Cortázar a vuelo de pájaro

Julio Cortázar fue un porteño itinerante con asiento en París desde que nació (primera etapa: Bruselas-Banfield)1. Su partida en 1951 se debió a tres razones: búsqueda de libertad, cierto fastidio con el peronismo y Aurora Bernárdez. La libertad la logró, aun en medio de una Europa signada por el pesimismo2. ¿Cómo Cortázar pudo abstraerse a ese pesimismo? Por Aurora y ese porteñismo que nunca abandonó y que creció pese a visitar Buenos Aires como turista3. Porteño hasta la médula por más que se dude: la ciudad aparece y vuelve a aparecer sintiéndola más que con Borges, Arlt o Marechal, y pueden sus cuentos o novelas situarse en París, Londres o Roma que aparecerán, solapadas, las callecitas de Buenos Aires.

Lo de itinerante también se dio en su manera de ver el mundo. Cortázar se permitió una evolución. Se había ido de la Argentina por el fastidio que sentía con el peronismo pero la revolución cubana, el despertar en la propia Europa (el Mayo Francés, la Primavera de Praga, toda la movida beat de la década del sesenta) Cortázar lo veía y sentía. Y llegó esa primavera a América Latina y Cortázar lo sintió, sin darse cuenta de que él fue también responsable con Rayuela (o creés, Julio, que eso que te asombró, que sea leída más por la juventud que por los de tu edad, no tuvo efecto…), obra que se inscribió en el boom latinoamericano; algo pasaba en el fin del mundo y adhirió al Chile de Allende y cuando vino a Buenos Aires con su Libro de Manuel (¿Cortázar revolucionario, político, ideologizado?) se sorprendió al encontrarse con la “primavera camporista” y revisó su relación con el peronismo (¿qué diría ahora, con tanta militancia?). Esta evolución es la que lo hizo protestar contra ciertas cosas de Cuba, vio lo que luego pasó aquí (al respecto, las cartas con su hermana en nuestra época más oscura son orientadoras), lo hizo mirar Nicaragua y el porteño, que no dejó de serlo, se hizo latinoamericano hasta sus últimos días.

Le debemos mucho a Cortázar, no solo por lo que escribió sino también por su compromiso, que no fue ideológico sino humano.

Cortazar1

Un párrafo para Aurora Bernárdez, la albacea de sus obras por voluntad del propio Cortázar.

La relación entre Julio y Aurora es evidente que superó todos los obstáculos. Mientras estuvieron juntos fue buena para los dos, ya separados fue buena también, y ahora, sin Julio, sigue…


1 Luego, contemplando su estadía en la Argentina: Villa del Parque, Bolívar, Saladillo, Chivilcoy, Mendoza, Buenos Aires.

2 Diría Albert Camus en su discurso ante el Nobel (1957): “Esos hombres nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años en la época de instaurarse el poder hitleriano y que para completar su educación se vieron enfrentados a la guerra de España, a la segunda guerra mundial, los campos de concentración, a la Europa de la tortura y de las prisiones, se ven hoy obligados a orientar a sus hijos y a sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas.”

3 Al grado de que se le criticara que algunos de sus relatos sean anacrónicos, como “Torito”. Quién puede cuestionar ese lunfardo si hoy, ochenta años después de pensado y sesenta de publicado se lee con gusto.

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