobby se ha hecho profesión y la profesión se ha hecho hobby”. Ese hobby, el de escritor, había asomado en 1943 en La Prensa y luego en las editoriales Codex y Abril y se hizo profesión cuando en 1951 le proponen ser guionista de historietas, que escondería a la de escritor. Más allá de Gelo es una antología de las versiones escritas, verdaderos cuentos, la mayoría inéditos hasta ahora u origen de sus historietas. Datan desde 1953 (Cuidado con el perro) hasta 1970 (Turista del tiempo). Varios fueron reescritos, agrupados, modificados y hasta cercenados; unos comentarios del propio Oesterheld que había preparado para un libro que nunca publicó[2] advierten de los faltantes de algunas partes de los manuscritos. Los compiladores han llevado delante una tarea monumental pues algunos cuentos fueron rescatados de alguna publicación en el extranjero o han debido armar verdaderos rompecabezas entre mucho papel disperso.

oester2Oesterheld llamó “cuentos súper cortos” lo que hoy llamamos microrrelatos. Con uno de ellos comenzamos para llegar a la razón de nuestro título, pues a aquella esfera misteriosa nos remite:

Ciencia [en Sondas, 1968]

En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño.

Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué.

En algún lugar de Marte se halla ese cristal.

Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.

Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y trate­mos de recogerlo, el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.

Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.

Oesterheld ya había orillado el tema en Kosmo (1964), un cuento que nunca terminó y parece ser la base para una historieta en serie. Interesa la imagen de la esfera, dos en este caso, y un poder extraño que le es inherente:

Un raro y sensitivo tentáculo toca una esfera transparente en un extraño planeta. Brota un haz luminoso que atraviesa la profundidad del espacio [y] termina por llegar a un remotísimo planeta. El haz no se detiene en la superficie, penetra el suelo, las capas geológicas. Llega hasta diez kilómetros de profundidad: hiere allí un nódulo pétreo, una esfera no más grande que un puño humano. Al minuto de ser alcanzado por el haz la esfera se calienta, la roca que la engloba se derrite, el «nódulo» la absorbe, crece rápidamente…

Ambos cuentos fueron escritos mucho después de que Borges publicara El Aleph[3]. En el primero vemos que no se trata de una esfera sino de un cristal, nada dice de la forma, sin embargo, esfera o no, la sensación que despierta es similar a la que Borges nos lo hace con el suyo, del que destacamos:

En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es.

Tras una enumeración de “los aleph” en la literatura, Borges se lanza a la descripción de ese universo diminuto que, si bien lo estima de dos o tres centímetros, nos dice que todos [los actos] ocuparan el mismo punto, y sabemos qué es un punto desde la mirada matemática: algo sin dimensión alguna. Gigante, simultáneo y diminuto, o, y vamos a decirlo de otra manera: el Todo en la Nada.

En Tantalia Nº 4 hemos visto el cuento Apocalipsis en Solentiname de Julio Cortázar,   donde él ve secuencialmente las imágenes que le revelan las fotografías. Es como la cinematografía o la dramaturgia, donde las escenas se suceden por más que la imagen o el escenario nos den un marco integrador, o como la música, donde la armonía logra la polifonía, diversos sonidos en el mismo momento, pero la melodía habla de una linealidad como el ritmo lo hace con la dinámica de esa linealidad. Hay una sola manifestación artística que logra la integración de un Todo: la plástica; más allá de que el observador luego repare en detalle por detalle, está el “instante ya” de Lispector, ése que acontece cuando se produce “la visión intemporal” del cuadro o de la escultura. Borges advierte que lo transcribiré sucesivo porque el lenguaje lo es, pero lo que vieron mis ojos fue simultáneo.

Este fenómeno del instante ya o la visión integral sin temporalidad es un atributo humano y supera la idea que creemos nos propone Borges con su cuento. Un detalle: Borges acomoda al cuento para llegar a su objetivo, la relación entre Daneri y Beatriz, sus cartas, lo demás sería como un largo prólogo, pero, y tal vez a su pesar, instala el Aleph en la literatura universal abriendo una puerta a todos los que lo seguimos, y no solo en el ambiente literario. Charles H. Townes[4], el inventor del rayo láser, dijo que

La solución para crear [esa] tecnología se me ocurrió en 1951, de repente, cuando tenía 35 años y mientras estaba sentado en un banco de un parque rodeado de flores. A mi juicio, aquel momento fue comparable a una revelación religiosa.

Epifanía, esto es: manifestación, es la palabra, y no debe atribuírsele características místicas; es la percepción instantánea que surge desde un yo profundo hasta ese momento oculto y que la inteligencia, si es lo suficientemente libre, capta y traduce en lenguaje (¡Si lo habremos vivido los que hacemos Literatura!). Borges toma de Wells la esfera e inventa el Aleph, pero podemos asegurar que habrá vivido sus revelaciones –epifanías– incontables veces como buen escritor que fue. Ahora bien: Borges fue un ratón de biblioteca, su mundo es la palabra, y gracias por todo los que nos legó, pero punto; Héctor Oesterheld (recordemos: de profesión geólogo, con base científica y de trabajo de campo, en contacto con la naturaleza) en un lugar nos dice:

No escribo solamente sobre los aspectos técnicos o científicos. Mis re­latos tratan de narrar también las dudas, las angustias, los terrores de los hombres que, con abdicación total, jugándose la vida o la razón, están haciendo posible el estupendo salto del hombre hacia lo desconocido.[5]

oester3Como se puede ver en la Nota, estas palabras no son textuales, pero reflejan el móvil de escritor de Héctor Oesterheld. En Más allá de Gelo preceden a las Crónicas del átomo y el espacio (pg 269), siendo éstas una serie de artículos y comentarios cuyo objetivo es la divulgación científica, pero al abordar las dudas, las angustias, etcétera, no encuentra mejor lugar que la Ciencia Ficción. Este género dispone de una libertad a la que no se accedía desde que se abandonó la épica antigua, donde los dioses eran los personajes principales, o los relatos fantásticos; ahora la posibilidad es el Cosmos, y ante la inmensidad las cosas son distintas. No es lo mismo estar en la avenida Corrientes y Uruguay que estar en la cima de un cerro, solo, y con todas la estrellas a su disposición, o, mejor aún (y ya se ha hecho), sentirse suspendido a miles de kilómetros en el espacio y contemplar, que de eso se trata.

Una novela lo ejemplifica muy bien y abre la puerta a lo desconocido, lo maravilloso y lo posible: Hacedor de estrellas, de William Olaf Stapledon[6], donde el clímax de la obra es una verdadera epifanía. Al respecto, una interesante opinión de Borges:

En un estudio sobre Eureka de Poe, Valery ha observado que la cosmogonía es el más antiguo de los géneros literarios; pese a las anticipaciones de Bacon, cuya Nueva Atlántida se publicó a principio del siglo XVII, cabe afirmar que el más moderno es la fábula o fantasía de carácter científico. Es sabido que Poe abordó aisladamente los dos géneros y acaso inventó el último; Olaf Stapledon los combina en este libro singular.

Oesterheld nos dijo al principio: “Descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué”. Esto último es imposible, siempre hay un porqué más, pero cuando el hombre está ante todo el Universo y lo comprende, esto es, se produce el instante ya, entiende el ùltimo porqué aunque no sepa cuál es; y si hay una pregunta es para avanzar, haciendo posible el estupendo salto del hombre hacia lo desconocido. Entonces, el Aleph de Borges ya no sería una mera puerta de entrada a sus propias búsquedas: ese cristal ignoto, el Aleph de Oesterheld, sería la puerta de acceso a la búsqueda.

Debemos reconocer que “El Aleph” es una marca registrada de Borges y que no creemos que Oesterheld haya pensado en esa mítica palabra para su producción, somos nosotros que le robamos a uno y se lo adjudicamos al otro, pero la visión simultanea, el instante ya, se produjo en ambos, y se seguirá produciendo.

La antología

Como complemento, una mirada al resto de lo que nos propone Más allá de Gelo. Los cuentos publicados suman, entre largos y cortos, más de una veintena, con un universo de posibilidades.

Dos muertes, en realidad son dos cuentos. En el primero (El árbol de la buena muerte su título original, 1962) una anciana catamarqueña emigrada a Marte recuerda cuando en su provincia cazaba lagartijas entre la tunas o veía volar los panaderos; en el segundo (Una muerte; 1965) un extraterrestre moribundo busca a un criador de pájaros y con una cotorrita en la mano culmina su agonía.

Un extraño planeta… planeta… planeta (hecho historieta en 1962), donde la geografía, la flora y la fauna deleitan y trastocan el pensamiento del personaje.

Una serie de cuentos abordan la interacción con extraterrestres, para bien o para mal:

Paraíso (fines de los 60, publicado como historieta en 1972): remedo del El Eternauta por su crítica social. El cuento difiere de la historieta en su final. Oesterheld da a conocer ese final en un comentario en Proyecto de libro (ver Nota 2).

La muerte manchada (c. 1965): anticipa por décadas a la película Depredador (1985) por lo inesperado, bélico, selvático y por el lugar, Vietnam.

La trampa y el arma (entre 1965 y 1968) y Hagan Juego (entre 1965 y 1970): tienen en común que en ambos se produce una lucha cuerpo a cuerpo incitada por alienígenas.

oester4Cuidado con el perro (ya datado), publicado en la revista Más allá[7]: cuento interesante por el contenido y por cómo está escrito. Un venusino es “secuestrado” de los pantanos de su planeta por una misión terrestre, traído con el fin de que vea la vida aquí y llevado de vuelta para que le detalle a los demás; como los venusinos son “poco más inteligentes que un perro” suponen que serían perfectos trabajadores a destajo (un eufemismo por esclavos) en “ultraminas de Nife”[8]. El venusino escribe todo cuanto ve, oye y experimenta en primera persona y con la sencillez “de un perro” pero perfecto en los detalles. Así es el cuento y Oesterheld logra en él un estilo que recuerda a Eisejuaz, de Sara Gallardo. Lo que no saben los terrestres es por qué escribe tanto el venusino: “Mi Señor me ordenó escribir, y lo hago”.[9]

Paria espacial (1962) y La cosmonave fantasma (1972). Así como en una época los hombres de mar aseguraban la existencia de algún buque fantasma, la Effort deambula el espacio interestelar sin permitir se le acerque nave alguna y sin aterrizar jamás. En el primer relato un piloto, Rainer Tomas, logra abordar la nave fantasma y toma contacto con el único sobreviviente de la tripulación original, el capitán Bergson, ya anciano. La historia deriva en la muerte de Bergson y la inmolación de la nave en una estrella por parte de Rainer Tomas con el fin de destruir una carga que es hostil para la Tierra. En la segunda versión quien aborda la Effort es Ramón Cobas, “nacido entre los peñascos al sur de la Rinconada en Jujuy, Argentina, amigo desde chico del peligro y la aventura”, quien comanda la Chamical VII, evidente argentinización del cuento por parte de Oesterheld[10]. Ramón Cobas cree la nave vacía pero se encuentra con unos alienígenas (la carga hostil) que le obligan tomar rumbo hacia la Tierra a la que quieren invadir. El final es el mismo: Ramón Cobas evita la Tierra e inmola la nave y sus ocupantes en el Sol. Los alienígenas no dejan de ser la metáfora de la dominación por la fuerza; en oposición, este cuento habla del heroísmo y del sacrificio al que puede llevar el acto heroico.

Inocente Maquiavelo Reforzado (1955), una crítica a la práctica mercantil.

El turista del tiempo (ya datado), un cuento que, como con Julio Verne, vaticina aplicaciones tecnológicas que hoy son normales.

El diosero (sin fecha clara de publicación[11]) donde se alterna entre lo gracioso, lo trascendente y el mercantilismo.

Los inconquistables (1970 o 1971), un esbozo que nunca fue cuento sino guión para historieta; al estar las dos versiones se puede observar cómo Oesterheld cambia el texto según su función; es una clase para todo guionista.

Bibliografía

Mas allá de Gelo, H. G. Oesterheld, compilación y edición de Mariano Chinelli y Martín Hadis, Planeta, Buenos Aires, 2014.

El hombre Ilustrado, Ray Bradbury, Minotauro, Buenos Aires, 1962.

Hacedor de estrellas, Olaf Stapledon. Actualmente fuera de catálogo pero disponible en Internet en: http://literatura.itematika.com/descargar/libro/269/hacedor-de-estrellas.html.

Cosmos, Carl Sagan, Planeta, Barcelona, 1983.

El Aleph, J. L. Borges, Losada


[1] Él, tres de sus hijas (de una cuarta fue entregado el cuerpo a la madre) y sus yernos.

[2] Proyecto de libro, analizado en Más allá de Gelo, pg 297.

[3] Borges reconoce que “En El Aleph creo notar algún influjo del cuento The Cristal Egg (1899) de Wells” (en el epílogo de El Aleph). Wells en el suyo también juega con lo que se ve en la esfera.

[4] Premio Nobel de Física recientemente fallecido.

[5] Nota de los compiladores (pg 269): Este texto está basado e inspirado en el de la presentación que hace de sí mismo una especie de alter ego del propio Oesterheld: Ray García, personaje de la historieta Rumbo a las estrellas publicada en la revista Billiken (1965) con guiones de Héctor Germán Oesterheld y dibujos de Eugenio Zoppi.”

[6] Publicada en 1932. En Argentina Minotauro la publica en 1965. Borges es el encargado de la Nota Preliminar.

[7] Más allá fue una revista icónica en Ciencia Ficción que salió entre 1953 y 1957 y en la que Oesterheld fue un entusiasma partícipe. En la imagen, tapa del Nº 3, donde se publica Cuidado con el perro.

[8] Actualmente la nomenclatura es otra pero a mediados de siglo la corteza terrestre (lo que vemos y pisamos) era Sial (silicio / aluminio), la zona intermedia Sife (silicio / hierro) y el núcleo del planeta Nife (níquel / hierro). Las “ultraminas” estaban en el núcleo.

[9] Oesterheld comete el mismo yerro que Ray Bradbury en su cuento La lluvia (El hombre ilustrado, 1955): como a Venus se la vio siempre rodeada de nubes se supuso un ambiente de altísima humedad, de donde los pantanos. Hoy se sabe que las nubes son mayormente de ácido sulfúrico, la atmósfera es extremadamente densa y a nivel de superficie la presión es noventa veces la de la Tierra. Al decir de Carl Sagan, “Venus parece menos la diosa del amor que la encarnación del infierno”. Bradbury y Oesterheld son contemporáneos como los son sus respectivos cuentos.

[10] En ese tiempo en Chamical, provincia de La Rioja, se ubicaba un centro espacial de la Fuerza Aérea. En el nombre del piloto se sospecha la evocación de un personaje de historieta de la década del 50 y 60: Lindor Covas, el cimarrón.

[11] Los compiladores en un momento dieron por perdido este cuento. La búsqueda y la ayuda de diversos actores permitieron encontrar una copia publicada en 1978 en la revista Nueva Dimensión de España.

Comments are closed.